Regeneración: la tendencia que comienza a entusiasmar al sector privado

Dejó de estar solo en la esfera conservacionista, para pasar a las estrategias productivas de las empresas. El objetivo es mejorar los suelos en “soluciones basadas en la naturaleza”. En Chile ya hay varios ejemplos y el interés aumenta.


Quienes vieron el documental “Kiss the ground” (Besa el suelo) no necesitan una explicación de qué es la agricultura regenerativa. Se trata de un sistema que mezcla la conservación y rehabilitación de los suelos con fines alimentarios y agrícolas, mejorando (según sus promotores) una serie de factores medioambientales como el aprovechamiento del agua, resiliencia de los suelos al cambio climático y biodiversidad. Lo que a la larga, ayuda también a la calidad de los productos agrícolas. En otras palabras “soluciones basadas en la naturaleza”.

Esta metodología está de a poco siendo utilizada en grandes empresas e incorporándose en la cadena productiva. Un ejemplo claro es la suiza Nestlé, que tiene un programa global para transitar hacia dicho modelo. La meta es lograr que el 20% de los ingredientes de sus productos provengan de una agricultura regenerativa para 2025, y el 50%, para 2030. Localmente, ya están desarrollando proyectos con proveedores de leche en el sur de Chile, que contemplan el uso de biofertilizantes, la reforestación de zonas degradadas y el rejuvenecimiento de praderas (donde pasta el ganado), entre otras iniciativas. “Entendemos que este cambio de modelo requiere de tiempo, por eso estamos trabajando en forma permanente junto a nuestra red de 550 proveedores de leche presentes desde Los Ángeles hasta la isla de Chiloé”, comenta Andrés Eyzaguirre, director de Asuntos Legales y Corporativos de Nestlé Chile.

Entre las prácticas más comunes de la disciplina regenerativa está minimizar o eliminar el arado, rotar y mezclar diferentes tipos de cultivos, integrar el ganado a predios agrícolas e ir rotando su pastoreo, reducir productos sintéticos, utilizar compostaje e incluso, sembrar plantas diferentes a las de producción para que ayuden con nutrientes a la cosecha principal. Justamente esto último es una de las prácticas que está experimentando Empresas Iansa, con los denominados “cultivos intermedios”, especie de alfombras verdes para cubrir los períodos entre cultivos.

Ramón Cardemil, gerente de Producción Agrícola de Empresas Iansa, explica la metodología: “Luego de que cosechamos un cultivo, sembramos la alfombra verde la que puede ser de varias especies vegetales. De esa forma, en el invierno no queda el suelo descubierto, evitando la degradación, arrastre de tierra por las lluvias, además de mejorar la estructura”. Incluso, esta compañía utiliza los restos de la remolacha como nutriente, para mejorar el suelo y hace años están utilizando máquinas de mayor flotación, para que el suelo no se degrade.

La regeneración permite, además, una mayor captura de CO2, lo que es un aliciente para las metas de sustentabilidad del sector privado. Entonces, la pregunta es ¿por qué este método no se ha hecho más masivo? Un estudio realizado por los especialistas Antonio Álamos, Rafael Larraín y Pablo Egaña del Sol, bajo el alero de la Universidad Católica y la Universidad Adolfo Ibáñez, detectó que existen principalmente tres barreras al respecto: Falta de educación sobre agricultura y ganadería regenerativa, necesidad de cambiar el paradigma cultural y falta de datos cuantitativos a nivel local de los efectos de la regeneración en la producción y rentabilidad.

