El drama que afecta a los becados de doctorado de Conicyt

ConicytWEB

Un repentino cambio en el sistema en que los becados de doctorado nacional accedían a los llamados "beneficios complementarios" fue la primera luz de alarma. En abril, el organismo -dependiente del Mineduc- comunicó que el presupuesto para esos beneficios extras se acabó, dejando los planes de cerca de mil becarios en vilo.


Cuando Arianne Maine (29), licenciada en ciencias con mención en química, se enteró de que se había ganado una de las 740 becas de doctorado nacional que la Comisión Nacional de Investigación de Ciencia y Tecnología (Conicyt) entregó el año 2015, recuerda que "saltaba en una pata".

Maine no había tenido un camino fácil para llegar a estudiar la carrera que quería y a eso se sumaron las dificultades económicas que debió atravesar su familia, hasta que en 2010 entró a la Universidad de Chile con su arancel cubierto por becas por buenas notas y buen puntaje.

Desde el primer año, Maine trabajó en laboratorios de su universidad y -a medida que se acercaba el fin de su carrera- sus profesores la incentivaron a postular a las becas de doctorado nacional que año a año entrega Conicyt.

En 2016, la institución dependiente del Ministerio de Educación otorgó 736 becas de este tipo destinadas a estudiantes (chilenos y extranjeros) que quieran cursar un doctorado en Chile. En 2017 fueron 735 y en 2018, 734.

"Yo quería hacer algo que contribuyera. Mi primo se murió por una enfermedad intrahospitalaria, una tía también", comenta Maine en relación a su tesis de doctorado: desarrollar una pintura que contenga las propiedades antibacteriales del grafeno.

Este es un material que se extrae de las minas de carbón, de características similares al cobre, pero mucho más barato de producir, para disminuir la propagación de enfermedades contagiosas y, por ejemplo, poder pintar los muros de los hospitales y así disminuir el contagio de enfermedades intrahospitalarias.

Con sus ahorros, entre 2016 y 2017 la joven viajó a congresos científicos a Moscú, Barcelona, Hawai y Cancún a mostrar su trabajo y hacer contactos en el mundo científico. De paso, se dio cuenta de que nadie más estaba desarrollando un proyecto como el suyo y que su trabajo llamaba la atención de investigadores extranjeros.

Su plan era, este 2018, idealmente en abril, partir a realizar una pasantía al instituto español de polímeros CSIC, en la que aprendería distintas formas de hacer pinturas para encontrar la mejor manera de aplicar su proyecto, realizar las pruebas antibacterianas y escribir su tesis para estar dentro de los plazos que establece la beca.

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Arianne Maine. Foto: Reinaldo Ubilla[/caption]

Las becas de doctorado nacional incluyen una manutención mensual de $ 650.000, reajustable según IPC; el pago de arancel del programa de estudios escogido; asignaciones por hijos menores de 18 años y por salud, y extensión de manutención en casos de pre y posnatal.

El beneficio en cuestión cubre ocho semestres de programa de doctorado, con posibilidad de solicitar seis meses para escribir la tesis y un plazo máximo de cinco años para terminar el proyecto, de lo contrario, deben devolver el dinero que el Estado les pasó. Después del segundo año, una vez que los becarios rinden su examen de calificación, pueden acceder a los beneficios complementarios de la beca: dinero para gastos operacionales (viajes a terreno, compra de materiales, entre otros), extensión de seis meses de beca, pasantía doctoral en el extranjero y cotutelas fuera de Chile, es decir, la posibilidad de realizar la mitad del doctorado en Chile y la mitad en el extranjero.

Desde 2015 hasta 2017, año en que se solicitaron 1.718 beneficios, el 100% de estas solicitudes fue aceptado.

