La cita secreta del hermano de Karadima con el Papa en el Vaticano: “Fernando tiene que pedir perdón”

A pocas semanas de su reunión con Francisco, a principios de junio, Óscar Karadima, uno de los hermanos menores de Fernando Karadima, habla por primera vez sobre el encuentro, su reservada estadía en Santa Marta y los últimos contactos con el polémico sacerdote, cuyos abusos de conciencia y sexuales terminaron por cambiar la historia de la Iglesia en Chile. Aquí está la que asegura será su única entrevista sobre el tema.


“Esta es la entrevista que nunca hubiese querido dar”. Óscar Karadima, 77 años, está sentado en un café de Las Condes. Óscar está enojado y golpea la mesa. Óscar está triste y se le quiebra la voz. Óscar quiere que, de una vez, su apellido sea respetado. Karadima.

Fue su apellido el que lo llevó hace un par de semanas a 11.900 kilómetros de Chile.

Ese día, el sábado 1 de junio, Óscar Karadima se despertó temprano en la Casa Santa Marta, el mismo lugar donde duermen obispos y cardenales. El día transcurrió tranquilo, hasta que a las cuatro de la tarde fue a misa. Terminó a las cinco. Volvió, junto con todo el grupo, a la recepción de la casa. Allí, Jordi Bertomeu se lo presentó.

Óscar lo miró y, con nerviosismo, le estrechó la mano.

-Su Santidad, yo soy Óscar Karadima.

El otro hombre que estaba ahí le sonrió.

-Lo conozco muy bien a usted -dijo el Papa Francisco.

El Bosque del Vaticano

Óscar Karadima es 10 años menor que su hermano Fernando, el expárroco de El Bosque que hace siete años está condenado a una vida de oración y penitencia. Hoy, con 87 años, Fernando Karadima pasa sus días recluido en el Hogar de Ancianos San José, en Lo Barnechea.

A pesar de la tranquilidad que transmite, Óscar es un hombre de voz firme y decidida. Y si uno lo mira bien, el parecido con Fernando es impresionante.

¿Piensa mucho en su hermano Fernando?

Sí. Por el daño que nos hizo y por él, porque sigo pensando cómo es posible que un hermano mío haya hecho lo que él hizo.

Ustedes se parecen mucho, ¿lo recuerda cuando se mira al espejo?

Antes de seguir hablando, Óscar hace una larga pausa.

-No solo cuando me miro al espejo.

¿Lo han reconocido alguna vez en la calle como el hermano de Fernando Karadima?

¿A mí? ¡Ja! Siempre. ‘¿Y usted? Usted es hermano del padre Karadima, ¿no?’. Antes de que ocurriera toda esta tragedia yo pasaba mi carné de identidad tranquilo.

Óscar es el sexto de los ocho hermanos Karadima Fariña y el único que se ha referido públicamente a la situación de su hermano sacerdote. Dice que han pasado ocho años desde que comenzó esta pesadilla y que hoy, al fin, tiene las cosas claras.

Por eso, cuando el Papa comunicó que en febrero enviaría a Chile al arzobispo de Malta, Charles Scicluna, y al sacerdote español Jordi Bertomeu, Óscar Karadima no dudó y pidió una audiencia.

Y contó todo. Otra vez.

El 21 de abril de 2010 es una fecha que ninguno de los Karadima va a olvidar. Menos Óscar, que despertó a las siete de la mañana con el sonido del teléfono. Su señora contestó. Era su hijo. “Prendan el computador”. Óscar se levantó, obedeció y en los minutos en que la máquina demoró en estar operativa, Óscar ni siquiera lo pudo imaginar. El nombre de su hermano en primera plana, acusado de abusos sexuales.

-El mundo se me vino abajo.

A las ocho de la mañana, los hijos de Óscar Karadima llegaron a su casa. Se miraron, se abrazaron y lloraron. Sabían, dice Óscar, lo que se venía encima. Y lo que, a siete años, aún sigue marcando a toda la familia.