Luego de la experiencia de realizar asesorías de impacto ambiental en Chile, en 2015 nació la consultora Regenerativa. Ya han trabajado, por ejemplo, con Acción Empresas, Sofofa, ASCH, Exportadora Gesex, Volvo, Exportadora Tanco y Givaudan, por nombrar algunas entidades. Pero el año pasado dieron otro paso y crearon una fundación con el mismo nombre, para evangelizar sobre este mundo, principalmente en el sector privado. Ya han desarrollado proyectos con compañías como Volvo y Patagonia. Acaban de lanzar la segunda versión de “Regenerando Chile”, un catastro para identificar y apoyar a propietarios de terrenos que quieran impulsar proyectos regenerativos y de conservación. La meta: restaurar 1.000.000 hectáreas antes del 2030. El sistema funciona mediante un registro de quienes quieran sumarse y así, evaluar la forma de entrar al programa.

En la primera versión (2021) se inscribieron 89 dueños de terrenos ubicados entre las regiones de Coquimbo y Magallanes, lo que equivale a más de 11.000 hectáreas con potencial de regeneración. “La regeneración encaja con los objetivos de sustentabilidad del sector privado, especialmente en lo que es mitigación y resiliencia al cambio climático. Las empresas del agro se dan cuenta de cómo mejoran sus sistemas productivos. La clave está en detectar a los empleados que realmente creen en esto y están haciendo cambios internos, que a veces son muy profundos en sus modelos de negocio”, comenta Javiera Pérez, directora de la Fundación regenerativa; y agrega: “Los que más se nos han acercado son empresas agrícolas y viñas, porque su recurso suelo se está degradando. Tiene que ver con su supervivencia económica”.

Desde Viña Concha y Toro (CyT), por ejemplo, su gerenta de sustentabilidad, Valentina Lira, cuenta qué están haciendo en esta línea: “Esto partió muy ligado a lo que era la conservación y la mejora de ecosistema. Llevando el mismo principio de que el rol de las empresas no solo tiene que ser disminuir el impacto negativo, sino aumentar el impacto positivo, surge la regeneración”, dice Lira, quien indica que desde el año pasado comenzaron a incorporarlo como una línea más estratégica dentro de su certificación como Empresa B.

La aplicación de CyT está en dos frentes: los viñedos y el bosque nativo, donde tienen 10.000 hectáreas y 4.200 hectáreas respectivamente a su haber, “fomentando que bosque y viñedo se comporten con un solo ecosistema, enfocándonos principalmente en temas de flora, fauna y suelo”, dice Lira.

Justamente, el tema forestal también podría entrar al mundo de las prácticas regenerativas. Juan Anzieta, gerente de Medio Ambiente de Arauco, indica que tienen tres líneas de trabajo al respecto: “La más obvia es lo que tiene relación con el suelo, ya que tiene que ver con la actividad forestal misma. Las plantaciones, por sus períodos de rotación más largos que la agricultura, por generar una cobertura arbórea sobre el suelo y por las raíces que mejoran las estructura y materia orgánica del suelo, presentan una serie de ventajas, como disminuir la erosión, mejorar la infiltración y aumentar la retención de agua, carbono y actividad biológica”, dice Anzieta. Las otras dos líneas son el área de biodiversidad y la de captación de carbono.

Desde la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) reconocen que el tema comenzó a escucharse más fuerte a partir de la conferencia mundial de cambio climático COP25, donde Chile fue uno de los protagonistas. “Muchas de las prácticas que ya existían en la agricultura estaban en esa línea, quizá sin saberlo. Ahora se le puso nombre y ha tomado bastante vuelo, especialmente en el mundo de la ganadería en el sur de Chile. Gremios como Fedeleche y Fedecarne ya lo están impulsando”, comenta Juan Pablo Matte, secretario general de la SNA. El dirigente gremial indica también que muchos asociados están viendo cómo la regeneración mejora la fertilidad de los campos y aumenta la materia orgánica, especialmente en la industria vitivinícola y frutícola.

“Las empresas, principalmente del agro, se están dando cuenta cómo las prácticas regenerativas están mejorando la diversidad en los campos. Y para las multinacionales, son exigencias que están llegando desde las cúpulas”, señala Javiera Pérez, de Fundación Regenerativa.

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