Pero todo cambió a contar de este año. La primera luz de alerta fue el 27 de diciembre de 2017 -vía correo electrónico-, cuando Arianne Maine junto a los 2.786 becarios de doctorado en universidades chilenas que actualmente cuentan con financiamiento de la institución dependiente del Mineduc recibieran un mail informando que desde 2018, es decir, dentro de cuatro días, Conicyt cambiaría las forma de acceder a los llamados beneficios complementarios a los que se podía acceder, desde 2015 hasta ese entonces, a través de una solicitud llamada "ventanilla abierta", la que podía realizarse en cualquier momento del año y las que durante 2015, 2016 y 2017 habían sido adjudicadas en un 100% ($ 3.350.030 millones; $ 5.958.398 millones y $ 7.292.967 millones, respectivamente).

Ahora, comunicaba el correo de Conicyt, deberían concursar por estos beneficios y el período de postulación sería solo una vez al año.

Ante la poca anticipación con la que se les notificaba el cambio, los becarios se organizaron y lograron aplazar la aplicación del cambio para 2019.

"Hasta hace unos años, nuestro presupuesto nos permitía financiar todas las solicitudes de beneficios complementarios. Pero esa situación cambió el 2017, ya que nos dimos cuenta de que la plata nos había alcanzado justo para financiar las solicitudes. Necesitábamos implementar un cambio en el sistema, porque la plata no nos alcanza y seguir operando con un sistema de ventanilla abierta nos parece injusto, porque este beneficia al primero que llega", explica el presidente de Conicyt, Mario Hamuy.

En junio, las cosas volvieron a complicarse cuando repentinamente los becarios que habían solicitado distintos beneficios complementarios, ante la falta de respuesta de Conicyt, consultaron por el "estado" de sus peticiones y, para su sorpresa, desde la institución se les informó que sus solicitudes habían sido rechazadas, porque no había presupuesto desde abril.

Los becarios comenzaron a comentar con sus compañeros las respuestas que habían recibido y se dieron cuenta de que eran más de 1.000 los afectados, por lo que crearon un grupo a través de redes sociales en las que han podido organizarse para exigir respuestas a Conicyt.

Según cifras de Conicyt, la estimación de los costos referenciales para 2019 es que una pasantía (cuatro meses) cuesta $ 7.217.600, una cotutela (14 meses) cuesta $ 21.707.260, gastos operacionales (una asignación anual), $ 2.678.000, y una extensión de beca (seis meses) tiene un costo de $ 4.635.300.

El 18 de julio llegaron hasta la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados representantes de Conicyt y de los estudiantes afectados. En esa oportunidad, la institución estatal expuso datos que daban cuenta de un aumento de la demanda por beneficios complementarios por parte de los becados de doctorado nacional. Así, si en 2015 se solicitaron en total 1.349, en 2016 fueron 1.395 y el año pasado la cifra ascendió a 1.718. El beneficio que más había aumentado era el de pasantías.

En esa oportunidad indicaron que no se trataba de un recorte presupuestario, ya que el presupuesto destinado a becas nacionales (de doctorado y magíster cursados en universidades chilenas) estaba: $ 35.984.066 millones en 2016, $ 36.909.596 millones en 2017.

Para explicar por qué en abril ya se habían acabado todos los recursos destinados a estos fines para todo 2018, desde Conicyt indicaron que solo entre enero y marzo de este año se habían cursado 1.257 solicitudes.

En esa instancia, además, explicaron que habían solicitado una modificación presupuestaria desde "Becas Chile" de $ 2.111.085 millones, lo que finalmente fue anunciado a los becarios a través de un mail enviado el pasado viernes 3 de agosto. En el mensaje se señalaba que esos fondos financiarían las solicitudes ingresadas hasta el 31 de julio de este año y que el período de postulación para la asignación de los beneficios complementarios en el período 2019 iría desde el 16 de agosto hasta el 4 de octubre.

Luego de esto, el presupuesto 2018 para becas de doctorado nacional quedó en $ 37.795.634 millones y el de beneficios complementarios, en $ 7.352.456 millones.

Con esos recursos extras se financiarán las 517 solicitudes ingresadas hasta el 31 de julio y que habían sido rechazadas por falta de fondos.

