¿Cuánto tiempo se necesita para desarrollar inmunidad contra el sarampión después de recibir la vacuna?

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Foto: La Tercera/Archivo




La vacuna contra el sarampión empieza a actuar dentro de las primeras semanas de su administración y, una vez que la persona desarrolla inmunidad contra esta enfermedad, la protección dura toda la vida. El sarampión es una enfermedad sumamente contagiosa que puede llevar a complicaciones serias y hasta mortales, pero la vacuna contra el sarampión es segura y muy eficaz para prevenir la enfermedad.

Todos los menores de 18 años deben recibir dos dosis de la vacuna contra el sarampión. La recomendación es administrar la primera dosis a los 12 o 15 meses de edad, debido a que los niños menores de 1 año de edad no responden bien a la vacuna porque la inmunidad materna no solamente los protege contra la enfermedad, sino también contra la respuesta de su organismo a la vacuna. La segunda dosis se recomienda administrar antes de que el niño empiece la escolarización, o sea, hacia los 4 o 6 años. En Chile la vacuna es parte del Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI) y se administra a los 12 meses y luego, una dosis de refuerzo a los seis años.

La inmunidad contra el sarampion se establece entre 10 y 14 días después de recibir la primera dosis. Los estudios demuestran que el 93% de las personas vacunadas son completamente inmunes con la primera dosis, pero la segunda dosis garantiza la inmunidad en más del 97%. La vacuna contra el sarampión no deja de surtir efecto con el tiempo, de manera que si usted tiene pruebas de que es inmune contra la enfermedad, no es necesario que reciba otra dosis de la vacuna aunque haya un brote.

La inmunidad contra la enfermedad se puede probar con la documentación pertinente a la administración adecuada de la vacuna.

Casi todas las personas nacidas antes de 1957 tienen inmunidad contra el sarampión y no requieren más vacunas, porque antes de la década de los años 60, época en la que salió la primera producción de la vacuna contra el sarampión, la enfermedad era común y los niños probablemente la contraían; por ello, ahora que son adultos, tienen inmunidad contra ella.

La inmunidad contra el sarampión es fundamental ahora, porque la enfermedad puede llevar a complicaciones médicas serias, especialmente en niños pequeños. Dichas complicaciones son, entre otras, de infecciones bacterianas de los oídos, bronquitis, laringitis, crup y pulmonía.

El sarampión es sumamente contagioso y producto de un virus que se reproduce en la nariz y la garganta. Cuando una persona infectada con sarampión tose, estornuda o habla, expulsa al aire gotas infectadas que otras personas inhalan luego. Las gotas infectadas permanecen en el aire o aterrizan sobre alguna superficie, donde continúan siendo infecciosas por varias horas. Uno puede contraer el virus simplemente por respirar el mismo aire ambiental o por llevarse la mano a la boca, la nariz o los ojos después de tocar una superficie infectada. Alrededor del 90% de las personas no inmunes al sarampión se infectan cuando se exponen al virus.

La vacuna no puede administrarse a todas las personas, como a los niños pequeños que aún no cumplen un año de vida, a las mujeres embarazadas y a quienes tienen sistemas inmunitarios defectuosos. Esas personas dependen de que quienes pueden vacunarse, efectivamente, reciban la vacuna. Por lo tanto, la vacuna no solo protege a la persona que la recibe, sino también salvaguarda la salud de otras personas vulnerables de la comunidad.

* Doctor en Medicina para Niños y Adolescentes de Mayo Clinic en Rochester, Minnesota.

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