Un charango, un tenedor y una canción inesperada: Gepe cuenta la historia de Audiovisión

Gepe. Foto por Payo.

El tercer álbum del músico sanmiguelino, editado en septiembre de 2010, resultó un momento decisivo. No solo porque abrazó de forma definitiva la canción pop, sino que en el proceso afianzó ciertas decisiones y métodos que resonaron en sus trabajos siguientes. De la historia tras la fantasía andina de “Alfabeto”, al pop de “Lienza”, el músico detalla a Culto la trastienda de un álbum que define como “punto de inflexión” en su carrera.



Entre barricadas y rondas de gas lacrimógeno, un joven Daniel Riveros (Gepe, para el resto del mundo) intenta trasladar sus cajas con ropa, instrumentos y equipos desde la casa materna a su nuevo hogar. “Era el día del joven combatiente y estaba la cagada en la calle -recuerda al teléfono con Culto-. Yo vivía con mi mamá hasta el 2007 y ese día me cambié desde San Miguel al centro”.

Ese mismo año, el músico lanzó su segundo álbum, Hungría, el que contribuyó a reforzar su posición como figura de una nueva generación de músicos chilenos que abrazaron al pop sin tapujos. Contrario a lo que suena, el título no tiene nada que ver con el país europeo; se inspiró en la idea de “un nombre que sonara como de una tía, como medio antiguo”. Poco a poco, la difusión de su trabajo le permitió al sanmiguelino hacerse de una intensa agenda de presentaciones en vivo. Incluso en lugares insospechados.

“El embajador de Hungría me empezó a escribir, a raíz de ese disco, incluso me invitaba a los eventos de la embajada -recuerda Gepe-. Una vez incluso fui invitado a La Moneda por Michelle Bachelet para recibir al presidente de Hungría (ríe), lo más ridículo y bacán que me ha pasado en la vida. Y ahí estaba el embajador de Hungría presentándome al presidente, yo chamullando inglés, una cosa absurda”.

Gepe. Foto por Payo.

Aprender el alfabeto

Con el escollo del segundo disco salvado con total aplomo y un cancionero que poco a poco se colaba con frecuencia en las radios, Gepe publicó su tercer álbum, Audiovisión, el 7 de septiembre de 2010, cuando “Teenage Dream” de Katy Perry reventaba el Billboard Hot 100. Sus doce canciones surgieron tras dos largos y fatigosos años en que el artista debió bregar contra el tiempo que le consumía su mayor presencia en los escenarios, y a la vez, una inquietud artística que se esforzó por encauzar en una propuesta atractiva.

“Un día pensaba que debía sonar de una manera, pero al otro, que iba para otro lado”, recuerda. Por ello, en un momento apostó por trabajar un revoltijo de estilos. Esa idea se escucha en el EP titulado Las Piedras, que el artista editó en 2008. “Ese si que es gimnasia estilística -recuerda-. Es cualquier cosa básicamente; unos temas grabados de forma más casera, otros más producidos. Fue como un ensayo de disco, diría yo”.

Pero las vueltas, como dice el aforismo, siempre dejan. En esas sesiones, trabajó por primera vez junto a un nombre que resultó clave en el trabajo de Audiovisión: Cristián Heyne. Un productor cuyo nombre se repite en los créditos de varios discos de pop chileno desde fines de los noventas (de Glup! a Javiera Mena).

Cristián Heyne

“En 2005 él me escribió -recuerda Gepe-. Me dijo que le había gustado mi EP 5x5 y me preguntó si podía llevarle una copia, y a cambio, él me pasaba su disco, La Rata [firmado como Shogún]. Y así lo hice, un día fui a su estudio que quedaba en Pedro de Valdivia. Pero cuando nos conocimos más fue por el Esquemas Juveniles, de la Javiera [Mena], donde yo toqué la batería. Ahí llegué y hubo buenas migas. De allí no nos separamos más”.

Poco a poco, el artista comenzó a componer canciones para su nuevo disco. Aunque habitualmente ocupa la guitarra y el piano, el punto de partida para la primera composición fue un charango. Así nació “Alfabeto”, una pieza clave en la discografía del artista. “Alguien fue a mi casa, se le quedó y ahí lo agarré -recuerda-. Llegaron primero los acordes. Estaba pensando en la canción ‘Águila Sideral’ de Los Jaivas, que me encanta, tiene esa cosa como abstracta y andina al mismo tiempo”.

