La astrónoma que enseña a conocer el Universo usando las manos

Autor: Pamela Silva

Usando maquetas del Sistema Solar armadas con pelotas de plumavit y nebulosas hechas con relleno de cobertor, Erika Labbé hace clases de astronomía para personas invidentes.


Cuando el periodista David Azocar le preguntó a Erika Labbé, astrónoma y coordinadora de difusión del Núcleo de Astronomía de la Universidad Diego Portales (UDP), si podía hacer una clase para personas con discapacidad visual durante el Día de la Astronomía en 2016, ella dijo que no, que no se podía. ¿Cómo enseñar astronomía a alguien que no puede ver, cómo entenderían si no eran capaces de apreciar las imágenes de estrellas, planetas y nebulosas? No, no se podía.

Siempre había consideró a la astronomía como una de las ciencias “más visuales”, su propio enamoramiento personal con ella derivó múltiples jornadas observando el cielo tratando de imaginar cómo serían los planetas de Star Wars.

Pero Azocar preguntó una segunda vez y Erika comenzó a pensar “efectivamente, ¿cómo se le enseña astronomía a alguien que no puede ver?”. Encontrar la respuesta no le tomó demasiado tiempo: si no podía visualizar lo que explicaba con imágenes, lo haría con cosas que se pudieran tocar.

Para el momento en que Azocar le propuso hacer la clase, Erika ya sabía que lo que la hacía más feliz en la astronomía era explicarla y difundirla, más que la investigación.

Así que se tomó este nuevo desafío e hizo esa primera clase, en compañía de una amiga astrónoma, sobre formación estelar y planetaria en Bibliociegos. Juntas hicieron un modelo a escala del Sistema Solar que consistía en pelotas de plumavit en un hilo y una nebulosa hecha del material con el que se rellenan cobertores.

“Yo estaba bien nerviosa, siempre con el miedo de meter la pata así de forma catastrófica y que la experiencia fuera hasta ofensiva, pero felizmente no fue así”, recuerda.

Desde entonces, Erika se ha dedicado a seguir promoviendo la astronomía inclusiva con charlas para personas con discapacidad visual. Comenzó replicando la misma clase en otros eventos de Conicyt y en colegios para niños ciegos, como el Santa Lucia.

Labbé explica que “por más pelota de plumavit que sean, la información que te dan es tan impresionante deja un conocimiento más profundo que ver lo mismo en un libro”. Y la metodología que implementan en las charlas era tan exitosa y tenía un efecto tan positivo en quienes acudían, que Labbé comenzó a salir del país contando su experiencia en congresos internacionales y se dio cuenta que lo que tenía entre manos, era algo muy valioso.

Tan valioso que era necesario que más gente comenzara a hacer este tipo de charlas, porque ellos simplemente no daban a basto (eran dos personas y las clases no podían tener más de 25 participantes para que funcionaran adecuadamente).

“No sacamos nada con quedarnos nosotros con esto, porque requiere tiempo. En este minuto la decisión es repartir esto, que lo conozca más gente, que lo replique más gente. Mantenerlo fácil y barato para que más gente se pueda meter a hacer esta cosa”, reflexiona Labbé.

Ahora Erika no solo hace clases, sino que también está incentivando a que alumnos de astronomía aprendan la metodología de la charla. Hace lo mismo con docentes de otros establecimientos, a quienes “entrena” para que puedan replicar la clase por su propia cuenta.

Erika se ha preocupado de que los modelos que usa en las clases, de los cuales ya ha entregado unos 200 a otros docentes, se hagan con materiales baratos que no signifique una barrera a la hora de confeccionarlos. Además, en la página web del Núcleo de Astronomía tienen un manual detallado de cómo hacerlos uno mismo.

El futuro en las manos 

Además de trabajar en las charlas dedicadas a personas invidentes, Erika y el Núcleo de Astronomía de la UDP están involucrados en más proyectos relacionados con la astronomía que tienen un solo objetivo: que sea cada vez más inclusiva y que las personas con discapacidad no tengan tantas barreras para aprender.

Lo que Erika busca es “que se haga más normal esta idea de que una persona ciega puede aprender astronomía, que no es algo imposible, que fue lo que yo pensé la primera vez”.

Por eso no sólo buscan desarrollarse en la difusión de la astronomía, sino que también en otros aspectos más prácticos de la ciencia inclusiva. Por ejemplo, un gran problema que tienen las personas con discapacidad es que no pueden leer a cabalidad los artículos científicos. Así que están trabajando en una forma de traducir estos artículos para que personas con problemas auditivos los entiendan sin problema.

También están trabajando en Idata, una plataforma que permita a niños con discapacidad visual y auditiva pedir tiempo de telescopio en observatorios reales para obtener datos y así realizar investigaciones. “Lo mismo que hacen los astrónomos profesionales, pero a nivel escolar”, explica Erika.

Plataformas como esta ya existentes en Estados Unidos, pero ninguna con la disposición con problemas de visión o audición puedan usar para trabajarlas de forma efectiva.

“Son cosas que basta con rediseñarlas. Hay muchas mentes brillantes que no se meten a la ciencia porque tienen alguna de estas discapacidades y que si pudieran hacerlo, serían gente muy brillante”.

 



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