Mahmud Aleuy: "Está en juego la estabilidad del país, no solo del gobierno"

MAHMUD ALEUY

Tiene una mirada crítica del actuar de La Moneda en esta crisis y también del presidente de su partido, Álvaro Elizalde, pero al mismo tiempo reconoce que "jamás imaginé la magnitud y extensión del descontento ciudadano".


Quizás imaginándose que él podría haber estado esta semana en el lugar de Rodrigo Ubilla enfrentando el estallido social que cambió de un plumazo la agenda política, social y económica del país, Mahmud Aleuy ha seguido con atención cada anuncio del gobierno y el actuar de las Fuerzas de Orden y Seguridad.

Considerado uno de los hombres cercanos a la expresidenta Michelle Bachelet, Aleuy cuenta que en estos días ha recibido llamados de empresarios y políticos de todos los sectores para conocer su opinión sobre determinadas situaciones. "Nadie del gobierno, eso sí", precisa el exsubsecretario del Interior, desde un café en un hotel en Las Condes, donde se cuela el ruido de cacerolas y bocinazos.

Al igual que a la gran mayoría de chilenos y chilenas, ¿le sorprendió el estallido social que se produjo esta semana?

Jamás imaginé la magnitud y extensión del descontento, pero no me sorprendió, porque varios estudios de instituciones, centros de estudios, profesionales y encuestas serias nos estaban avisando de un malestar creciente de la ciudadanía que, tarde o temprano, nos iban a pasar la cuenta. La gente está hastiada de los abusos y de nuestra incompetencia para resolverlos, porque (los políticos) no hemos sido capaces de quitarles un poco más de poder a los que tienen mucho poder en Chile.

Como exsubsecretario del Interior, ¿cuál es su evaluación del actuar del gobierno desde el punto de vista de la seguridad?

Dramático, por todas las medidas que se han ido tomando. El rol de un gobierno es bajar la tensión y aplacar el miedo de la gente, y aquí se hizo todo lo contrario, con mucha irresponsabilidad. Los primeros días hubo improvisación, torpeza, y luego, mucha impunidad a la hora de reconocer cómo y cuánto se han vulnerado los derechos humanos estos días. Subestimaron la ira, nos hablaron de enemigo interno y de guerra, sacaron a los militares a las calles y ni así han logrado contener la efervescencia.

Considerando los saqueos, incendios en el Metro y el desorden público que hubo en el peak de esta crisis, ¿hubiera sido partidario de decretar estado de emergencia?

No como lo hizo el gobierno. En último caso, lo hubiera hecho focalizado en la infraestructura crítica de transporte, logística, electricidad, comunicaciones... La ley permite decretar emergencia en puntos y áreas específicas y está demostrado que los conflictos sociales no se arreglan con fuerzas militares desplegadas en las calles; los jóvenes de hoy no les temen a los militares, y a los viejos nos rememoran los peores tiempos de la dictadura. Además, disparar a la bandada es la peor estrategia.

Su crítica apunta a que el haber sacado a los militares a la calle es un retroceso en lo que se había avanzado en los últimos años en materia cívico-militar.

Sí, porque en estas circunstancias, que no tienen que ver con desastres naturales, como el terremoto del 27/F, es un retroceso enfrentar a los militares con la gente, un error garrafal que tensiona a la gente y a la propia institución.

Muchos analistas coinciden en que esta crisis le podría haber tocado a cualquier gobierno, incluso al de Bachelet.

Sí, le hubiese pasado a cualquier gobierno que se hubiese mofado de las necesidades y esperanzas de la gente. A cualquier gobierno que no escucha ni siquiera a quienes lo apoyan, porque los propios empresarios dijeron que en la reforma tributaria estaban dispuestos a eliminar la reintegración, pero Piñera insistió. Hoy la política es la austeridad. Todos vamos a tener que hacer un esfuerzo más allá de nuestras diferencias, porque lo que está en juego es la democracia.

