Víctor Hugo Puchi: “Chile se ha estado yendo a la cresta, sí. Lo que pasó a partir de octubre pasado fue eso”

Quien hasta hace cerca de un año fuera el socio y presidente de la salmonera local más grande, AquaChile, hace un crítico análisis de la situación actual del país. Enfatiza que hay que mejorar el ánimo de los acuerdos, apoyar a las empresas de todos los tamaños y volver a delinear reglas claras para incentivar las inversiones que tirarán el carro de la recuperación económica. “Lo que más necesita Chile es ir sanando las desconfianzas que hay en la sociedad”, manifiesta.




Tras pasar un largo tiempo en Cochrane y en Coyhaique, el empresario aisenino Víctor Hugo Puchi, uno de los pioneros de la industria salmonera local y hasta hace poco más de un año el controlador de AquaChile, se trasladó a Pirque junto a toda su familia a pasar la pandemia.

Sin querer dar mayores detalles de sus nuevos pasos empresariales -más allá de sus conocidas inversiones en la firma de vacunas animales Centrovet y la empresa de soluciones ambientales Hidronor-, confiesa que ha vuelto a “pecar”, dado que ha ingresado a nuevos negocios ligados a la innovación, pero dice que no es momento de hablar de ellos.

Lo que le inquieta a Puchi es la situación actual del país y de cómo se levantará tras el Covid-19 y el estallido social, que califica de un “episodio amargo”.

Debido al impacto de los fenómenos antes mencionados, este ingeniero comercial UC indica que hay un escenario donde “recupera valor y aprecio social nuestro Chile normal, con todas sus fuentes de trabajo y actividades de todos los tamaños y categorías, lo que nos anima también a poner un gran esfuerzo en reconstruir lo que terminemos perdiendo y administrar nuestras diferencias con más generosidad y armonía. Los empresarios tendremos un tremendo aporte que hacer para enfrentar este desafío”.

¿Cómo evalúa el rol del empresariado en la crisis que atraviesa el país?

-Veo a un sector empresarial maduro y flexible, sobre todo en el rol de proteger a los trabajadores de la diseminación del virus, readecuando los procesos productivos y de comercio, contratos, turnos de trabajo, transporte más seguro, y aguantando hasta lo posible el impacto económico. Es una tarea invisible que hacemos todos.

¿Por qué cree que los contagios siguen aumentando tan rápidamente?

-Porque hay una desobediencia civil de las personas al no seguir las normas. No corresponde que los ministros de Salud hagan de babysitter de los ciudadanos. Ha faltado claridad de enfatizar el hecho de que acá hay una responsabilidad personal, de las familias y las empresas para postergar el tema económico y proteger a la gente. No todo lo puede hacer el gobierno o una norma, hay responsabilidades irreemplazables, personales.

Más allá de la falta de autocuidado, a nivel gubernamental los protocolos de cuidado han ido cambiando de estrategia...

-Pero las directrices básicas han estado claras desde un comienzo.

¿Será necesaria una hibernación total por un tiempo?

-Eso es imposible de implementar, sería crear un problema mayor. La autoridad técnica tiene que ver cómo va diferenciando territorialmente las medidas y su evolución. Tenemos que confiar en nuestras autoridades técnicas y especializadas.

En las actuales circunstancias, ¿cree que las empresas debieran dar señales más claras de dejar de lado los dividendos o de privilegiar las utilidades, para poner más en el centro a sus trabajadores?

-Estuvo en cuestionamiento si empresas que hicieron uso de beneficios laborales para sus trabajadores podían, simultáneamente, pagarse dividendos. El caso de Cencosud se hizo mal comunicacionalmente, porque nadie espera que una empresa que haga uso de esos beneficios para sus trabajadores, por una razón legal, reparta dividendos. Casos como esos se podrían haber manejado mejor.

Cuando el Estado apoye financieramente a empresas que han quedado más débiles, les exigirán que los recursos aportados se destinen a sostener los negocios y el empleo, limitando la distribución de dividendos. Debe haber un cambio legal para que el reparto de dividendos mínimos no reste recursos destinados a la recuperación de las actividades de las empresas.