Sin embargo, hay becarios que quedaron fuera de ese plazo. Por ejemplo, Arianne Maine, por temas logísticos, no alcanzó a postular a su pasantía antes del 31 de julio y tampoco alcanzó a solicitar su segunda tanda de gastos operacionales, porque a esa fecha aún no recibía respuesta de la rendición de los que había solicitado el año pasado. Su investigación está paralizada, dice. A pesar de eso, Maine ingresará su solicitud formal en estos días, y aunque sabe que es poco probable que su pasantía sea solventada por parte de Conicyt, viajará de todas maneras a España, aunque tenga que endeudarse.

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Carlos Rivera (28) es uno los voceros de la red de afectados. Estudió bioquímica en la Universidad de Chile, luego hizo un magíster en esa misma universidad para el que obtuvo una beca de Conicyt, la que, asegura, fue de gran ayuda.

Concluido el magíster sintió que debía seguir investigando. Buscando un lugar donde pudiese hacer una investigación aplicable para postular al doctorado nacional de Conicyt llegó a un laboratorio de la Universidad Católica. El año pasado viajó a un congreso de neurociencia en Estados Unidos. Estando allá viajó a Boston para acercarse a uno de los laboratorios más prestigiosos en su área, en la Universidad de Harvard. Hizo el contacto y desde noviembre estuvo tramitando una pasantía en esa casa de estudios. Fue un largo proceso de entrevistas, papeleos y cartas de recomendación, lo que finalmente concluyó en abril, cuando formalmente lo aceptaron en el laboratorio para realizar su pasantía. Ahora tocaba pedir los fondos a Conicyt y comenzaron los problemas.

En mayo, Rivera pudo hacer la solicitud formal ante la institución, dependiente por ahora del Ministerio de Educación. Meses después le llegó la información de que su solicitud no había sido tramitada por falta de presupuesto. Rivera no lo podía creer.

"Yo me comprometí con la investigadora (de Harvard). Si le digo que ahora no puedo ir, porque mi país ahora no me apoya, soy yo el que queda mal", plantea el bioquímico.

A pesar de la inyección de recursos, nada parece indicar que la institución vaya a retroceder en el nuevo sistema de adjudicación de los beneficios complementarios que comenzará a regir en 2019, lo que genera molestia en los becarios.

"Todos nosotros firmamos un convenio de beca y un pagaré en blanco, porque si fallas tienes que devolver todo el dinero, en tiempos donde los beneficios complementarios se asignaban al 100%. Entonces, planteamos nuestra investigación doctoral en base a esas condiciones, y que ahora nos hagan concursar por estos beneficios nos limita a todos. No solo limita a los becarios, limita a las instituciones extranjeras con las que te comprometiste y limita a tu propia universidad y a tu propio tutor", plantea.

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Carlos Rivera. Foto: Rudy Muñoz[/caption]

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Uno de los afectados que no pudieron esperar una respuesta fue Javier Durán (28), bioquímico de la Universidad de Chile, quien luego de terminar su pregrado realizó un magíster en toxicología financiado a través de una beca Conicyt y, después de eso, obtuvo una beca de doctorado nacional financiada por esa misma institución. En 2016, en un congreso en Argentina, tomó contacto con un científico de la Universidad de Heidelberg, Alemania, para poder continuar su investigación sobre la hipertrofia del corazón que está asociada a enfermedades cardiovasculares.

Para poder viajar, postuló a una pasantía en abril, y ante la falta de respuesta y la necesidad de partir, consultó en las oficinas de Conicyt, donde le recomendaron que partiera y que después le reembolsarían, cuanta Durán a través de una videollamada. Para poder financiar su estadía vendió muchas cosas: entre ellas, su bajo y su bicicleta. Además, debió pedir un préstamo en el banco para comprar el pasaje, un seguro de salud y pagar el depósito de un departamento en Heidelberg. Su cálculo fue que con ahorros personales más el préstamo ($ 4.000.000) y la manutención que les paga Conicyt, cerca de 650 mil pesos mensuales, tendría lo mínimo para poder vivir allá.

