El astrofísico de la U. de Valparaíso que descubrió los restos de un planeta que podrían describir cómo sería fin de la Tierra

Recreación artística de enana blanca y los restos de corteza del planeta muerto que la orbitan

Científico, junto a investigadores ingleses, descubrió los restos destrozados de un planeta que orbita una enana blanca, la brasa quemada de una estrella como el Sol. Hallazgo, publicado en Science, proporciona por primera vez una pista sobre el destino de los planetas a medida que sus estrellas envejecen.


El escenario para el Sol en 4 mil millones de años más no es muy alentador. Tal como ocurre con todas las demás estrellas del Universo, morirá. Eso implicará cambios drásticos en la Tierra y también su etapa final.

Lo que ocurrirá después, es un misterio. Pero un nuevo estudio, publicado hoy en la revista Science, por primera vez da pistas de ello. Un equipo de astrónomos encontró un planeta despojado de su corteza alrededor de una estrella quemada, lo que muestra cómo sería ese futuro lejano, pero probable, que espera al Sol y a la Tierra.

El hallazgo fue realizado por un grupo internacional de investigadores, liderados por Christopher J. Manser y Boris T. Gänsicke, de Departamento de Astrofísica de la Universidad de Warwick, Coventry, Reino Unido.

En ese equipo de investigadores hay un científico que trabaja en Chile, Matthias Schreiber, investigador del Instituto de Física y Astronomía de la Universidad de Valparaíso (IFA), parte del Núcleo Milenio de Formación Planetaria (NPF), que interpretó los datos observados.

Enana blanca

El Sol en cuatro mil millones de años se convertirá en una gigante roja, explica Schreiber. Será una estrella mucho más grande la actual, y después va a expulsar su envoltura y quedará solo su núcleo. Un núcleo de carbón y oxígeno, lo que se conoce como enanas blancas.

La muerte de una estrella se produce cuando ya no cuenta con los elementos necesarios para generar la fusión nuclear que genera la energía de ésta, principalmente hidrógeno. Tras su deceso se convierte en esa enana blanca. Su gravedad intensa puede desgarrar los planetas supervivientes que se alejan demasiado, consumen algo de material y dejan el resto en un disco de polvo en remolino.

Fue justamente una enana blanca la que observó el equipo de expertos en su hallazgo. Normalmente, dice Schreiber, no se observan ni estudian mucho a las enanas blancas en el contexto de planetas extra solares. Porque para buscar planetas extra solares la observación se detiene más en las llamadas estrellas “normales”, como el Sol, pero no aquellos de sistemas solares extintos. “Se conocen más de tres mil planetas que no están en nuestro Sistema Solar, sino alrededor de otras estrellas. Podemos investigar qué masa y radio tienen, pero no podemos medir qué composición química tienen”, destaca.

“Nosotros hemos observamos una enana blanca, es decir, que antes era una estrella como el Sol y alrededor de este, en una órbita muy cercana de dos horas, hemos encontrado un planetesimal que tiene mucha fuerza, ya que generalmente al estar cerca de una enana blanca debería desintegrarse, pero no lo hace, eso significa para nosotros que esta hecho de níquel y fierro y eso es justamente lo que nosotros esperamos esté en el núcleo de la Tierra”, indica Schreiber.

El descubrimiento correspondería entonces a restos destrozados de un planeta que orbita una enana blanca, la “brasa quemada” de una estrella como nuestro Sol.

El planetesimal (objeto sólido que se estima que existe en los discos protoplanetarios), que el equipo estudió se ubica a 400 años luz de la Tierra. Lograron resultados luego de 15 años de observación de una enana blanca conocida como SDSS J122859.93 + 104032.9, una de las pocas con un disco circundante de gas y escombros.

El equipo quería estudiar los cambios minuto a minuto de ese gas. Las observaciones se realizaron en el telescopio óptico más grande del mundo, el Gran Telescopio Canarias de 10,4 metros en España. De ese modo determinaron una línea de gas de calcio en el disco alrededor de la enana blanca, dentro del cual en un período de cada dos horas, durante algunos minutos esa línea cambia su brillo y su forma, lo cual los astrónomos identificaron como un cuerpo rocoso que la orbita.

“Podría desintegrarse por las fuerzas de marea, pero no lo hace porque es una órbita muy estable y de eso uno puede calcular la fuerza que tiene el cuerpo para mantenerse. Y por las observaciones parece que podría ser fierro, y si es fierro, y esto es muy interesante de especular, porque sería similar al núcleo de la Tierra. Lo que estamos observando podría ser el resto de un planeta como el nuestro que tal vez sobrevivió la muerte de su estrella, pero no al acercamiento a la enana blanca y lo único que queda es el núcleo que está orbitando y que produce gas en interacción con el disco”, precisa Schreiber.

El descubrimiento proporciona una pista sobre el destino de los planetas a medida que sus estrellas envejecen.

El estudio de las enanas blancas es una especie de ventana al futuro, destaca Schreiber, lo que permite recopilar evidencia que comprueben esta hipótesis, como también predecir, cuál va a ser el fin de nuestro planeta, y qué va a pasar con el sistema solar cuando muera el sol. También entrega información sobre la composición de los planetas exo-­solares.



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