¿Las grandes empresas ameritan un apoyo del Estado?

-Al mundo político le cuesta reconocer que la distinción entre el tamaño de las empresas es muy poco relevante. Cuando las industrias crecen, hay cadenas productivas a su alrededor, los llamados clusters, que hacen que detrás de una empresa grande haya 500 o más empresas medianas y pequeñas que la proveen de sus servicios. Seguramente las empresas más grandes que recurran a esta ayuda estatal van a perder parte de su propiedad, porque si las AFP o el Estado ponen dinero para que sobrevivan, es parte del juego la dilución de los accionistas. En el caso del virus ISA, que fue importado, los salmoneros perdimos el 70% de la producción, y en el caso de AquaChile, decidimos levantar recursos en el mercado de capitales y eso significó que perdiéramos un tercio de la propiedad de ésta, pero con ello tuvimos recursos para volver a fortalecer nuestra empresa y recuperar, en no más de cuatro años, la producción perdida.

¿Cómo evalúa el nuevo plan económico de emergencia que acordó el gobierno con parte de la oposición?

-Ojalá que esto prenda. Lo que más necesita Chile es ir sanando las desconfianzas que hay en la sociedad, tener una visión solidaria, que busque soluciones y que abandone trincheras políticas. Este acuerdo es algo positivo, dado que contribuye a cambiar los ánimos. Invita al empresariado a ser más constructivo y solidario. También invita a reflotar lo que siempre se planteó: el cómo usar eficientemente los recursos de los impuestos que administra el Estado.

¿Qué le parece el aporte de líneas de créditos especiales para dar liquidez a la economía en momentos de pandemia?

-Creo que es una medida de alto valor social y el sistema financiero, especialmente los bancos, tendrán que jugar un rol muy importante en canalizar con rapidez estos recursos para fortalecer las empresas, renunciando a la normal tentación de usarlos para reducir el riesgo de su actual cartera de créditos. Su rol va a ser extremadamente importante.

¿Le preocupa que el propósito de agilizar grandes proyectos de inversión pueda, finalmente, afectar las exigencias medioambientales?

-Ojalá que no sea así. Eventualmente se podrían abrir compuertas para que alguien utilice esa facultad de manera inapropiada, pero el mercado y la sanción social pondrán los límites.

¿Qué le ha parecido el manejo del gobierno en el estallido social y esta pandemia?

-No hablo del gobierno, pero el tema de la explosión social fue un episodio muy amargo. Como nunca en Chile, se vulneraron reglas, normas y respeto ciudadano. Se destruyó sin ninguna justificación y hubo muchas conductas dañinas de personas y grupos, amparados en el anonimato y quedaron impunes. Le han hecho muy mal al país, especialmente a los más pobres.

Luego vino esta emergencia económica y social derivada del Covid, que mostró con crudeza la vulnerabilidad de las personas con menos recursos. Ojalá que quienes tuvieron ese comportamiento en 2019 y aquellos que instigaron la desobediencia civil no lo repitan, y que se construyan climas de diálogo y soluciones. Chile bajó varios niveles en los escalones de riqueza y la capacidad que tendrá el país de solucionar temas sociales será más limitada, porque seremos más pobres. Durante los primeros tres años tendremos que recuperar lo que perdimos, pero también recuperar la estabilidad que siempre ofrecimos en materia de inversiones y de conducta social de país. Eso solo se recupera imponiendo el orden y haciendo las reformas que se acuerden hacer.

¿Qué modificaciones habrá que acometer para recuperar los niveles de inversión y la certeza jurídica previos al estallido social?

-Se tiene que establecer un diálogo más abierto, donde las partes cedan. No se ha podido establecer ese anfiteatro de diálogo sincero y abierto, dejando de lado las descalificaciones. Será deber de los empresarios participar en lo que se requiera, y así lo han comprometido nuestros dirigentes empresariales.

¿Se deberán zanjar rápidamente los temas constitucional y de pensiones antes de ver un posible nuevo estallido social, o bien habrá que centrarse en levantar económicamente al país primero?