La reunión entre el hermano de Fernando Karadima y Jordi Bertomeu duró una hora. Al final, cuenta Óscar, no aguantó más y se quebró. Lloró. Jordi Bertomeu lo abrazó y le dijo:

-Don Óscar, lo comprendo perfectamente, pero no se olvide nunca que los hombres también lloramos cuando sufrimos mucho.

Tres meses después, un sábado de mayo, Óscar estaba en la casa de su hija celebrando el cumpleaños de una nieta. De repente sonó su teléfono: era Jordi Bertomeu y tenía un recado del Papa.

Quería que Óscar Karadima viajara al Vaticano. Y el 22 de mayo, en un comunicado de prensa, se hizo oficial.

“Del 1 al 3 de junio de 2018 el Santo Padre recibirá a un segundo grupo de víctimas del Rev. Fernando Karadima (…). Se trata de cinco sacerdotes que han sido víctimas de abusos de poder, de conciencia y sexuales. Junto a ellos habrá también dos sacerdotes que han asistido a las víctimas en su recorrido jurídico y espiritual, y dos laicos implicados en este sufrimiento”.

Óscar Karadima es uno de los dos laicos, pero su nombre nunca fue público. Hasta hoy.

-Quiero salvar el honor de la familia Karadima -dice.

En la pequeña capilla de la Casa Santa Marta, la misa celebrada por el Papa el 1 de junio fue especial. Comenzó a las cuatro de la tarde y la concelebró con los cinco sacerdotes víctimas de El Bosque. Óscar estaba sentado al lado del otro laico y sabía que venía el momento. Jordi Bertomeu les avisó que en media hora más llegaría Francisco para comenzar con las reuniones individuales.

Tenían que esperar en un salón grande, el mismo que todos usaban para conectarse a internet, para poder hablar con sus familias. Óscar fue el primero en bajar. Estaba solo, cuando de repente sintió que había alguien más a su lado.

Era el Papa.

-Hola, ¿cómo está usted?, ¿dónde es la reunión?

Óscar no supo qué responder. A los pocos minutos llegaron Bertomeu y el resto de los invitados. Los presentó a Francisco. El tiempo estaba organizado, 15 minutos para cada uno. Así que todos llevaron una minuta con los temas que querían exponer. Óscar estudiaba hasta que Bertomeu lo interrumpió.

-Óscar, él te espera.

Entró a la sala y el Papa lo miró. Le sonrió. Lo saludó y le dio un apretón de manos.

-Santo Padre, en lo personal me duele hablar así de mi hermano, pero qué hacerle -dijo Óscar con la voz quebrada y los ojos llorosos. El Papa le tomó el brazo, como dándole confianza.

Óscar siguió hablando.

-Toda la familia Karadima ha sido víctima de abuso de poder y de conciencia. Fernando era un hombre soberbio, un hombre autoritario, un hombre a quien le teníamos temor.

Le mostró una foto de su familia y le dijo que nunca nadie de la Iglesia chilena se había acercado para ver su situación.

-Ni Ezzati, ni Errázuriz, ni nadie reconoció nuestro dolor. Por eso, lo que también yo pido, porque nunca nadie lo ha dicho, es justicia con mi familia. El Papa fue el único que tuvo palabras de cariño y de consuelo hacia ellos. Me pidió que les transmitiera a mis hermanos, a mis hijos y a mis nietos el lamento suyo y que pedía perdón por lo que habíamos sufrido.

Y se despidieron.

Óscar salió, caminó hasta el salón, donde estaban los otros sacerdotes que lo acompañaron en el viaje, y lloró.

-Lloré, lloré con mucha fuerza. No lo podía controlar. Se me acercaron los sacerdotes y me abrazaron. Lloraba por mi familia.

En su mano, Óscar sostenía una foto.

Y en ella había un mensaje.

“A la familia de Óscar Karadima, con mi bendición y mi dolor por tanto sufrimiento que llevan. A nombre de Fernando, mudo e incapaz de caer en la cuenta, les pido perdón”, Francisco, 2 de junio de 2018.

