Jeffrey Sachs: “Necesitamos elevar nuestro comportamiento ético y el compromiso con el bien común”

Crédito: AFP

El académico de la Universidad de Columbia es uno de los economistas más influyentes del mundo y un experto en desarrollo sostenible y pobreza. Su nuevo libro Las eras de la globalización, fue publicado en plena pandemia y mientras Estados Unidos ya vivía los conflictos raciales provocados por la muerte de George Floyd. Pese al sombrío panorama, el investigador confía en el potencial de la cooperación global para salir adelante.




En el Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, cuyo Centro de Desarrollo Sostenible (CSD) dirige el reconocido economista Jeffrey Sachs, se analizan algunos de los más complejos desafíos que debe enfrentar el planeta y sus habitantes: desde los sistemas climáticos al abastecimiento de agua, la continua expansión urbana y la situación de la religión y la pobreza en todos los continentes.

La misión del organismo que lidera el investigador estadounidense (65) abarca iniciativas en áreas tan diversas como la educación, las temáticas de género y una que hoy acapara la atención de miles de millones de personas producto de la actual pandemia: las enfermedades y sus diagnósticos. De hecho, los expertos del CSD desarrollan proyectos que buscan, por ejemplo, reducir la mortalidad de la malaria, el sida, la tuberculosis y varias patologías tropicales que pasan más bien desapercibidas. Precisamente, la propagación del Covid-19, un virus desconocido hasta hace algunos meses, terminó marcando el lanzamiento del libro más reciente de Sachs: The Ages of Globalization (Las eras de la globalización).

En el texto, publicado además cuando ya se habían desatado las protestas por la muerte del afroamericano George Floyd a manos de la policía de Minneapolis, el investigador y asesor de Naciones Unidas traza un recorrido por un terreno amplio: la historia de los humanos desde hace 70 mil años hasta ahora. Su exploración sigue las numerosas complejidades del proceso de globalización y la capacidad de este fenómeno para mejorar la condición humana y, al mismo tiempo, generar amenazas como la rápida expansión de un virus que en sólo unas semanas se extendió hasta sumar más de siete millones de infectados y una cifra de muertos que ya supera los 400 mil.

“La epidemia del Covid-19 golpeó cuando este libro iba a las prensas. Un fenómeno sumamente global -una enfermedad pandémica- estaba provocando repentinamente las más locales de las respuestas: cuarentenas, clausuras de vecindarios y el cierre de fronteras y de comercio. En sólo tres meses, el virus se propagó desde Wuhan, en China, a más de 140 otros países. En el siglo XIV, la plaga bubónica esparció la peste negra desde China en el curso de dieciséis años, entre 1331 a 1347. En nuestra época, el patógeno llegó en cosa de días y a través de vuelos sin escalas desde Wuhan a Roma”, escribe Sachs en la introducción de The Ages of Globalization.

"En sólo tres meses, el virus se propagó desde Wuhan, en China, a más de 140 otros países. En el siglo XIV, la plaga bubónica esparció la peste negra desde China en el curso de dieciséis años, entre 1331 a 1347. En nuestra época, el patógeno llegó en cosa de días y a través de vuelos sin escalas desde Wuhan a Roma”, escribe Sachs.

Sachs -uno de los mayores expertos en desarrollo económico, profesor en Harvard antes de llegar a Columbia y quien ha aparecido dos veces en la lista de los 100 líderes más influyentes del mundo que publica la revista Time- siempre ha tenido una mirada con perspectiva internacional. Por ejemplo, un libro de 1993 titulado Macroeconomía en la economía global, escrito junto al economista chileno y exministro de Hacienda Felipe Larraín -a quien en un libro posterior llamaría uno de sus “compañeros de toda la vida en incursiones intelectuales”- se presentaba como el primer texto de macroeconomía moderna enfocado en la economía del mundo y no sólo en la de un país.

Esa perspectiva también cruza las páginas de su más reciente obra, donde plantea que la historia de la globalización es un relato de “gloriosos logros humanos, crueldades y daños autoinfligidos, y de las grandes complejidades de alcanzar el progreso en medio de las crisis”. Para él, este proceso involucra un complejo cruce de geografía, instituciones humanas y conocimiento técnico. “El Covid-19 es al mismo tiempo un fenómeno físico, un intruso repentino en nuestra política y vida social y un objetivo de descubrimiento científico. Por lo tanto, es el tipo de fenómeno de globalización que ha sido parte de la experiencia humana desde el inicio de nuestra especie”.

