A 70 años del primer Censo Nacional de Población y Vivienda: ¿Cuántos chilenos somos? ¿19 o 20 millones?

Foto: Agencia Uno FOTO: JONAZ GOMEZ SANCHEZ/AGENCIAUNO

Desde 2002 que el país no ha podido realizar un empadronamiento de población que no haya sufrido cuestionamientos.




Aunque en Chile se realizan censos de población de manera más o menos regular desde mediados del siglo XIX, ya en la época colonial se hicieron algunos intentos de empadronar a los habitantes del país. El formato que conocemos actualmente surge en 1952, hace 70 años, con la denominación oficial de Censos Nacionales de Población y Vivienda.

Su organización, implementación y realización está a cargo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), creado en 1970 a partir de la Dirección General de Estadística.

Sin embargo, desde 2002 que el registro en el país -cuando la estadística señaló que en suelo nacional vivían 15 millones de personas- que los sucesivos censos totales han tenido problemas en su implementación. El conteo de 2012 fue desestimado por problemas técnicos en la obtención de datos, por lo cual tuvo que realizarse otro extraordinariamente en 2017, el que tuvo un carácter de abreviado, rompiendo con el esquema de registro cada diez años.

Este último Censo reveló que en Chile había 17.574.003 habitantes. Pero, ¿qué tan bueno fue el Censo de 2017? Su tasa de omisión llegó a 4,7%, ya que 845 mil personas no fueron contabilizadas.

Censo de 2017 realizado en Punta Arenas. Foto: Agencia Uno

Ahora en 2022, nuevamente surgieron inconvenientes. El Gobierno postergó por segunda vez el Censo, quedando agendado para marzo-junio de 2024. De acuerdo al Ejecutivo, “el proceso de preparación de un Censo requiere un tiempo adecuado de diseño y planificación, lo que se ha visto dificultado producto de la pandemia”.

Según lo señalado, el Comité Asesor para el Censo recomendó posponer la fecha dado que se necesita al menos un año de anticipación para ajustes entre la Prueba Censal y el Censo. Mismo motivo que llevó a atrasar el censo en octubre de 2020, cuando el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) anunció que el Censo agendado para 2022 se postergaría en una año, es decir, para 2023.

Con todo lo anterior sobre la mesa, y luego de 10 años de una serie de dificultades al respecto, ¿cuántos chilenos somos? ¿Superamos la barrera de los 20 millones?

Si bien no existe certeza de la cifra, el INE realiza una proyección a través de un documento denominado “Estadísticas Vitales”, el que presenta las cifras de nacimientos, defunciones y matrimonios ocurridos en el país, y permite hacer una proyección de los habitantes en suelo nacional, además de conocer anualmente la frecuencia, localización territorial y las características sociodemográficas de la población en Chile.

Según las estimaciones y proyecciones de población de este registro, el país tendrá 19.828.563 de personas al 30 de junio. De ellas 9.782.978 corresponderán a hombres y 10.045.585 a mujeres. Se proyecta que en 2030 la población ascenderá a 20.735.289 personas, 10.229.496 hombres y 10.505.793 mujeres, mientras que para 2050 se proyectan 21.626.079 personas, de las cuales 10.659.651 corresponderían a hombres y 10.966.428 mujeres.

Formularios del Censo chileno de 2017.

La población si bien está creciendo a un ritmo menor, sigue aumentando, ya sea por crecimiento vegetativo (en 2020 nacieron 194.952 personas y murieron 125.833 personas (datos provisionales) o por saldo migratorio, ya que según la información disponible entran más personas al país con relación a las que salen. “Las proyecciones oficiales de población al 30 de junio del año 2024 señalan que en Chile la población ascenderá a 20.086.377 personas, de ellos 9.910.500 corresponden a hombres y 10.175.877 a mujeres”, añade INE.

El mayor período de crecimiento intercensal corresponde a 1960 – 1952 con un 2,52%, mientras que el más bajo corresponde al período 2017–2002 con un 1,0%.

¿Qué problemas puede generar o qué puede significar no tener claridad total con respecto al números de habitantes de un país? “El último Censo oficial del país es el realizado en 2017, el cual presentó resultados robustos, lo cual permitió la realización de la evaluación demográfica, o conciliación demográfica, la que es fundamental para la elaboración de las estimaciones y proyecciones de población, por lo que sumado a la buena calidad de nuestras Estadísticas Vitales permite contar con la información con respecto al número de habitantes del país”, establece INE.

A pesar de todos los problemas ocurridos con esta medición, Marinella Mazzei, demógrafa de la Universidad de Chile, cree que el país es reconocido en América Latina y el mundo, “por sus sistemas de recolección de información. Es un ejemplo, un país con un sistema muy robusto, y de importante tradición censal. Es reconocida la veracidad de las Estadísticas Vitales, y a pesar del problema del Censo en 2012, no se puede decir que Chile adolece de información, porque igual, a pesar de esos cuestionamientos, que fueron reales, de todas maneras Chile hizo el esfuerzo de hacer un Censo oficial en 2017, cinco años después”.

Ricardo Truffello, académico del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad Católica, considera que el Censo de 2017, nace como respuesta a los problemas de 2012. “Eso no le quita seriedad ni validez, pero evidentemente es necesario contar con un Censo de población con la batería de preguntas completa para tener un panorama sociodemográfico al detalle del país”.

