Columna de Sismología: El terremoto más grande

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El terremoto más grande de todos los que hemos registrado instrumentalmente como humanidad ocurrió el 22 de Mayo de 1960. Su historia, como él, es única.




El 22 de Enero de 1960 partió como un día bonito en el sur de Chile (desde la Araucanía para abajo). Era Domingo, así que muchas personas fueron a misa, donde se habló bastante del tremendo terremoto que había ocurrido cerca de Concepción el día anterior. Había sido un sismo de magnitud M 8.1, y la zona mostraba grandes daños. Estaba el rumor de que un geólogo que andaba por allá había dicho "tranquilos, lo peor ya pasó". Eso tenía sentido: mal que mal, un terremoto de ese tamaño es tan grande que en casi cualquier parte del mundo sería el sismo de la década o del siglo (o de la historia, incluso).

Pero Chile siendo Chile, las placas Sudamericana y de Nazca nos tenían algo preparado. Algo que nunca habíamos visto. Después de una secuencia de sismos que fueron ocurriendo cada vez más hacia la zona de Lumaco, en la Araucanía, a las 15:11 del 22 de Mayo de 1960 se desató el terremoto más grande de todos los que hemos registrado en los tiempos modernos. Algunos relatos dicen que comenzó como un movimiento lento, parecido al de un bote en el mar. Podría haber ocurrido que los primeros movimientos entre las placas fueran "lentos", hasta que ya empezó a esparcirse la ruptura. Porque acá tenemos que tener claro que este terremoto rompió la corteza en una zona de más de 1000 km de largo, por unos 250-300 km de ancho. Estamos hablando de algo brutal. Solamente para poder romper toda esa zona se necesitaron más de 5 minutos, y cada vez que se rompe algo de la corteza, se generan ondas sísmicas. Así que la cantidad de ondas que se generaron en este terremoto fueron sólo comparables con el tamaño del mismo. El suelo se estuvo moviendo por más de 10 minutos en varias zonas. ¡10 minutos! Miren esta figura, donde la zona roja es la ruptura modelada por Marcos Moreno, de la Universidad de Concepción, y sus colegas.

No solo el tamaño de la ruptura fue impresionante, sino que también cuanto se movieron las placas una respecto a la otra. Hay zonas cerca de Valdivia donde este desplazamiento fue de más de 40 metros. Algo que cuesta mucho dimensionar. Y, pese a que el epicentro del megaterremoto fue cerca de Lumaco, en tierra, la ruptura se extendió hasta bien entrado en el fondo marino. Así que naturalmente se produjo un tsunami enorme. Uno que mató personas en Japón. Su alcance fue global, como muestra esta simulación del NOAA.

En tierra, las personas hablaban de que se abrían grietas que se llevaban a los animales. Otros, de que todo se cayó. Y es que el terremoto fue tan grande y duró tanto que no es sorpresa que varios hayan pensado que realmente el fin del mundo había llegado una tarde de Mayo. Cuando ya pasó el terremoto, y cuando las olas entraron y se fueron, se pudo ver el impacto: una gran parte del sur estaba en el suelo. Vidas acabadas, ciudades casi aniquiladas, y un quiebre profundo para el país. El desarrollo de esa parte de Chile cambió para siempre.

Dos días más tarde vino la erupción del Cordón Caulle, que está en la cordillera de la Región de los Ríos. En Febrero del año siguiente, una nueva erupción del Calbuco. Y los derrumbes que se generaron por el terremoto a la salida del lago Riñihue hicieron que su nivel subiera varios metros, amenazando con generar un gran aluvión que terminaría arrasando Valdivia nuevamente. La heroica batalla para que eso no pasara, llamada Riñihuazo, es una de las mayores hazañas que hemos tenido en nuestra historia.

Casi 60 años más tarde, Chile es distinto. Tenemos mucha más conciencia de que vivimos con terremotos, pero aún nos falta. Por ejemplo, ¿sabían que se quiere construir una central hidroeléctrica en la salida del lago Riñihue? Una terrible idea, que fue rechazada por los expertos, y que hoy no tiene permiso para continuar su construcción. Preguntémonos también si acaso estamos construyendo en zonas costeras considerando que podemos tener grandes tsunamis, ¿o pareciera ser que a veces estamos esperando que el siguiente terremoto no venga, y no tengamos que ponernos a prueba como sociedad? ¿Tenemos realmente en nuestra memoria todo lo que pasó aquel 22 de Mayo de 1960, cuando un megaterremoto de magnitud M 9.5 nos recordó quien realmente manda?

Todas esas son preguntas importantes. No debemos olvidar este megaterremoto y, de hecho, el planeta no lo ha hecho. Algunas zonas de la cordillera aún se están moviendo hacia el Oeste, como si estuvieran siendo tiradas por el terremoto de 1960. Y las placas, al ver que liberaron casi toda la tensión que tenían acumulada, esperaron un tiempo para reacomodarse, volver a bloquearse, y empezar a generar tensión entre ellas de nuevo. Así, nos recordaron el día de Navidad del 2016 que había tensión que liberar, con el terremoto de Quellón. Y esa vez no solo liberaron lo acumulado desde 1960, sino que además un pequeño remanente que había quedado desde aquel evento. Hoy, en cualquier parte de la zona de ruptura del Gran Terremoto de 1960 puede armarse un terremoto de magnitud parecida a 7. ¿Lo tenemos realmente claro?

Como sea, el 22 de Mayo de 1960 marca un antes y un después. Está en nosotros seguir aprendiendo de aquella lección.

Cristian Farías Vega es doctor en Geofísica de la Universidad de Bonn en Alemania, y además profesor asistente en la Universidad Católica de Temuco. Semanalmente estará colaborando con La Tercera aportando contenidos relacionados a su área de especialización, de gran importancia en el país dada su condición sísmica.

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