Hernán Loyola: "El feminismo ataca a Neruda porque la demanda tiene más resonancia"

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El especialista en la obra del escritor publica el libro Los pecados de Neruda. Sin reparos se refiere al "poeta machista", al "poeta violador", al "poeta mal padre" y al "poeta mal marido".



Siendo un veinteañero Pablo Neruda llegó al lejano Oriente. Era el nuevo cónsul. En 1928 tuvo una historia de amor con Josie Bliss, en Rangún, a quien llamó su "pantera birmana". Un año después, en 1929, recién instalado en Ceylán vivió una experiencia sexual con una mujer que hacía la limpieza.

"Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama", escribió Neruda 40 años después en sus memorias Confieso que he vivido (1974). "El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme", anotó.

El romance con Josie Bliss inspiró poemas como "Tango del viudo", ("Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia") y es la base de la nueva novela de Jorge Edwards, titulada Oh, maligna.

Pero el hecho relatado en sus memorias sobre "la bella tamil" ha estado más cerca del escándalo, desde que en 2013 un periodista español difundiera la historia del poeta como La violación de Neruda, dando "pasto al antinerudismo internacional", según Hernán Loyola (89).

El especialista en la obra del Premio Nobel de Literatura 1971, se refiere a este y otros asuntos en Los pecados de Neruda. En el volumen, enumera ocho pecados, donde sobresale el "poeta machista", el "poeta violador", el "poeta mal marido" y el "poeta mal padre".

"Neruda no necesita abogados", señala Hernán Loyola, quien hace 45 años vive en la isla de Cerdeña, Italia, y por lo menos una vez al año visita Chile. Loyola, a cargo de los cinco volúmenes de las Obras completas de Neruda editadas por Galaxia Gutenberg, también es autor de Neruda, la biografía literaria (2006) y El joven Neruda (2014).

Usted dice en el libro que las denuncias "a los pecados" de Neruda abundan al menos "desde comienzo de los años 30".

Desde que vuelve a Chile de Oriente. Ya sabemos que ese viaje tuvo bien poco de glorioso, pero le creó un aura. Neruda tenía noción del sentido de la presentación del espectáculo de sí mismo. Él era un hombre muy honesto, por ejemplo, nadie entendió a Vicente Huidobro como Neruda. Incluso escribió una defensa donde, a su vez, muestra su diferencia. En cambio Pablo de Rokha sí fue un enemigo.

Sobre las nuevas generaciones señala una reacción "contra un monstruo sagrado". Pero, literariamente, es normal querer matar al padre...

Sí, eso es verdad. Es comprensible, por un lado, la indiferencia inducida quizá por los medios de comunicación, a través de ataques que, paradójicamente, tienen con vida a Neruda, quien murió hace 46 años. Entre los jóvenes, me parece que hay una indiferencia porque no lo conocen. A lo más les interesa el tema del poeta violador. Sobre ese tema, incluso creo que las mujeres están más dispuestas a entender lo que pasó.

Con cierta ironía, Ud. habla de la "severa fiscalía feminista"...

El feminismo cuando asume esta bandera del antinerudismo es porque ignora la verdad. Y es porque no han leído a Neruda y su contexto incluyendo que los hechos criticados ocurrieron la primera mitad del siglo XX. Incluso yo coloco en el libro otros versos de El hondero entusiasta, que en apariencia, son mucho más machistas. Yo tiendo a creer que atacando a Neruda se ataca a un personaje de gran estatura, por lo tanto la demanda tiene más resonancia.

Y el episodio puntual de la violación, ¿cómo lo interpreta?

Hay varios factores. El estudioso de Neruda, Alain Sicard, dice que una de las claves de su poesía es la sensualidad. Y en lo que Neruda relató no hubo violencia, como escribió Claudia Donoso, en The Clinic, "se le disparó una calentura exótica". Se le disparó su deseo de contacto sexual que le faltaba en ese momento. Pero él lo confiesa sin atenuante alguno. No se justifica. Sí se lee bien ese episodio, el centro no está en la confesión, sino en la exaltación del relato.

¿Cree que él fabuló los hechos?

No creo que él los exagere, pero sí los idealiza. Esto ocurrió tras la lectura de Leonard Woolf (estuvo en Ceylán poco antes que Neruda), entonces recordó el episodio y lo escribió como un signo de honestidad. Creo que él, en un asunto tan delicado, hace una autocrítica al contarlo.

¿Neruda fue un poeta infiel?

Claro, él fue infiel, pero usando la dicotomía de García Márquez, fue un poeta leal. Fue infiel, pero fue leal con todas sus mujeres. Con Maruca (María Antonieta Hagenaar) vivió seis años y cuando llegaron a Chile lo hacen de una manera casi miserable, pero él jamás dejó de cumplir. Fue responsable. Incluso en sus últimos años cuando Neruda entabla una relación con Alicia, sobrina de Matilde, quien era muy celosa. Pero si Matilde hubiese fingido, habría ganado esa pelea.

La holandesa Hagar Peeters, autora de la novela Malva, estuvo en Chile y dijo que "Neruda escogió ser un escritor en vez de un padre"...

Lamentablemente su libro es malo. Pero sabes que Neruda quería ser padre y su drama reside en eso. Malva Marina nació en 1934 y en 1935 todo es magnífico para él. Ese año recibió el homenaje de los poetas españoles en Madrid y asistió al Congreso de escritores en París. Neruda tenía una idea grandiosa de sí mismo, pero también se ponía en duda. Y apareció su fragilidad con respecto a lo ocurrido a su hija.

En algunas semanas el juez Mario Carroza debería dar un resultado de la investigación sobre la causa de muerte de Neruda...

Yo creo que Neruda murió de cáncer, pero no excluyo que apresuraron su fallecimiento, dado los antecedentes del asesinato del ex Presidente Eduardo Frei Montalva. El Golpe militar lo destruyó. Además que, objetivamente, le impidió continuar con su terapia. A fines de agosto de 1973, tuve la ocasión de conversar con uno de los médicos del equipo del doctor Roberto Vargas Salazar, que lo trataba, y le pregunté cuánto tiempo de vida le queda a Pablo. Me dijo, sinceramente, yo le pronóstico cinco años de vida. Murió un mes después.

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