-Si se restablecen las confianzas, se podrá hacer una ruta por etapas. Estar discutiendo un cambio de Constitución al medio de una crisis, me parece que no es el momento más apropiado.

¿Qué opina de reflotar una nueva discusión tributaria para allegar recursos, incluyendo propuestas de impuestos a los denominados “superricos”?

-La evidencia internacional muestra que ese tipo de impuestos genera el efecto totalmente inverso: la gente deja de invertir, el país pierde credibilidad sobre la estabilidad de las reglas del juego y los capitales se van fácilmente hacia otros sitios si es que el país no ofrece garantías mínimas de largo plazo. Sería una buena medida política populista, pero dañaría al país en el largo plazo, en términos de reunir capitales frescos para financiar su recuperación.

¿Está en sus planes tener una posición de líder gremial o empresarial?

-No tengo las mínimas calificaciones y condiciones para desempeñarme en esos importantes roles, donde la prudencia y la diplomacia son requisitos indispensables. En Chile es importantísimo ser cuidadoso en cómo decimos las cosas. Es muy común escuchar expresiones como que el país no va en la dirección correcta, en vez de decir que se está yendo a la cresta. De repente hay que hablar más sencillo y decir las cosas por su nombre, con más franqueza y claridad.

¿Y cree que el país se está yendo a la cresta?

-Se ha estado yendo a la cresta, sí. Lo que pasó a partir de octubre pasado fue eso. Nunca el país tuvo un deterioro institucional, de anarquía, de falta de respeto a la sociedad, de dañar bienes públicos, destrozar iglesias y el Metro. Uno dice esto no es Chile. Esas conductas hay que pararlas y castigarlas drásticamente, recordando a la sociedad quienes la instigaron bajo el lema de desobediencia civil.

Lo mismo que con la discusión del tema de las AFP, que no ha sido racional. Las pensiones son un tema técnico, complejo, que requiere diversidad de análisis. No se puede discutir el futuro de las pensiones de Chile en la Plaza de Armas. Hay que abordarlo con profesionalismo y seriedad, mediante la participación de organismos especializados que propongan al país diferentes opciones. Si no confiamos en los expertos técnicos, en quién entonces.

“China seguirá siendo un mercado muy receptivo para el salmón”

Tras las restricciones de China a la importación de salmón europeo por Covid-19, que aunque no incluyó a Chile, sí tuvo algún efecto, ¿en qué pie queda la industria acuícola local?

-Cualquier actividad comercial ligada a alimentos está expuesta a cuestionamientos y lo que está ocurriendo en China será manejado con mucha eficiencia por parte de la industria chilena, porque tenemos una historia de cumplimientos de todas las exigencias que requiere el mercado internacional en términos de trazabilidad y seguridad alimentaria, lo que ha permitido cumplir con los test de los 40 mercados más exigentes del mundo. Cada container exportado pasa por una revisión y un test individual al momento de cada envío. Las continuas revisiones a las cuales la industria se ha sometido, le han dado fortaleza y reputación. Hemos salido fortalecidos de haber construido una industria segura. Podemos decir a libro abierto cómo operamos, estamos preparados para eso. Hemos logrado una reputación destacable y confío en que pasado el chaparrón, Chile se reposicionará.

¿Cuál es el impacto en los envíos de salmones chilenos?

-Normalmente, son impactos temporales, de corto plazo. Chile demostrará que lo hacemos bien y, mientras los envíos se redestinan, habrá un mayor costo logístico e impacto negativo en el precio. China seguirá siendo un mercado atractivo para el salmón de Chile.

Pareciera que siempre la industria salmonera estuviera expuesta a flancos en su calidad...

-El tsunami de Aysén o el cambio climático que provocaron el bloom de algas, son fenómenos que muestran que hemos estado expuestos sistemáticamente a desafíos de la naturaleza. Es una industria de cuero duro, porque está acostumbrada a pasar estos eventos. La industria ha sufrido en estos tres meses, pero no me cabe duda que podrá superar esto. Somos un sector de gran tamaño para el país, con un desarrollo invisible, netamente regional y donde todo ocurre al sur de La Araucanía. La distancia social la hemos vivido por 30 años.

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