Columna de Constanza Michelson: Nadie sabe para quién trabaja

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Para evitar mezquindades como la brecha salarial tendría que existir una ley. Sorpresa: en Chile hay una. No lo sabían siquiera compañeras activas en el reclamo.



¡Muerte a la brecha salarial! La cantamos, la gritamos, esta consigna la sacamos en cuanta discusión aparezca sobre igualdad de género. Y seguramente, por más indignación con la que la lancemos a nuestros interlocutores, encontraremos una amplia coincidencia: aún no me topo con nadie que diga que las mujeres tenemos que ganar menos que un hombre en el mismo puesto de trabajo, así porque sí, sólo por ser mujeres.

Curiosamente, aunque exista un acuerdo generalizado, es fácil verificar que igual las mujeres ganan menos, que hay pocas en cargos altos y bla, bla, bla, todo eso que repetimos como loro. ¿Y entonces? Será que alguien se está haciendo el tonto y dice que pagará lo mismo y, sin embargo, no lo hace. Supongo que quien siempre quiere pagar menos lo hará con quien pueda, con el más desinformado, con el más vulnerable, no necesariamente con las mujeres. Como sea, para evitar este tipo de mezquindades entonces tiene que existir una ley.

¡Una ley! ¡Una ley!

Y, ohhh, sorpresa. En Chile existe una ley. Se promulgó el 2009, la Ley 20.348 que establece que "el empleador deberá dar cumplimiento de igualdad de remuneraciones entre hombres y mujeres que presten un mismo trabajo". Reconozco que no tenía idea. Y algo peor, no me lo había preguntado, no al menos con la seriedad que requiere hacer el trabajo de averiguar. Me costó encontrar a alguien que lo supiera, incluso en compañeras informadas y activas en el reclamo. No digo que una ley vaya a cambiar toda una inercia cultural, pero saber que existe implicaría tener una herramienta bajo la manga. ¿Por qué no está, por ejemplo, Comunidad Mujer o alguna otra representante de nuestros intereses explicando esta ley?

Quizás esta es una de esas situaciones donde algo nos importa mucho, y nos vivimos quejando, pero que en algún recóndito lugar de nuestra personita interna hay alguna contradicción que no nos permite resolverla. Cuando eso ocurre es porque hay otras razones, menos reconocibles, que van a contracorriente.

Sospecho que una de las fuerzas que corre en dirección contraria en el asunto de la brecha salarial, que tiene que ver con los significados que se le han asociado al dinero. Aún en tiempos de liberaciones varias, la plata sigue teniendo una mordaza conservadora: es feo hablar de plata y poco conveniente verse demasiado interesado en este ítem. Hay un código tácito que habilita a algunos a habitar ese espacio "sucio", pero conveniente. Mientras que de otras actividades se espera una especie de moral más noble. Vaya trampa.

Así como muchos de los que hacen trabajo creativo, convencidos de que lo hacen por amor al arte, quedan esclavos de los "favores"; en las mujeres recae la idea de que hay cosas que sólo se hacen por amor, si una es una mujer decente. Se asume con demasiada prisa que el cuidado del familiar enfermo corre por cuenta nuestra. La arista política y social de cuestiones tan relevantes como la reproducción de la especie, quedan eclipsadas en blogs de maternidad donde peleamos por quién es mejor mami. Incluso los trabajos relacionados al cuidado suelen ser mal pagados, como si se sostuvieran por buena voluntad, por "vocación".

Claro que hay cosas que se hacen por amor. Pero quienes las realizan también deben garantizar su jubilación. Al final, hay una idea del amor que puede ser perversa, porque hace que algunos (especialmente algunas) se hagan cargo individualmente de lo que le atañe a toda la tribu. Trampa que es la aliada silenciosa de la economía.

¡Reeducación financiera-sentimental!

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