Los Karadima sin Karadima

Dicen que la rutina del expárroco de El Bosque parte temprano y termina muy tarde, escuchando la lectura del rosario. Y también se comenta que está enfermo, que toma medicamentos para la diabetes, la hipertensión y la depresión. Su hermano piensa distinto.

-La otra vez alguien lo fue a ver y me contó que estaba muy bien, que lo cuidan tres enfermeras día y noche. Tiene su televisor. No sé si sabe manejar WhatsApp, pero creo que se comunica con otras personas. Pero no con su familia.

En 16 de enero de 2011, Fernando Karadima fue condenado canónicamente por el Vaticano y el 22 de julio de 2011 esa condena fue ratificada. Incluso, la justicia civil determinó que los delitos existieron, pero estaban prescritos. A pesar de eso, Fernando Karadima siempre ha dicho que es inocente. Ni una sola palabra de arrepentimiento.

Y sus hermanos, su familia entera, se enteraron de la misma manera que todo Chile. Por la prensa.

-Fue brutal -dice Óscar.

En la casa de Jorge, el mayor de los Karadima Fariña, fue donde todos los hermanos se reunieron para hablar de la situación. Nadie entendía lo que pasaba. Apenas conversaron, estaban en shock.

-Nos pusimos cabeza abajo, sin mirarnos, y nos salieron las lágrimas a todos. Llorábamos sin decir nada.

¿Cuál era la relación de Fernando Karadima con su familia?

Nos despreciaba, no nos quería. Él tenía una actitud altanera. Él se creía superior a todos. No nos respetaba, no nos tomaba en cuenta. No nos dio nunca su número de celular.

¿Y quién tenía ese celular? ¿Juan Barros?

Sí.

¿Tomislav Koljatic?

Por supuesto.

¿Horacio Valenzuela? ¿Andrés Arteaga?

¡Por supuesto! Todos tenían su celular. Menos nosotros. Teníamos que llamar a la parroquia y ahí él nos llamaba de vuelta. Para verlo había que pedirle audiencia.

¿Alguna vez, después de todo lo que pasó, Fernando le pidió disculpas a su familia?

Nunca nos ha dado una explicación de nada. Ni siquiera antes de que reventara todo, ni siquiera nos reunió para anticiparnos que venía algo sobre él. Hasta el día de hoy, jamás nos ha pedido que vayamos a hablar con él para explicarnos lo que pasa. Nunca, jamás.

Antes de que se hicieran públicos los abusos sexuales de Fernando Karadima, ¿la familia supo algo?

Nada, jamás. Nunca supimos nada. Y en eso soy vocero de mis hermanos. Mis hermanos y mi familia me decían “nadie sabía nada”. Mi familia no miente, en eso quiero reivindicarla.

¿Qué siente, además de pena, por toda esta situación que generó su hermano, Fernando Karadima?

Estoy indignado. Y cómo puedo no estarlo si nos manipuló a todos, desde mi madre para abajo. Él le decía ‘mamacita’ y a mi madre le daba puro sufrimiento. La llenaba de regalos. Mi madre decía: ‘De nada me sirve, yo quiero el cariño de mi hijo’.

Pero, tal como se comenta, Óscar confirma que, en lo material, el expárroco de El Bosque era preocupado. Aunque solo de eso: de lo económico, de lo financiero. De que, por ejemplo, a la casa de su madre no le faltara nada, de comprarle sus remedios, ropa.

-Pero no le daba amor. Muchas veces, cuando yo llegaba a su casa, la veía llorando a mares y me contaba que Fernando le había gritado y que se había ido dando un portazo.

¿Fernando Karadima alguna vez quiso a alguien?

No. Fernando solo se quiere a sí mismo.

¿Ustedes, como familia, fueron víctimas de su hermano?

Por supuesto. Un sacerdote tiene que ser humano con su familia. Tiene que regalar su tiempo, no regalar su dinero. Él regalaba dinero, que no sé de dónde lo sacaba.

¿Recibió dinero de su hermano?