“La proyección de población al 2021 indica que debiéramos estar en torno a los 20 millones de habitantes, por lo tanto al 2024 deberíamos tener cerca de 22 millones de habitantes, pero más importante que eso es saber cuál es la realidad y la evolución sociodemográfica de nuestros territorios”, dice Truffello.

El Censo, en conjunto con la encuesta CASEN, son las principales herramientas para dirigir políticas públicas en el país y particularmente el Censo es la que nos permite bajar a la menor escala posible. “Esto permite ver cuales son las brechas territoriales a nivel de detalle, y por lo tanto, orientar la toma de decisiones a nivel local por parte de municipios, gobiernos regionales y ministerios; así como también nos permitirá actualizar la investigación territoriales desde las universidades”, explica Truffello.

Mazzei cree que lo que pasó fue una excepción, “se cambió la modalidad, como en otros países, donde también se produjeron problemas. Chile volvió en 2017 al Censo tradicional, de un solo día, a diferencia del anterior, y ese Censo fue oficial y serio, lo que sucede es que fue abreviado”.

El que existan problemas de este tipo puede poner en cuestionamiento a la opinión pública de “justamente lo robusto y serias que son las estadísticas que se levantan en el país, cosa que sería lastimosa, porque no es así. Chile tiene muy buenas estadísticas y una importante tradición censal, las instituciones que están detrás de esto son muy serias y profesionales. Sería crítico que la ciudadanía desconfíe de la información. Hubo todo un proceso de reparación de la información. No debería volver a pasar, fue algo puntual, un paréntesis”, añade la académica de la U. de Chile.

De miles a millones de chilenos

La población nacional ha crecido. Por ejemplo, los primeros registros (1777-1779) el país no superaba los 300.000 habitantes, luego en 1843 alcanzó 1.083.071. Números muy lejanos a los actuales. Cien años después el Censo indicaba más de cinco millones y en 1982 más de 11 millones.

Conscientes de la importancia de este tipo de registro para la organización del país, las autoridades crearon ese mismo año, en el gobierno de Manuel Bulnes, la Oficina Central de Estadística y la Ley de censos. Bajo la dirección de la Oficina Central de Estadísticas, los censos se ejecutaron de forma más periódica, ya que a partir de 1865 se estableció el conteo de población cada diez años.

“Es importante mencionar que las cifras oficiales de la población se obtienen de las proyecciones de población que son elaboradas en base a la información que aporta el Censo de Población junto a otras fuentes de datos, como las Estadísticas Vitales y otros registros administrativos”, explica INE.

Este último añade que estas fuentes complementarias justamente son claves para estimar las proyecciones de población, las que se ajustan con información actualizada de los Censos de Población y Vivienda, “usualmente disponible cada 10 años. Por lo tanto, el Censo de Población no entrega directamente la información de la cantidad total de habitantes en el país, sino que se requieren procesamientos adicionales, que involucran cruces con otras fuentes de información, utilizando encuestas, registros administrativos, censos de otros países y otros datos complementarios”.

Mazzei señala que el país, “al contar con información muy robusta de Estadísticas Vitales e información de otros organismos que levantan información migratoria, tiene muy buena estadística para realizar estimaciones de la población, con base en el último Censo abreviado”.

Gráfica con la evolución de la población en Chile.

Otro hito importante fue la digitalización. A partir del censo de 1982 se comenzó a utilizar computadoras y lectores ópticos para la lectura de los cuadernillos usados por los censistas para recolectar la información.

El académico de la UC explica que siempre la población más vulnerable es la que requiere de mayor atención por parte del Estado y por o tanto es necesario evaluar cual es la evolución territorial de cada una de las componentes que permite visualizar un Censo. “Sin embargo se debe tener claro que el Censo no puede ser la única herramienta de evaluación, ya que un período de 10 años no es suficiente para sustentar la toma de decisiones”.

Entonces se debe considerar instrumentos complementarios como la encuesta CASEN, “de la cual es urgente que mejoremos su representatividad territorial y avanzar en la complementación de información a través de la implementación de registros administrativos (coordinación intersectorial del INE, Registro CIVIL, SII, entre otras instituciones estatales) y la utilización de nuevas técnicas pendientes a mejorar la repetitividad de las encuestas como los con los muestreos especializados”, agrega Truffello.

Los censos entre 1952 y 2017 revelan que la población en Chile creció en 11.641.008 personas. La tasa de crecimiento más alta se observó en el período intercensal 1952-1962, cuando se ubicó en 2,5%, mientras que en el período intercensal más reciente (2002-2017) la tasa de crecimiento fue 1,0%, lo que confirma la tendencia histórica a la baja de este indicador. “Este hecho da cuenta de que la dinámica poblacional de Chile está en una etapa avanzada de transición demográfica, es decir, disminuyen las tasas de mortalidad y natalidad y envejece la población, con la consecuente reducción del ritmo de crecimiento de esta. Al centrarse en el último período intercensal (2002-2017), se observa que el país pasó de 15.116.425 personas a 17.574.003, lo que significa un incremento de 2.457.578 personas”, analiza INE.

El Instituto Nacional de Estadísticas señala que los censos además han permitido evidenciar el cambio de estructura por sexo y edad de la población, “si a mediados del siglo pasado el porcentaje de personas de 65 años y más era un 4,3% de la población y los menores de 15 años representaban un 36,7% de esta, para el censo 2017 esa composición se había modificado, pasando el grupo de personas mayores a representar el 11,4% de la población, mientras que los menores disminuyen hasta representar el 20,1% de ésta”.

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