Una vez que enganchó con la fibra que le evocaba aquella memorable melodía contenida en los surcos de Alturas de Macchu Picchu, el cantautor simplemente se dejó llevar. Con más intuición que razón, buscó acordes y melodías. “Ese charango lo toqué para el lado derecho, pero yo habitualmente toco para el lado izquierdo. Ya se me olvidó cómo tocarla, porque eran unas posturas bien raras, ahora no la podría tocar en charango así fácil, me demoraría un rato”.

Además de los instrumentos musicales, Gepe comenzó a construir su nuevo material en el computador gracias a un software de producción musical, muy común entre los músicos del nuevo siglo. “En ese tiempo ocupaba mucho Windows, ahí tenía el Fruity Loops y la primera canción que compuse ahí fue ‘Alfabeto’”, recuerda. “Es un programa que ocupan todos los traperos y reggaetoneros, tiene un botón genial que se llama Swing, que hace que todo tenga más onda, te pone los espacios que tiene el reggaetón, ese aire”.

Pero no resultó fácil definir la identidad de las canciones que se incluyeron en Audiovisión. Al final, el tiempo y la charla constante con Heyne -en su estudio de paredes color negro ubicado en un subterráneo de Ñuñoa- resultaron decisivas. “Yo decía, no pos, ‘Victoria Roma’ debería sonar como ‘All Tomorrow’ s Parties' de los Velvet Underground, y terminó como más electrónica. Entonces nos permitimos mucho tiempo para ese viaje y que bueno que el Cristián tuvo todo ese tiempo para dárselo”.

La misma “Alfabeto” -cuyos primeros demos datan de 2007-, se definió por un proceso de ensayo y error que dejó ciertas enseñanzas al músico. “Es una canción muy abstracta entonces era difícil hacerla más sencilla -afirma-. Al principio la tenía programada entera en Fruity Loops, de hecho el charango era una arpa digital y después de muchos meses cachamos con el Cristián que era mejor hacerla con charango. Si iba a hacer andina, hagamos Gepe andino y chao”.

No lo olvidó. La decisión de abordar las canciones sobre estilos específicos se repitió en trabajos posteriores. “Por ejemplo, en Estilo Libre, estaba ‘Invierno’ que sonaba como bachata, entonces hagámosla como bachata, vamos a buscar un loco que toque bongos como bachata, y así. Eso fue lo que descubrí”.

Como esas ideas que surgen en los momentos inesperados, la decisión de usar el charango llegó una noche en que la ciudad descansaba de la rutina. “Eran como las tres de la mañana, estábamos en el estudio y ahí resolvimos grabar sin programación -rememora el cantautor-. Entonces yo no tenía un charango a mano, tampoco el Cristián. Lo único que había era una mandolina, y así la grabé. Le busqué los acordes y eso fue lo que quedó”.

Una vez que escucharon el resultado se dieron cuenta que, por fin, tenían lo que andaban buscando. Y claro, a la manera de un apostador que encuentra un truco ganador, esa noche acometieron más ideas. “Después nos entusiasmamos y queríamos grabar la batería, porque tenía la mía ahí, pero no tenía baquetas y en el estudio tampoco había. Entonces ocupamos un tenedor y un cuchillo, porque no teníamos otra. Funcionó y quedó”.

Gepe-Home

“Eso es pop”

Fue una mañana en que Gepe, como de costumbre llegó temprano al estudio. “Generalmente llego puntual a los lugares, pero Cristián Heyne nunca llega a la hora -recuerda-. Entonces empecé a guitarrear. Ya tenía el demo de ‘Un día ayer’ solo con el verso y el coro nomás. De repente él llegó sin avisarme, me escuchó y me dijo: ¡Graba eso! ¡graba esa hueá, es pop!”.

El músico se sorprendió. No estaba tan convencido, al fin y al cabo la composición se desplegaba en un territorio nuevo para él. “Era la primera canción de amor real que hacía”. Finalmente, tras la feroz insistencia de Heyne, decidieron grabarla. “Me decía: ‘Esta canción le va a gustar a la gente’ y eso como que a mi me daba miedo igual. Le empecé a poner cosas, hacer el coro arriba y un falsete. Lo del ‘preciosaaaa’ lo saqué del Corazones”.

Precisamente, es conocida la influencia del álbum de sonido tecno pop de Los Prisioneros, en una generación de músicos que se asomaba tras una década en que la música chilena se movió en los circuitos independientes. “Si para la generación nueva es Glup, para la mía es el Corazones -asegura el hombre de “La enfermedad de los ojos”-. Entendimos el amor y el pop gracias a ese disco”.

