Columna de Valentina Rosas: ¿Quiénes somos? La importante pregunta que deberá responder la Convención

Imagen aérea de Plaza Italia, el epicentro de las manifesaciones.

Imagen aérea de Plaza Italia, el epicentro de las manifesaciones.

Avanzar en definir los conceptos que definen nuestra identidad podría ser entonces no salir de esa ambivalencia y encontrar una única; sino por el contrario, significa reconocer la diversidad de historias, estilos de vida, territorios y tradiciones, aquella diversidad incluso al interior de aquellos grupos que en nombre de la diversidad tendemos a homogeneizar.



En un escenario donde hemos dado espacio para el debate de aspectos fundamentales de nuestra vida política, algunos conceptos y sus respectivos significados también han salido a la palestra. Palabras como república, patria, familia, pueblo, plurinacionalidad y tantas otras han aparecido en el debate como conceptos a los que instintivamente nos aferramos o rechazamos porque pareciera que en su uso algo también decimos de nosotros mismos.

Como cualquier mito nacional, como aquella imagen del acto fundacional de Chile, busca dotarnos de una narrativa común que defina su carácter y ciertos valores nacionales, dándonos a su paso, también algo de lo que debiera definir la chilenidad.

Definir colectivamente aquello que nos representa y las palabras con las que lo definimos no es una tarea fácil ni menos aún una tarea lista, cerrada o incuestionable. ¿Cómo llenamos de contenido hoy nuestro relato sobre el país? ¿Qué elementos hacen identificarnos colectivamente en un país con tanta diversidad? ¿Qué queremos mantener en el país? ¿Qué de ello se juega en el actual proceso político?

Algunos elementos aparecen en los diálogos de Tenemos que Hablar de Chile. Frente a la pregunta sobre qué hay que cambiar, mejorar o mantener en Chile, los dos primeros verbos acaparan gran parte de las respuestas. Pero, aunque ese ánimo de cambio y mejora es lo que más se prioriza en el proceso de diálogo, las ideas sobre el “mantener” también aparecen.

Los resultados nos hablan de aquellos elementos relativos a la cultura espontánea y al carácter social. Lo vemos en conceptos como “solidaridad”, “Chile solidario”, “idiosincrasia”, “cultura”, “identidad del país”. Se habla constantemente de un país que se reconstruye, que es resiliente, que se levanta frente a la adversidad. Así mismo, aparece con frecuencia la solidaridad de una sociedad que no es insensible con el sufrimiento de otros y que se vincula con quien sufre.

Sin embargo, en cada uno de estos conceptos no encontramos respuestas que aparecieran como una única voz, homogénea y sin matices. Por el contrario, la definición de nuestra identidad parece seguir esta mezcla de conceptos intrincados, complementarios y a veces contrapuestos.

En esta misma línea, la última encuesta CEP también nos habla de un país que prefiere la democracia a cualquier otra forma de gobierno, pero cuya mayoría piensa que esta funciona regularmente. También nos muestra un país que valora aconvencionales constituyentes que privilegien los acuerdos, en contraposición a mantener testarudamente sus propias opiniones.

Tanto como sucede con la resiliencia, la solidaridad o la democracia, para que estas características reflejen cierta identidad nacional no deben tratarse como logros inmutables que porten los chilenos por derecho propio, sin necesidad de confirmarlos, trabajarlos, cuidarlos.

Así, debemos reconocer que las acciones que hoy emprendemos también se suman a la tarea de darle contenido a lo que nos define, a aquello que delinea la forma en la que se conectan nuestra individualidad al colectivo que habita este país.

Avanzar en definir los conceptos que definen nuestra identidad podría ser entonces no salir de esa ambivalencia y encontrar una única; sino por el contrario, significa reconocer la diversidad de historias, estilos de vida, territorios y tradiciones, aquella diversidad incluso al interior de aquellos grupos que en nombre de la diversidad tendemos a homogeneizar.

La cultura, la identidad del país no se juega entonces en parecernos unos a otros, sino que desde nuestras legítimas diferencias emprendamos acciones que nos permitan definir lo colectivo. Acciones para mantener la democracia, la solidaridad, la resiliencia.

*La autora de esta columna es subdirectora de la plataforma de participación ciudadana Tenemos que Hablar de Chile, impulsada por la Universidad de Chile y la Universidad Católica, y de la cual ya han participado más de 100.000 personas. Es cientista política de la PUC y magíster en Políticas Públicas de la Universidad de Oxford, en Reino Unido.

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