- Estados Unidos parece estar muy golpeado por la pandemia. Millones de personas están perdiendo sus empleos y más de cien mil ya han fallecido. ¿Cómo es la situación actual de su país?

-Es muy grave, especialmente porque el presidente Donald Trump es un sicópata que intenta mantenerse en el poder por cualquier medio posible, incluida la ley marcial. Es el peor presidente de la historia de Estados Unidos y un grave peligro para el país y para el mundo.

-El coronavirus ha generado la peor crisis económica en décadas, mientras que las tasas de desempleo son históricas en muchos otros países. ¿Tiene sentido recordar la crisis de 1929?

-Sí, así es. Nos dirigimos hacia una gran depresión debido a la sorprendente incompetencia e impiedad de líderes como Trump, Bolsonaro y otros.

Foto: Universidad de Columbia

- Las formas más efectivas de controlar la emergencia sanitaria, como cierres y cuarentenas, profundizan eventualmente la crisis económica. ¿Es posible separar el problema de salud del económico?

-La pandemia debe controlarse ante todo mediante medidas de salud pública: test, rastreo y aislamiento de las personas infectadas, y distanciamiento físico, utilizando mascarillas y lugares de trabajo y espacios públicos seguros. Estos son métodos mucho más eficientes que los cierres generales de la economía, pero las medidas sanitarias públicas requieren sistemas de salud pública intensivos y altamente profesionales.

-Con el fuerte impacto de la pandemia en cuanto a vidas y trabajos perdidos, Estados Unidos probablemente estaba listo para explotar incluso antes de que George Floyd fuera asesinado. ¿Fue la chispa necesaria para encenderlo?

-La verdadera chispa es la crueldad de Trump. Él quiere una crisis creciente para obtener más poderes de emergencia.

Oportunidades desperdiciadas

La pobreza, por supuesto, no es un problema reciente y ha sido un asunto apremiante por varias décadas. Muchos de los llamados países en vías de desarrollo en realidad no siguen plenamente ese camino y presentan grados sorprendentes de desnutrición, enfermedades y adquisición de habilidades básicas. Incluso en una nación poderosa como Estados Unidos cifras de ProLiteracy indican que hay 36 millones de adultos que no pueden leer, escribir o realizar cálculos matemáticos a un nivel superior que el de un niño de tercer grado. Y en Chile, según datos de la Casen 2017, son cerca de 600 mil personas mayores de 15 años que en plena era digital no saben leer ni escribir.

“La verdadera chispa es la crueldad de Trump. Él quiere una crisis creciente para obtener más poderes de emergencia”.

Esta realidad no es una preocupación nueva para Sachs, quien se ha dedicado a analizar las economías de los países emergentes durante buena parte de su carrera. Ese afán lo ha llevado a recorrer desde las zonas más opulentas hasta las pobres, con un especial énfasis en estas últimas. Por eso ha visitado numerosas veces distintos rincones de América Latina y África. Incluso, en 2005 la cadena MTV emitió un documental titulado El diario de Angelina Jolie y el doctor Jeffrey Sachs en África, donde se relataba la visita de la actriz y el economista a una serie de villas experimentales que el investigador instaló en Kenia para intentar sacar a la gente de la miseria.

De hecho, el libro que lo hizo más conocido fuera de la academia y que tiene un prólogo de Bono, vocalista de U2, fue El fin de la pobreza (2005). Allí abría una nueva perspectiva al problema al sugerir que todos los días, los principales periódicos podrían tener como titular: “Más de 20.000 personas murieron ayer de extrema pobreza”. También planteaba que esa precariedad, definida como vivir con menos de un dólar por día, podría estar erradicada en un par de décadas si se implementaba una serie de programas de ayuda. Una meta que, ante el intempestivo efecto del Covid-19, parece tambalear seriamente.

-¿La pandemia está ampliando la brecha entre personas ricas y pobres dentro de los países?