En una cierta situación difícil le fui a pedir plata y me la dio. No voy a mentir. Pero siempre eso fue una forma de manipular, de poder tenerme en la mano. Pero que yo te diga que él fuera acogedor conmigo, que un día hubiese ido a la casa a relajarse, a hablar de cuando éramos niños, recordar a mi padre, recordar a mi mamá muerta, recordar cómo jugábamos… No, nunca tuvimos esa relación.

¿Cuánto daño le hizo su hermano a su propia familia?

Fernando fue siempre el gran culpable de la desunión de todos los hermanos Karadima. Nosotros, los Karadima Fariña, no somos unidos porque Fernando siempre se encargaba de hablar con unos mal de los otros.

¿Fernando trataba de desunir a la familia?

Sí, porque en la desunión él ejerce la fuerza.

En redes sociales, dice Óscar, ha visto cómo su apellido quedó marcado. “Karadima” es una alerta que creó en Google para que, cada vez que se publica algo que contenga esa palabra, le llegue directamente a su mail. Así ha recolectado, en ocho años, cerca de cinco gigabytes de información sobre el tema. Y ha leído todo.

-La honra de mi familia está en el suelo. Yo he leído en redes sociales “familia Karadima, familia de degenerados, familia encubridora, pedófila, porque encubren a un pedófilo”. Y con eso yo lloro. Me indigna, porque sé que no somos así. Somos una familia buena, trabajadora. Nunca le hemos hecho daño a nadie.

El primer Karadima que llegó a Chile, desde Grecia, es el abuelo de Óscar y de Fernando Karadima. Es la única familia que hay con ese apellido.

-Mató el apellido, mató nuestra sangre. Fernando nos mató como familia con esto.

En 2011, Óscar Karadima dijo en una entrevista que no volvería a visitar a su hermano.

Eso hasta que llegó 2012.

Se juntaron algunos de los ocho hermanos: Jorge, el mayor; María Eugenia, hoy muerta; Sergio, Elena, Patricia y Óscar. Decidieron ir a visitar a Fernando, que por ese entonces estaba viviendo en el convento Siervas de Jesús de la Caridad, en Providencia.

Días antes, Óscar Karadima había estado revisando algunas fotografías y entre ellas encontró una foto de él y sus hermanos cuando eran niños. Era de enero o febrero de 1950, apenas unos meses después de que su padre había muerto. Estaban los ocho hermanos y su madre. Esa misma foto fue la que le llevó Jorge a Fernando cuando lo fueron a ver.

Le dijo que la familia se la llevaba de regalo. Fernando tomó la fotografía, la miró y dijo:

-Tengo muchas de éstas.

Esa fue la última vez que Óscar Karadima vio a su hermano.

-Ninguna actitud de decir: ‘Oh, ¿se acuerdan cuando estábamos chicos en la casa?’. Nada. Fue un desprecio. Nos dijo: ‘Para qué se molestaron, tengo muchas’. Nos dolió, a mí me dolió.

¿Cuál es su relación con su hermano hoy?

Ninguna. No hablo con él.

¿Hay alguien de su familia que mantenga contacto con Fernando?

Casi nadie. Aunque sé, porque lo he visto en diarios y porque él me lo ha contado, que mi hermano Jorge lo ha ido a ver. Él tiene apenas un año y medio de diferencia con Fernando. Tienen que haber jugado de niños. Jorge, con el buen corazón que tiene, lo debe haber ido a ver por misericordia, porque él tiene que querer a mi hermano.

Pero usted no ha vuelto a ver nunca más a Fernando, ¿por qué?

Porque tomé la decisión de no volverlo a ver. No quiero volverlo a ver.

¿Ni siquiera para cerrar este capítulo?

Me gustaría verlo, pero para encararlo y preguntarle por qué nos hizo tanto daño. Por qué no nos ha llamado, por qué hizo lo que hizo.

El año pasado, en febrero, Óscar Karadima escribió una carta. Una carta larga, en la que le dice a su hermano que pida perdón. Fernando la recibió.

Nunca la contestó.

“Sí, es culpable”

Fernando Karadima, su hermano, ¿es culpable de haber cometido abuso sexual, de conciencia y de poder?

