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Cómo la inteligencia artificial conquistó al desierto de Coachella

Coachella ya no solo reúne a fanáticos de la música: también se ha convertido en un laboratorio de marketing donde los influencers creados con inteligencia artificial ganan terreno, con avatares hiperrealistas que simulan vivir el festival más importante de California sin pisar ni experimentar el desierto.

Cómo la inteligencia artificial conquistó al desierto de Coachella Tecnología / La Tercera

Tiempo ha que el Empire Polo Club en Indio, California, dejó de ser exclusivamente un santuario para la música en vivo. Durante la última década, Coachella se transformó en la capital mundial de la apariencia: un gigantesco set de fotografía al aire libre donde creadores de contenido de todo el mundo viajan para documentar sus vidas y recomendar marcas y productos.

El de los influencers es un mercado oneroso, estimado en unos US$33.000 millones en 2025, según el portal alemán de datos de mercado Statista.

Este año, sin embargo, medios especializados en tecnología -como The Verge- dieron cuenta de una tendencia distinta: los asistentes con mejor rendimiento comercial no sufrieron el calor, no lidiaron con el tráfico del desierto ni se mezclaron con el público. De hecho, ni siquiera “existen”.

El desierto que nunca pisaron

El ecosistema digital ha visto una proliferación acelerada de lo que la industria denomina influencers generados por Inteligencia Artificial. Son, mayormente, avatares creados en apps como HeyGen, Synthesia, D-ID, Elai, otras menos usuales como Pykaso, Vidnoz, Virbo, Colossyan y DeepRell y, para voz, ElevenLabs.

Estos avatares hiperrealistas han estado “inundando” las redes sociales durante los fines de semana de Coachella, publicando fotografías posando frente a la icónica rueda de la fortuna, luciendo ropa de diseñador y respondiendo cientos de mensajes de fanáticos.

Una estimación de la investigadora Grand View Research sitúa la industria de influencers virtuales en US$6,06 mil millones en 2024 y proyecta US$45,88 mil millones para 2030.

Personajes virtuales creados por agencias, como Aitana López, Nikki Bellini o pioneras del formato como Lil Miquela, han logrado amasar millones de seguidores e ingresos que en algunos casos superan los de un creador de contenido promedio.

Durante el festival, sus perfiles simularon la experiencia completa a través de la síntesis de imágenes.

La mecánica detrás de estas activaciones para capturar a la generación Z revela la madurez tecnológica actual de la industria publicitaria.

Hay una generación de contextos, con rostros y cuerpos generados por IA en fondos reales del festival, con un manejo de la iluminación que hace casi indistinguible la falsedad de la imagen en la pantalla de un celular, pero también interacción automatizada, es decir, sistemas que permiten a estos perfiles responder comentarios y relacionarse con su audiencia 24/7, generando un sentido de cercanía parasocial.

La zona gris es que una parte de estos perfiles no explicitan, de manera clara y sin tener que buscar, que son entidades sintéticas en cada una de sus publicaciones, confundiendo deliberadamente a la audiencia. En algunos casos, no confirman pero tampoco niegan que son un avatar creado por una IA.

La automatización de la “cultura cool”

Resulta tentador leer este fenómeno desde una perspectiva distópica, como una invasión de máquinas usurpando espacios de interacción humana. Sin embargo, observando la historia reciente del festival (donde debutó el holograma de Tupac Shakur), la realidad es mucho más terrenal y lógica.

La llegada de la IA a Coachella es la evolución de una cultura que ya era profundamente artificial, recordemos este sketch del show de Jimmy Kimmel donde le preguntan a algunos asistentes por bandas que no existen:

Durante años, el trabajo de un influencer humano en este evento consistió en dominar la técnica de aparentar que una fotografía minuciosamente planificada era un momento espontáneo. Pero detrás de una imagen casual en Coachella hay maquilladores, pruebas de vestuario, marcas auspiciadoras y horas de edición digital.

La IA simplemente ha optimizado la cadena de producción. Ha tomado la estética plástica que los humanos llevaban años perfeccionando y le ha quitado la fricción física.

Para un avatar sintético, no hay sudor que arruine el maquillaje, no hay agotamiento por las caminatas entre escenarios, ni conflictos de agenda. La IA destila la experiencia VIP del festival a su esencia netamente comercial: la imagen por la imagen misma.

Aunque también hay avatares más humorísticos como @grannyspills, conocida como “la abuela derrama cosas”, con más de dos millones de seguidores y cuya imagen -generada por IA en los brazos de Justin Bieber- se acerca peligrosamente al millón de likes:

El triunfo de la métrica sobre la logística

Desde el punto de vista del marketing, que es el verdadero motor detrás de estas “celebridades”, la decisión de utilizar influencers de IA responde a un cálculo de eficiencia.

Las marcas enfrentan costos altísimos para enviar embajadores humanos a California: vuelos, alojamientos de lujo (y no el camping general del festival), pases y tarifas de representación.

En contraste, un modelo generado por algoritmos ofrece a las marcas control total y escalabilidad a una fracción del precio.

Es decir, un avatar no se ve envuelto en polémicas públicas imprevistas, no hace declaraciones fuera de libreto ni llega tarde a una activación de marca. Pueden vestir la colección completa de una firma de moda y posar en diez locaciones distintas del festival en el tiempo que le toma a un servidor subir las imágenes.

Sus atributos y narrativas son diseñados a través de métricas y análisis de datos para apelar con precisión quirúrgica a los consumidores objetivo.

El fenómeno de los avatares en Coachella evidencia que las líneas de la autenticidad en Internet se están difuminando por diseño.

No estamos presenciando el fin de la experiencia musical en vivo, eso acá no está en juego, sino los primeros pasos hacia una automatización de la industria del “estilo de vida”.

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