El año crucial de Piñera

El Presidente Sebastián Piñera.

Los segundos años de mandatos se han transformado para los últimos presidentes, -Michelle Bachelet y el propio Piñera, en "años malditos": en esos meses enfrentaron sus mayores crisis y cosecharon sus peores índices de evaluación ciudadana. Advertida de ese fantasma, La Moneda alista su estrategia.




Se espera que sea el evento del año. Y en La Moneda, la jefa de gabinete del Presidente, Magdalena Díaz, afina cada uno de los detalles. La cita es el sábado 9 y los convocados son las principales autoridades de gobierno y los líderes de Chile Vamos: cerca de mil personeros entre miembros del gabinete, alcaldes, concejales, intendentes, gobernadores, directivas nacionales y regionales, miembros de la comisión política de cada colectividad, diputados y senadores. "Será una verdadera convención de la centroderecha", adelantan en La Moneda.

La reunión -que se realizará en el Círculo Español o en el centro de eventos Casa Almarza, aún por definir, y cuyos oradores serán el Presidente Sebastián Piñera y los jefes de partidos- conmemora el primer aniversario del segundo mandato de Piñera, pero -según admiten en Palacio-, además, busca reanimar el espíritu unitario del oficialismo con miras a los próximos meses, considerados decisivos para afianzar las perspectivas de continuidad y proyección del gobierno.

A diferencia de su primer mandato, el segundo gobierno de Piñera fue estratégicamente planificado -aun cuando estaban en campaña- por un grupo estrecho de colaboradores, quienes casi en su totalidad asumieron los cargos más importantes de la administración una vez consolidada la victoria sobre Alejandro Guillier.

Este grupo -que lidera el ministro del Interior, Andrés Chadwick- antes de asumir el 11 de marzo de 2018 había definido que el 2019 sería el año de las reformas estructurales, el periodo en que se buscaría establecer el sello del segundo mandato.

Por estos días, aseguran en La Moneda, resulta común escuchar de boca del Presidente que "el 2018 sembramos, el 2019 cosechamos", aludiendo a un balance positivo íntimo del primer año de instalación en el que -según su diagnóstico- se encaminó la economía y se "ordenó la casa".

En Palacio también destacan que, de acuerdo a sus sondeos internos, el gobierno inicia su segundo año con una base de 40% de respaldo.

Es por esta razón que en el comité político del lunes 25 de febrero se comenzaron a despejar definiciones claves para los meses que se avecinan. Así, por ejemplo, se transmitió -por expresa voluntad presidencial- que no habrá cambio de gabinete, como venían insistiendo desde los partidos. A ello se sumó que La Moneda decidió que la reforma tributaria y previsional, el corazón de los cambios estructurales que Piñera busca dejar como legado de su gobierno, se tramitarán por separado en el Congreso, a contrapelo de lo que demandan desde la oposición.

Conscientes de que las batallas del año decisivo se darán en el Parlamento -un escenario hostil, en el que el oficialismo es minoría-, en el señalado comité político el ministro Segpres, Gonzalo Blumel, expuso sobre la importancia del año legislativo que se iniciará en los próximos días. A ello sumará visitas a las comisiones políticas de los partidos de Chile Vamos explicando la estrategia legislativa del Ejecutivo: el primer anfitrión será RN, mañana lunes 4, a las 18.30.

El énfasis que buscan instalar es la protección a la clase media, cuyos frutos esperan capitalizar en las elecciones de 2020 y 2021.

"Una tarea que es clave son todos los proyectos sociales, y Chile Vamos ha planteado la oportunidad de acelerar el área social. Es necesario entrar de lleno en eso y el gobierno lo hará", afirmó el presidente del PRI, Hugo Ortiz de Filippi.

"El año 2019 es un año estratégico para el gobierno y para Chile Vamos, porque tenemos un programa que fue pensado a largo plazo. Por eso, este 2019 tenemos que tener la capacidad de demostrar que representamos y sintonizamos con la clase media", enfatiza el presidente de Evópoli, Hernán Larraín Matte.

El año maldito

El karma ronda por estos días en La Moneda en la antesala del segundo año de gobierno. Le pasó a Michelle Bachelet en su primer mandato (2006-2010), se repitió durante Piñera 1 (2010-2014) y volvió a suceder en la segunda administración de la actual alta comisionado de derechos humanos (2014-2018): en esos meses enfrentaron sus mayores crisis y cosecharon sus peores índices de evaluación ciudadana. Como consecuencia, vieron afectados los resultados oficialistas de las elecciones municipales.