Sí, es culpable. Ahora creo. Me costó muchísimo creer, siempre tuve lo que se llama la duda razonable. En el fondo, no quería creer. Era mi hermano, es mi hermano. Creer una cosa así de tu propio hermano es terrible.

¿Cómo se convenció de que era culpable?

Por todas las cosas que me han dicho personas. James Hamilton, José Andrés Murillo, Juan Carlos Cruz.

¿Usted conoció a Hamilton, Murillo y Cruz?

A Cruz lo conozco del colegio, a Hamilton también. Hamilton y Cruz iban a la casa de mi mamá, iban en grupo, con Fernando. Iban hasta para el cumpleaños de ella. Así que a mí tampoco me vengan a decir que Hamilton llegó después de los 18 años donde Fernando. Hamilton llegó donde Fernando cuando estaba en el colegio, Cruz también. Eran cabritos.

¿Después de escuchar los testimonios de Hamilton y Cruz dejó de tener la duda razonable?

El hecho de que ellos dijeran (que los habían abusado), eso no podía ser mentira. Para mí eso era un punto importante: cómo lo que decían iba a ser falso. Entonces tenía que ser verdad. Pero yo continuaba con esa duda razonable. Hasta que siguió el tiempo, y confieso que esa duda se terminó definitivamente cuando el Papa Benedicto XVI lo condenó. Y ahora, después de que tuve la entrevista con el Papa Francisco, me quedó absolutamente claro.

El círculo de hierro de Fernando

Para Óscar Karadima, los nombres de Juan Barros, Tomislav Koljatic, Horacio Valenzuela y Andrés Arteaga son conocidos, más que conocidos. Los veía permanentemente en la Parroquia El Bosque. Eran, dice Óscar, los cuatro formados por su hermano Fernando. Los cuatro eran sus discípulos y sus amigos íntimos.

-A Juan Barros lo recibía mi madre en su casa y le decíamos “Juanito”. Él andaba siempre con mi hermano.

Cuando a Fernando Karadima lo condenaron, en 2011, y le preguntaron al ahora exobispo Juan Barros si eran cercanos, si eran amigos, él lo desmintió. Él dijo que apenas conocía a su hermano.

Eso no es verdad. No es verdad. Él era amigo de mi hermano, yo lo vi. Lo vi en la Parroquia de El Bosque, en el comedor de la parroquia. Y Fernando lo trataba de ‘señor obispo’.

¿Habló con el Papa sobre Barros?

Le dije que quería denunciar a Barros, a Koljatic, Arteaga y Valenzuela, a quienes conozco desde muy jóvenes, y que fueron testigos y encubrieron los abusos. El Papa me detuvo y me dijo: ‘Hábleme de Barros’. Y yo le dije: ‘Su Santidad, el obispo Barros ha mentido. Él era amigo de mi hermano y, en cierto modo, podría decir que pertenecía a su círculo de hierro’.

En el llamado “círculo de hierro” de Karadima estaban Barros, el ahora exobispo de Osorno, y también Koljatic, Valenzuela y Arteaga.

-Todo el mundo sabe que ellos fueron obispos porque mi hermano Fernando consiguió que lo fueran, a través de la amistad o cercanía que tenía con monseñor (Ángelo) Sodano, que en ese entonces era secretario de Estado del Vaticano.

En ese mismo grupo, cuenta Óscar, había otros sacerdotes, como Juan Esteban Morales y Diego Ossa. Pero no había que confundirse. Ser parte del círculo más íntimo de Karadima significaba no solo estar a su total servicio, sino que también obedecer su completa voluntad. Óscar Karadima pone de ejemplo el caso del sacerdote Eugenio de la Fuente, quien, dice, también estaba en ese grupo, pero por obligación, por ser el segundo encargado de la Parroquia El Bosque.