Cómo hombre clave del gobierno anterior, ¿hace algún mea culpa?

Por supuesto, nos faltó fuerza para haber mantenido una mayor unidad de la coalición, haber terminado el proceso constituyente para dotar a las instituciones de mayor legitimidad y aprobar la reforma previsional. Estas últimas hubiesen permitido que la gente se sintiera menos abusada.

Un parteaguas

¿Ve un antes y un después en la política chilena?

Sí, y espero que esto sea un parteaguas. La gente se cansó de nosotros y no nos podemos hacer los lesos. El gobierno, eje del sistema político, hoy no tiene legitimidad y la gente ya le tomó el pulso. La Moneda tiene hoy la obligación de generar un espacio de diálogo con la sociedad civil, el Parlamento, los partidos, empresarios y todos lo que sean necesarios. Si hay que meter al Cuerpo de Bomberos, hay que hacerlo. El gobierno por sí solo dejó esta semana de ser un actor con validez ante la ciudadanía y los problemas de envergadura no se resuelven con tertulias. Se requiere método, se debe definir qué hace cada uno, antes, durante y después, con acuerdo, con acuerdo parcial o sin acuerdo y sin estridencias.

Pero su partido se restó de la reunión con el Presidente.

Eso tendría que preguntarle a la dirección del partido. En todo caso, después quedó demostrado que no era relevante estar, porque el gobierno tenía su agenda fijada de antemano.

¿Cómo evalúa el actuar de Álvaro Elizalde en esta crisis?

No lo he visto, supongo que estará trabajando en silencio.

¿Qué habría que discutir en la mesa de diálogo que propone?

Primero, enfrentar la realidad; hoy los chilenos viven en una incertidumbre permanente, basta con mirar las cifras de endeudamiento. Esa carga genera fragmentación e ingobernabilidad. Segundo, entender que la base de todo no es solo lo público o privado, es lo común entre ambos. Y tercero, que la actual correlación de fuerzas no puede ser soslayada.

¿Pero cuáles serían sus propuestas programáticas, sociales…?

De constituirse un diálogo con los componentes que mencioné, habría que establecer un plan inmediato y otro de mediano plazo. El primero, para resolver los problemas más urgentes utilizando la Ley de Presupuesto en curso, con recursos nuevos y sin reasignación como si fuera una lista de supermercado. Hay que corregir la precariedad en que está sumida la mayoría de los chilenos, invirtiendo en ellos. El de mediano plazo es rediscutir las bases de la reforma tributaria y previsional, lo que implica retirar los proyectos de ley y establecer las bases de un nuevo pacto social.

La oposición ha vuelto a poner sobre la mesa la idea de una nueva Constitución, ¿está de acuerdo?

Sí, porque la derecha debe entender que tenemos conceptos distintos sobre el rol del Estado y el mercado, sobre el concepto de consumidor versus ciudadano, sobre la supremacía del capital por sobre el trabajo, del capital expropiando recursos sociales.

¿Qué le parece que el PC esté evaluando una acusación constitucional contra Piñera?

Tiene el derecho de acuerdo a la legalidad vigente, e imagino que habrán ponderado las consecuencias.

¿Cree que esta crisis una a la oposición?

Ojalá, porque lo que está en juego es la estabilidad del país, no solo la del gobierno. Y sirva para que la oposición se dé cuenta de que no tenemos suficiente legitimidad y eso nos conmine a trabajar más allá de los intereses personales. Si no lo hacemos, le pavimentaremos el camino a la ultraderecha.

¿Cree que J.A. Kast pueda capitalizar este malestar?

El malestar lo va a capitalizar quien logre entender el hastío de la gente. Y no creo que lo hagan aquellos que viven de la lógica de la polarización y el enfrentamiento.

Finalmente, ¿cree que están las condiciones para que se realicen la Apec y la COP25 en Santiago o sería partidario de postergarlas?

Eso (postergarlas) sería prudente y extremadamente racional.

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