Observemos a las niñas con los ojos de Rubin

Observatorio


A 100 km de la ciudad de La Serena, en la cumbre de Cerro Pachón, se construye un gran ojo mecánico que registrará el cielo nocturno una y otra vez, para crear una película de universo de miles de billones de bytes por más de una década. Sus datos nos permitirán hacer un inventario del sistema solar y una cartografía de nuestra galaxia, explorar el cielo cambiante, reconocer la naturaleza de la materia oscura e investigar la energía oscura. El Observatorio Rubin es único, y como tal, lleva el nombre de una de las científicas más importantes del siglo XX.

La astrónoma Vera C. Rubin es reconocida por sus estudios de las galaxias espirales, en particular, por sus precisas observaciones de las velocidades de rotación de las estrellas que habitan las galaxias. Estas últimas evidenciaron y verificaron la existencia de la materia oscura, una sustancia que no brilla y cuya naturaleza aún no es conocida, pero que compone cerca del 85% de la masa del universo.

Numerosos son los premios y honores que recibió durante su vida por su calidad de investigadora destacada y como pionera en el área de astrofísica. No obstante, y tal como ha sucedido con otras fantásticas científicas, las contribuciones de Rubin, que llevaron a la comunidad astronómica a reimaginar cómo estaba estructurado el universo, fueron año tras año ignoradas por el comité de los premios Nobel hasta su fallecimiento en 2016.

Rubin quedó cautivada por el cielo nocturno desde pequeña cuando descubrió con sorpresa que, al despertar en la mitad de la noche, las estrellas habían cambiado de posición al rotar alrededor del polo celeste. Fue así como su curiosidad creció, y comenzó a observar y dibujar las lluvias de meteoritos, escribir sobre astronomía en sus trabajos de la escuela y construir su propio telescopio. Le resultaba imposible entender que se pudiera vivir en este planeta y no querer estudiar el universo.

Sin embargo, se encontró con una sociedad que por décadas no parecía querer apoyarla como científica. Su maestro de física escolar le aconsejó alejarse de la ciencia cuando Rubin le contó de su beca para Vassar College, donde en 1948 fue la única graduada del pregrado en astronomía. Interesada en seguir su carrera científica, escribió a Princeton para obtener el catálogo de postgrado, solo para recibir una carta diciendo que no aceptaban a mujeres y que, por lo tanto, no se lo enviaban.

Mientras realizaba su tesis de magíster en Cornell, un académico le decía que buscara otra cosa que estudiar, que nunca conseguiría trabajo de astrónoma. El director del programa, al ver que Rubin daría a luz a su primer hijo solo unas semanas antes de presentar su tesis en una prestigiosa reunión astronómica en 1950, quiso dar la charla por ella pero bajo su nombre, sin estar involucrado en el trabajo de tesis. Incluso, el observatorio Monte Palomar se oponía a que fuera a observar por no contar con baño para mujeres, algo que Rubin resolvió prontamente al añadir una figura femenina en la puerta, convirtiéndose en la primera mujer en utilizar los instrumentos de dicho observatorio en 1965.

Cuando se le preguntaba sobre qué tan difícil era ser una mujer en ciencias, Rubin contestaba que fue más fácil que para las mujeres que quisieron ser astrónomas y no pudieron serlo. Rubin defendió los derechos de las mujeres a ser parte de la comunidad astronómica como iguales, y relevó la importancia de modelos de rol para que las niñas persigan sus deseos de ser científicas. “No hay problema en la ciencia que pueda ser resuelto por un hombre que no pueda ser resuelto por una mujer” decía Rubin.

Este 11 de febrero, Día de la Niña en Ciencias, los invito a observar a las niñas con los ojos de Rubin, a reconocer y potenciar su curiosidad e intereses por la naturaleza, por el conocimiento y por cómo funcionan las cosas. Que sientan nuestro apoyo si quieren seguir una carrera científica, manteniendo ambientes sanos en universidades e institutos donde se sientan valiosas y bienvenidas. Las niñas son las potenciales estrellas que iluminarán la ruta del conocimiento del universo en las siguientes décadas.

*Investigadora del Centro de Excelencia en Astrofísica y Tecnologías Afines CATA, Astrónoma del Instituto de Alta Investigación de la Universidad de Tarapacá, Ph.D en Astrofísica de la Universidad de Cornell (Estados Unidos)

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