No pocos olvidan cuando el 2007 Bachelet implementó el cuestionado Transantiago. El polémico sistema de transporte provocó la peor crisis del gobierno de la expresidenta y, al año siguiente, el 2008, por primera vez desde el regreso a la democracia la Concertación perdió unos comicios: 28,71% en alcaldes frente al 40,66% de la Alianza.

El "annus horribilis" se le repitió a Bachelet en su segundo mandato. En 2015 estalla el caso Caval, que involucró a su nuera, Natalia Compagnon, y a su primogénito, Sebastián Dávalos, en la polémica compra de un terreno en Machalí, y se destaparon los casos de financiamiento irregular de la política. Ambas crisis terminaron costando la salida del ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, acaso el principal delfín político de Bachelet, y llevaron a la Mandataria a una espiral de caída histórica en la aprobación ciudadana, llegando a marcar las cifras de desaprobación más altas desde el retorno a la democracia. El resultado, la elección municipal de 2016 quedó en manos de Chile Vamos, que conquistó comunas emblemáticas, como Santiago, Maipú y Providencia, entre otros.

En el bloque oficialista, de todas maneras, no olvidan su propia experiencia. En el gobierno recuerdan la crisis que vivió Piñera durante el 2011, debido a las marchas estudiantiles, y sacan cuentas amargas del fracaso en la elección municipal de año siguiente, cuando comunas emblemáticas fueron recuperadas por la entonces Concertación: Santiago y Concepción, entre otras.

Aunque la fragmentación opositora tranquiliza al gobierno ante la posibilidad de reeditar la "toma de la calle", en La Moneda toman nota de las gestiones que -especialmente el PC- está realizando con miras a marzo.

El secretario general del PC, Lautaro Carmona, el 6 de febrero advirtió al gobierno la ofensiva. "Valoramos que los movimientos sociales tomen la palabra y ya comprometan una expresión de opinión a través de la movilización para un mes de marzo muy intenso", señaló el exdiputado comunista.

En la Intendencia de Santiago se han multiplicado las peticiones para realizar manifestaciones en el centro de la capital: la del viernes 8, del movimiento feminista por el Día de la Mujer y hay solicitudes de los estudiantes que anunciaron marchas por el alza del pasaje del transporte público y del movimiento No+AFP, que prepara para el 31 de marzo su movilización. Estas se suman a otras cinco peticiones. En abril ya hay solicitudes para otras tres marchas, para junio tres más y en octubre dos peticiones. Todas hacen un total a la fecha de 16.

Libertad de acción DC

En el gobierno sostienen que la disciplina oficialista -en particular en el Parlamento- será decisiva para el éxito de Piñera. Y dicen contar con una diferencia sustantiva a la que enfrentó Bachelet durante la dramática tramitación de sus propias reformas -tributaria y educacional-: en el oficialismo no tienen una quinta columna que genere "matices" y complique desde dentro el debate legislativo.

La minoría parlamentaria -la más grande que se haya registrado desde los años 90- pretende superarla capitalizando dos vías: las relaciones que se generaron con una parte de la oposición que participó de los acuerdos nacionales de 2018 y la apuesta política DC, que busca recuperar el lugar de antaño en el escenario político.

El jueves 28 de febrero, en una reunión de directiva DC, se ratificó la estrategia de la búsqueda de identidad del partido y la libertad de acción en su relación con el gobierno al momento de sondear los acuerdos políticos que estimen convenientes para la colectividad. Eso suponen, señalan miembros de la mesa, que no buscarán consensos políticos con el resto de la oposición para enfrentar la agenda del Ejecutivo.

La definición DC -coinciden en el oficialismo y la oposición- supone que la probabilidad de una articulación opositora global es inviable. Aun en momentos en que el Frente Amplio mantiene su amenaza de romper el acuerdo de administración de la Cámara de Diputados que, de respetarse, dejaría la presidencia de la corporación en manos del diputado DC Gabriel Silber, ambos bloques sostienen que ese nudo -lo más probable- es que sea superado, aunque no en los términos en que el FA ha sostenido: acordar "mínimos comunes" opositores. "No hay piso para eso", sostienen en la DC.

Un factor que se destaca de manera transversal es que los próximos meses están libres de elecciones, lo que da margen al gobierno para evitar a potenciales "díscolos". "El efecto elecciones puede hacer que algunos estén dispuestos a aprobar proyectos y otros que saquen la cuenta electoral, por eso este 2019, año en que no hay elecciones, es muy importante y debe aprovecharse", dice el presidente de RN, Mario Desbordes.

A diferencia de su mandato anterior, Piñera diseñó esta administración con un horizonte de ocho años, por lo que, sabe, la medida de su éxito -mucho más que en 2014- estará dada por su capacidad de mantener a su coalición en el poder por al menos un periodo más.

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