-La pandemia está aumentando considerablemente la desigualdad, y los estadounidenses más ricos como Bezos y Zuckerberg se están volviendo aún más ricos.

-¿La crisis sanitaria también está ampliando la brecha entre países ricos y pobres? ¿Cómo afectará a los países de ingresos medios y a los más desarrollados?

-La pandemia dará un impulso a Asia Oriental, incluida la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (Asean), y hará retroceder a gran parte de América Latina y los Estados Unidos.

-¿Puede ser la pobreza tan mortal como una enfermedad?

-La pobreza mata, a través de la enfermedad, la desnutrición, la violencia y la desesperación.

“La pandemia dará un impulso a Asia Oriental, incluida la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (Asean), y hará retroceder a gran parte de América Latina y los Estados Unidos”.

-En El fin de la pobreza usted afirmaba que la indigencia era una escalera que había que subir y que se podía erradicar para 2025. Hoy la escalera se ha vuelto muy empinada. ¿Sigue siendo posible ese objetivo?

-Como de costumbre, el mundo ha desperdiciado tantas oportunidades para ayudar a los pobres y ahora la pandemia y su mala gestión en Estados Unidos, Brasil y otros lugares harán que la pobreza se vuelva mucho peor. No, ahora no podemos terminar con la pobreza para 2025 y ni siquiera para 2030. Sin embargo, debemos mantener la batalla contra la miseria, incluyendo el rechazo de políticos codiciosos, narcisistas y crueles como Trump.

-¿Cómo ve el panorama en América Latina? ¿Gris o definitivamente negro? Venezuela profundiza sus problemas y los de México también parecen agravarse.

-Lo veo muy mal, porque Estados Unidos está tratando de destruir a Venezuela para derrocar a Maduro; Bolsonaro está arrasando con su propio país, y López Obrador, o AMLO, es incompetente. ¡Está tratando de rescatar a Pemex, por el amor de Dios! Muchos otros países están en una profunda situación de pobreza, cambio climático y ahora enfermedad epidémica.

-Argentina, por otro lado, parece haber tenido un buen desempeño frente al coronavirus, pero a costa de, una vez más, entrar en cesación de pagos...

-Argentina ha hecho una oferta inteligente y equilibrada de reestructuración de la deuda a los acreedores, que no fueron lo suficientemente inteligentes como para aceptarla. Los acreedores se darán cuenta en los próximos meses, a medida que la profundidad de la crisis global llegue a ser más clara.

-¿Y lo que sucede en Chile, que venía de un período de fuertes protestas previas a la llegada de la pandemia?

-Chile está luchando por contener la epidemia y esa es, por mucho, la más alta prioridad ahora.

“Chile está luchando por contener la epidemia y esa es, por mucho, la más alta prioridad ahora”.

Globalización y colaboración

A pesar de las perspectivas más bien sombrías que ve hacia el futuro, Sachs tiene esperanzas en un futuro mejor y así lo ha planteado en sus libros más recientes. En The Ages of Globalization ve la historia de la globalización a través de siete eras que abarcan un conjunto de transformaciones en áreas como la geografía física, la tecnología y las instituciones. La primera es la paleolítica, cuando los humanos todavía eran recolectores. Luego vinieron la neolítica, época en que comenzó la agricultura; la ecuestre, que trajo la domesticación del caballo y el desarrollo de la protoescritura que permitió el comercio y las comunicaciones a larga distancia; la clásica, cuando surgieron los grandes imperios; la oceánica, en la que los imperios se expandieron por los mares; la industrial, donde algunas sociedades marcaron el comienzo de la economía industrial; y la digital, que abarca desde el año 2000 en adelante y que hizo que casi todo el mundo estuviera interconectado instantáneamente. Cada edad le permite al economista sacar algunas lecciones y, aunque la era actual aún está en desarrollo, Sachs cree que pueden existir nuevas formas de cooperación internacional que se hacen aún más necesarias en tiempos de pandemia.

En su libro previo, A New Foreign Policy (2018), el académico delineaba una especie de hoja de ruta sobre cómo Estados Unidos podría estar a la cabeza de iniciativas urgentes de colaboración global -como la reducción de la pobreza y el ecologismo- si disminuye sus inversiones militares. Sachs presentaba varios argumentos contra la intersección del militarismo y el “excepcionalismo” estadounidense, es decir, la idea de que el orden mundial requiere que ese país use regularmente la fuerza en el extranjero para que la sociedad internacional no caiga en el caos.