-Eugenio tiene que haber sufrido. Lo trataba mal. Lo retaba por algunas cosas que Fernando estimaba que no se habían hecho como él, mi hermano, quería que se hicieran. Mi hermano Fernando quería que toda la gente hiciera lo que él estimaba que esa gente tenía que hacer. Él decía que era la voluntad de Dios. Y, según él, la humildad la tenían que tener sus súbditos. Ese círculo de hierro y las demás personas tenían que hacer lo que él decía. Yo no entendía cómo una persona podía tener ese poder. Cómo una persona podía tener ese poder tan grande, que incluso lo ejercía sobre su familia.

Juan Barros, Tomislav Koljatic, Horacio Valenzuela y Andrés Arteaga ¿fueron víctimas de Fernando Karadima?

Víctimas de abuso de conciencia, sí. Yo vi a Fernando retar, y como se dice en buen chileno, poner de vuelta y media a Juan Esteban Morales, a Arteaga, a Barros. Ellos se ponían blancos como el papel y no le decían nada. Y él, mi hermano, golpeaba la mesa con fuerza. Y yo, que estaba ahí, me quedaba callado. Tú me preguntarás por qué me quedaba callado. Porque en eso consiste precisamente el abuso de conciencia.

En la misma audiencia que Óscar Karadima tuvo con el Papa, también nombró a otros dos importantes hombres de la Iglesia Católica chilena. En uno de los puntos de su minuta, le leyó a Francisco:

-También denuncio a Ezzati y Errázuriz. Hay que reconocer la estructura de poder secreta y solapada de algunos obispos, su ocultamiento y silencio respecto de los abusos sexuales en Chile.

¿Alguna vez una persona se ha acercado a usted para denunciar a Fernando?

Sí, se me han acercado personas, hasta sacerdotes. Hay una persona que ni siquiera recuerdo el nombre, que me dijo que muchos años atrás Fernando lo había besado en los labios. Eso fue otra cosa más que yo tomé para ir terminando con la duda razonable que alguna vez tuve.

¿Cuánto daño le ha hecho Fernando Karadima a la Iglesia Católica chilena?

Creo que mucho. Y me atrevería a decir que no solo a la chilena. Porque a Fernando lo comparan con Marcial Maciel, que murió sin pedir perdón. Aquí hay un daño a la Iglesia como institución.

Óscar hace una pausa y recuerda parte de su viaje al Vaticano.

-El Papa es un hombre acogedor, empático, humilde. Pero no hay que equivocarse, puede ser humilde y acogedor, pero es firme. Es sencillo, pero no débil. Es un hombre de Dios. El Papa quiere terminar con esto en Chile y, percibo yo, va a tomar medidas.

El perdón

¿Nunca enfrentó a su hermano para preguntarle ‘Fernando, ¿por qué hiciste eso’?

Nunca.

¿Por qué?

Porque le tengo miedo.

¿Todavía?

No, ya no. Pero le teníamos temor.

¿Fernando Karadima debería pedir perdón?

Sí.

¿Y usted cree que lo va a hacer?

No.

¿Por qué?

Porque yo creo que él tiene el convencimiento, por su estructura de personalidad, que es inocente. En segundo lugar, por su terrible soberbia y porque ni siquiera nos ha llamado a nosotros, a su familia, a sus hermanos, para habernos pedido perdón por todo lo sufrido.

Antes de seguir hablando, Óscar hace una pausa.

-Pero igual quiero que pida perdón. Quiero cerrar un capítulo con esto.

¿Qué le diría a su hermano si pudiera hablar con él?

Le pediría humildad. Fernando, pide perdón. No en silencio a Dios, no en tus rezos. Hazlo público, que la gente te escuche que pides perdón por el daño que les hiciste a las víctimas y a todos. Fernando, tú eres un hombre que vas a morir, ¿cómo te atreves a morir de esta manera, como un soberbio que no pide perdón? Te lo pido por Dios y por la Santísima Virgen que tú siempre dijiste que amabas tanto. Te lo pido por mi padre, por mi madre, por mis dos hermanas muertas.

¿Todavía quiere a su hermano?

Sí, lo quiero. Es mi hermano. Pero sobre todo quiero que salve su alma y que pida perdón.

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