Lotty Rosenfeld: "Mi obra sigue siendo una advertencia contra el autoritarismo"

La artista de 76 años, conocida por integrar el grupo CADA en los 70, tiene una vasta trayectoria de arte político que la ha llevado a la Bienal de Venecia y la Documenta Kassel. Hoy es candidata al Premio Nacional de Arte.


Fue un gesto simple, poético y cargado de simbolismo político que marcaría para siempre la obra de Lotty Rosenfeld (1943). En diciembre de 1979, la artista intervino la avenida Manquehue, agregando líneas blancas horizontales sobre las verticales que dividen las pistas de los autos. La artista registró en video y fotos su acción Una milla de cruces sobre el pavimento, que se convirtió en su obra icono y que reeditaría por 40 años en lugares históricos vinculados al poder: frente a la Casa Blanca en Washington, el Allied Checkpoint en Berlín y el Arco del Triunfo en París.

En forma paralela, entre 1979 y 1985, Rosenfeld integró el Colectivo de Acciones de Arte (CADA) junto al artista Juan Castillo, los escritores Diamela Eltit y Raúl Zurita y el sociólogo Fernando Balcells, con quienes realizó una serie de performance en el espacio público que provocaron un quiebre en la producción tradicional del arte local y enfrentaron la represión del régimen.

La artista de 76 años trabaja sin pausa, a pesar del cáncer al pulmón que la aqueja hace más de un año. Sin ir más lejos, en 2018 intervino con sus cruces la Puerta de Alcalá en Madrid y el Coliseo en Roma, y en julio próximo Ediciones Puro Chile publicará una monografía sobre su obra. Por estos días un grupo de artistas, curadores y críticos lanzaron su candidatura al Premio Nacional de Arte (ver recuadro), que en 2017 recibió la fotógrafa Paz Errázuriz.

La cruz es un símbolo de su obra ¿Por qué lo elige?

Estaba buscando una señal en el espacio público que me permitiera trabajar con la obediencia irreflexiva frente al orden establecido, intervenir el signo me permitió evidenciar una de las formas cotidianas en que opera el poder. Lo que menos se ve es lo que está más presente. He insistido en mi trabajo sobre la circulación de los discursos con que se ordena a los cuerpos individuales, haciéndolos políticamente sumisos. No solo me he inclinado en las calles para marcar el + sino que también mi producción de video, que ha sido intensa, ha incorporado los conflictos de la obediencia. Hoy el neoliberalismo promueve formas de arte que tienden al espectáculo, pienso que lo productivo es poner en el espacio público producciones artísticas incómodas a las operaciones de mercado.

¿Cree que su obra habría existido sin el contexto de la dictadura?

La intervención al signo de tránsito es un primer gesto concreto de desacato a la dictadura, pero mi trabajo viene de antes y se proyecta con posterioridad al contexto dictatorial.

En el CADA, Rosenfeld participó de osadas acciones que si bien duraban solo algunas horas, la logística de ellas podía demorar meses. Entre ellas estuvo Inversión de Escena (1979), en la que ocho camiones de la empresa Soprole se estacionaron frente al Museo de Bellas Artes mientras el grupo clausuraba el museo, o ¡Ay Sudamérica!, en la que seis avionetas sobrevolaron Santiago y lanzaron textos políticos. "Conseguimos una entrevista con el gerente de Marketing de Soprole y lo convencimos primero de que los camiones debían ir en fila y de que nuestro proyecto le traería beneficios publicitarios. Nosotros celebraríamos con el blanco y la pureza de la leche los 100 años del museo", cuenta.

Pero la artista no solo ha hecho performance. Tiene una destacada obra en video, en la que ha usado archivo visual y testimonios sonoros, exhibidos al igual que el registro de sus acciones y en lugares tan relevantes como Documenta Kassel (2007) y la Bienal de Venecia (2015). Ese mismo año, algunas de sus obras entraron a la colección de la Tate Gallery, el Museo Guggenheim de Nueva York y el Malba de Argentina.

Pareciera que hoy no se valora tanto el archivo ante la invasión de imágenes, ¿qué opina usted?

Eso no es así. El archivo es todo lo que tendremos. Habrá que aprender a distinguir entre imágenes basura y testimonios de vida. He sido una gran recolectora de testimonios visuales e incluso me he permitido recurrir a la piratería. En dictadura , antes de la era digital, grababa directamente con una cámara los noticiarios TV a los cuales se tenía acceso. En la actualidad accedo a través de YouTube. La abundancia actual es un estímulo que agudiza la necesidad de reconocer lo real en el mar de las ficciones de Internet. He tenido que aprender a moverme en la sobre abundancia de imágenes, capturándolas y editándolas para mi producción visual.

¿Siente que ha pasado de la disidencia a ser parte de un canon?

Me siento parte de una gran trayectoria en el arte crítico pero de ninguna manera de un canon. Que algunos museos hayan adquirido mis obras no cambia el hecho de que mi trabajo se resiste a toda normalización. Mi obra sigue siendo una advertencia en contra del autoritarismo y de la explotación. La evolución de mi trabajo es la que corresponde a las amenazas tecnificadas de la represión.

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