También exploraba la idea de China y Rusia como “amenazas”, lo que adquiere nuevos aires tras la aparición del coronavirus: el presidente estadounidense Donald Trump ha dicho que China creó deliberadamente el virus, lo que a su vez lo ha llevado a enfrentarse en varias ocasiones a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Primero suspendió la financiación y recientemente anunció la ruptura de todos los lazos con la institución, porque “China tiene control total sobre ella”. Además de la geopolítica, el nuevo libro de Sachs también toca el tema de la ayuda externa que entrega Estados Unidos, la cual califica como desequilibrada e insuficiente. Incluso menciona una cifra: el presupuesto total de ayuda del país equivale a aproximadamente dos semanas de gasto del Pentágono.

Gabriella Martino

-El “excepcionalismo” estadounidense que analiza en su libro, ¿ha adquirido un matiz más intimidante durante la actual administración?

-Trump ha empoderado a los extremistas nacionalistas blancos en Estados Unidos y alimenta la arrogancia del poder norteamericano. Él está tratando deliberadamente de crear una nueva guerra fría con China, una estrategia muy peligrosa y equivocada.

-¿Hasta qué punto Trump podría estar usando la crisis del coronavirus como una forma de lidiar con su idea de que China es “un poder peligrosamente expansionista”?

-Obviamente, él está manipulando la crisis para tratar de atacar a China y alinear a otros países contra esa nación. Creo que el esfuerzo está fracasando, porque el mundo puede ver claramente cuán peligroso y destructivo es Trump.

-En su libro también señala que la ayuda exterior de los Estados Unidos es un asunto que está muy desequilibrado…

- Estados Unidos ha, básicamente, detenido la mayor parte de la ayuda externa, excepto como herramienta de manipulación. Hay pocas excepciones, por desgracia, y Trump odia la idea misma de la ayuda externa.

“Trump ha empoderado a los extremistas nacionalistas blancos en Estados Unidos y alimenta la arrogancia del poder norteamericano. Él está tratando deliberadamente de crear una nueva guerra fría con China, una estrategia muy peligrosa y equivocada”.

En The Ages of Globalization analiza y saca lecciones de las siete eras que identifica. ¿Cuáles son los mayores peligros que debe enfrentar la época en que vivimos?

-Nuestra era enfrenta cuatro grandes trastornos. El tecnológico, a medida que avanzamos hacia la era digital; el geopolítico, a medida que pasamos del predominio de los Estados Unidos a un mundo multipolar; el ambiental, ya que enfrentamos las crecientes amenazas y daños causados por la contaminación, la destrucción del ecosistema y el cambio climático; y ahora, el de esta pandemia y otras que seguirán. Manejar estos trastornos de manera pacífica, cooperativa y para el bien común global, en lugar de para los ricos y poderosos, es nuestro gran desafío. Para eso, los conceptos de desarrollo sostenible y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), así como el Acuerdo Climático de París, son vitales.

-Por otro lado, usted parece optimista y cree que se puede superar ese pesimismo de Malthus, quien incluso pronosticó la extinción de la especie humana.

-Tenemos los medios tecnológicos para abordar nuestros problemas y, por lo tanto, crear un mundo de prosperidad, justicia social y sostenibilidad ambiental. Mi optimismo, de esa manera, está basado en lo que podemos lograr si cooperamos. Necesitamos urgentemente elevar nuestro comportamiento ético y el compromiso con el bien común, así como nuestro reconocimiento de los intereses comunes de la humanidad en todo el planeta.

-Estados Unidos y otros países europeos apuntan a una pronta apertura económica. ¿Qué piensa sobre esa estrategia?

-No puede haber una apertura económica si la pandemia aún continúa en pleno vigor, como ocurre en Estados Unidos. Ahora Estados Unidos está en una batalla campal, debido a la brutalidad policial, el racismo y la crueldad de Trump. Este será un período muy difícil para el país, y el presidente tratará de convertirlo en algún tipo de régimen de emergencia o incluso de ley marcial.

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