Juliet Schor, especialista estadounidense en estudios sobre el trabajo: “Definitivamente tenemos que ir a una semana laboral de cuatro días”

La economista y socióloga brindó datos preocupantes sobre la situación de los trabajadores chilenos: “El 46% reporta estrés diario, 18% está enojado y casi uno de cada cuatro reporta tristeza”, explicó en su paso por Congreso Futuro 2022.




“Podría ser mejor”. Ese fue el título de la charla de Juliet Schor, economista y socióloga estadounidense y ex docente de la Universidad de Harvard durante 17 años en el Departamento de Economía y en el Comité de Grados en Estudios de la Mujer. Dedicada a la investigación del Trabajo y su impacto en las sociedades, Schor dio inicio a su exposición con un mensaje político para el público chileno: “Quiero felicitarlos por su reciente elección y por la sabiduría para elegir a un presidente con visión de futuro y orientado al cambio, en agudo contraste con el conflicto continuo de mi país, donde una minoría trata de anular una elección”.

A continuación Schor se explayó sobre la delicada situación que viven los trabajadores a nivel mundial, con altas tasas de estrés y preocupación que se dispararon como consecuencia de la pandemia. Este escenario se agudizó en Latinoamérica, la región del mundo con más altos índices de preocupación en torno al trabajo. “El 46% de los trabajadores chilenos reporta estrés diario, el 18% enojo diario y casi uno de cada cuatro reporta tristeza”, añadió la especialista, citando un índice multifactorial elaborado por la empresa Gallup.

Foto: Andres Perez

Frente a esta problemática, explicó Schor, existe una salida que no solo beneficia a los propios trabajadores, sino también a los empleadores y al planeta. “La solución es trabajar menos y en estos días la forma más popular para lograrlo es implementar semanas de cuatro días de trabajo. Puede sonar poco práctico, costoso o utópico, pero en realidad es una manera ecológica de organizar el trabajo, con una esperanza realista de descarbonización, al mismo que tiempo que no genera daño a la economía ni la calidad de vida”.

La catedrática de Boston College argumentó su posición con casos concretos. En Nueva Zelanda, por ejemplo, el propietario de la compañía de seguros Perpetual Guardian instauró una semana de cuatro días de trabajo en 2018 y el negocio desde entonces ha estado en auge. En ese mismo país, Unilever está poniendo en práctica un año completo de una semana laboral de cuatro días. Microsoft Japón hizo lo propio en 2019 y experimentó un aumento del 40% en su productividad.

En 2015, prosiguió Schor, el gobierno de Islandia redujo las horas a 35 por semana para más del 1% de los trabajadores del país. Los resultados han sido tan exitosos que en este momento alrededor del 85% de los trabajadores islandeses son elegibles para estas jornadas más cortas. La especialista también citó otros casos como España, Escocia, Irlanda y Estados Unidos. “En todas estas experiencias no existe reducción de salarios. Para que esto sea factible, los empleados se comprometen a mantener su productividad”.

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Cuatro días de trabajo, todos ganan

Las empresas que ofrecen esta reducción en la jornada laboral se convierten en marcas empleadoras más atractivas, agregó Schor. Los gobiernos, por su parte, están interesados en brindar soluciones para combatir el agotamiento y la insatisfacción como consecuencia de la pandemia y también por el impacto que está generando la tecnología en el empleo. Por eso también son ganadores con esta medida. Es necesario, además, bajar los tiempos de desplazamiento y así también las emisiones de carbono. El ausentismo, los días de licencia y las renuncias tienden a disminuir. “Las personas tienen mejor balance entre vida personal y laboral, además de reducir el estrés y aumentar la felicidad”, argumentó.

Schor marcó excepciones para esta medida de semana de cuatro días como es el caso de los trabajadores en industrias de manufactura, el sector de salud, finanzas o educación, por ejemplo. “No es factible en todas las industrias. Muchos profesores de escuelas públicas necesitan reducir velocidad, no aumentarla. Pero es un movimiento que empezará en algunos sectores y comenzará poco a poco a contagiarse a otros”, concluyó.

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