Hoy es tal su nivel de estrechez económica, que Durán cuenta que anota en un excel todo lo que gasta. Su mayor temor es cuando deba regresar a Chile y enfrentar una deuda sin la certeza de que Conicyt le pagará la pasantía.

"Si en Chile la gente viera cómo se invierte ciencia en Alemania sería distinto. Al lado de la universidad está el laboratorio de farmacéutica y el laboratorio farmacéutico junto a la universidad desarrollan mejores fármacos y la población alemana es más sana todavía", plantea.

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Los casos de Arianne Maine, Carlos Rivera y Javier Durán son solo algunos de un estimado de 1.475 investigadores potenciales afectados, según ha estimado la Red de Becarios, ya que esa cifra corresponde a la suma de los beneficiarios que ingresaron en 2015 y 2016, los que estarían en condiciones de acceder a beneficios complementarios este año.

"La información inoportuna en este tema ha sido el principal causante de todo el caos que tenemos como becarios", plantea Carlos Rivera, haciendo hincapié en que esto complica, sobre todo, las pasantías y cotutelas en el extranjero, que toman más tiempo en organizarse.

Luego de gestiones y solicitudes por parte de la red de afectados, el viernes 10 los directivos de Conicyt se reunieron con representantes de la Red de Afectados, de la Asociación Nacional de Investigadores de Posgrado (Anip), de la Red Chilena de Investigadores y representantes del Cruch para abordar las inquietudes que existen con la aplicación del nuevo sistema y las solicitudes pendientes.

En el encuentro se acordó crear una mesa de trabajo para abordar las dudas de los becarios y buscar soluciones, aunque siempre dentro del marco presupuestario, explicaron desde la institución dependiente del Mineduc.

Desde ese día, además, algunos becarios comenzaron a recibir por correo electrónico la notificación de que su solicitud de gastos operacionales habían sido aprobados. En los días sucesivos también se aprobaron solicitudes de pasantía.

De hecho, a Carlos Rivera le confirmaron su pasantía en la Universidad de Harvard, Boston. Sin embargo, la entrega de fondos no es inmediata, por lo que debido a la tramitación de la visa es probable que deba atrasar su viaje.

La mesa se reunió este martes, instancia en la que estuvieron representantes de los becarios afectados, de Conicyt, del Cruch y de asociaciones de científicos (Anip y ReCH).

Dos días después, a través de un comunicado, justamente el día en que comenzaba el período de postulación para acceder a los beneficios en 2019, Conicyt anunció las medidas que había acogido para mitigar el impacto de los cambios en las normas para acceder a los beneficios extras de las becas.

Finalmente, serán dos los períodos en que los becarios podrán postular a beneficios para 2019: uno de agosto a octubre de 2018 y otro de marzo a mayo de 2019.

A eso se suma la extensión del plazo de cierre del primer período de postulación: en lugar de finalizar el 4 de octubre, será el 16 de ese mes.

Desde la Red de Afectados señalaron que siguen revisando el nuevo procedimiento y que mantienen un "diálogo abierto con Conicyt". "Si bien la disposición del presidente de Conicyt y su equipo ha colaborado con la morigeración de los perjuicios para los becarios, es importante recalcar que el problema de base persiste, que es la falta de presupuesto para cubrir todas las necesidades de beneficios complementarios que presentan los becarios", señalaron en un comunicado.

"Si pensáramos en cubrir las demandas que son súper legítimas de los becarios para satisfacer el 100% de sus solicitudes en beneficios complementarios, requeriríamos un presupuesto de 16 mil millones de pesos y eso equivale a todo el presupuesto que se cuenta para becas nacionales. Por lo tanto, si quisiéramos hacer eso significaría no otorgar nuevas becas, entonces precisamos que el país entero reflexione profundamente, tanto los actores como el sistema: los becarios, los académicos, los investigadores, las universidades y el Parlamento si realmente queremos eso", plantea Mario Hamuy, presidente de Conicyt.

"Es la opinión del consejo que no podemos entregar menos becas que en años anteriores, porque creemos que las nuevas generaciones también tienen la oportunidad", concluye.

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