Portada de Corazones

Porque fue Audiovisión -cuyo título salió del libro La Audiovisión de Michelle Chion- el álbum en que Gepe dio el paso definitivo hacia el pop. Un sonido que definió a una generación de músicos que ese mismo año editó otros discos, que con el tiempo, se asentaron con brillo en la discografía nacional. En esa cuerda estuvieron Mena, de Javiera Mena, Música, gramática, gimnasia, de Dënver y el álbum homónimo de Odisea, el alias con que Álex Anwandter firmó su primer trabajo en solitario.

Y en tanto disco pop, hubo un momento clave para abrir el trabajo del cantautor a territorios menos herméticos y a las audiencias que por entonces no lo conocían. “Yo diría que ‘Por la ventana’ fue la primera canción pop que hice, o sea, ‘Namás’ (de Gepinto) tenía algo, una cosa más digerible. Pero no pensé en hacer una canción más luminosa, salió simplemente al tiro con la letra. Me pasa pocas veces, pero esas terminan siendo las canciones más efectivas, las más pop”.

El proceso de creación de “Por la ventana”, con una guitarra de cinco cuerdas, señaló otro cruce en el cancionero del músico. “Esos acordes los estaba investigando hace un tiempo, son posturas muy simples con dos dedos, con la guitarra afinada en Fa sostenido al aire, que la fijé desde ‘Namás’ en adelante -recuerda-. A partir de esa canción he hecho todo hasta ahora; ‘Un día ayer’, ‘Hablar de ti’, ‘Fruta y té’, todas tienen ese tipo de postura con dos dedos”.

Gepe. Foto por Payo.

Otro punto de reunión en el LP, está en el gusto de Gepe por el pop de teclados más elegante, que inspiró “Lienza”, la canción que lo reúne con Javiera Mena, su amiga y compañera de travesía en la siempre áspera ruta de la popularidad. “La hice pensando en la Javiera, quería hacer algo con ella -asegura-. Tiene los acordes menores y después los mayores para que entre otra persona, está pensada como para un dueto”.

Como buena parte del repertorio de Audiovisión, esta canción también pasó por el inexorable tránsito de cambios drásticos de sonido, retoques y cortes. “Partió como una cosa súper acústica y terminó en otra cosa. Me acuerdo que habíamos ido a ver a Daft Punk en vivo, cuando tocaron en Espacio Riesco (2006). También habían venido los Pet Shop Boys, entonces estaba todo ese rollo con el tecno pop lento y más groovero, más soul, Sade, todo ese rollo”.

No fue la única visita que Gepe recibió entre las negras paredes del estudio. También colaboraron en distintas facetas otros nombres recurrentes en el pop chileno de esos días, como Pedropiedra, Fakuta y Felicia Morales, además de Nea Ducci, Valeria Jara, Danae Morales y hasta el mismo Jorge González, quien grabó voces para “Salón nacional de tecnología”.

Una mañana, Gepe recorrió las tiendas de ropa usada de la calle Bandera. Salió con un montón de prendas de colores fuertes y luego llamó a un amigo. La idea era tomarle la palabra para concretar una idea que rondaba entre ambos.

“El Payo era un chico de quince años, hermano del sonidista que yo tenía en ese tiempo -cuenta el músico-. Él quería sacar fotos, tenía una buena cámara, le gustaba mi música y siempre se aparecía por las tocatas. Entonces le dije: ‘Ya pos, intentemos hacer una sesión’”.

Esa tarde se juntaron para hacer las fotos sin mayor planificación. Gepe tomó el montón de ropa comprado en Bandera y le dio solo una instrucción al fotógrafo. “Me puse una camisa, el resto lo tiré pa arriba y le dije que como quedara, sacaba la foto”. Así salió la portada para Audiovisión.

Por entonces, la inquietud creativa del músico lo llevó a explorar con la libre asociación como un método de trabajo para algunos artefactos derivados del disco, como los videos. Justamente, el clip para “Alfabeto” -a cargo de Bernardo Quesney- rodado en un frío bosque de Papudo, hoy reducido a los cimientos de un proyecto inmobiliario-, se construyó de esa manera. “Es básicamente asociación libre, los personajes no tienen mucha lógica. Es cualquier hueá, pero con mucho sentido”.

Además, la promoción del álbum le permitió a Gepe hacerse cargo -por primera y única vez- de la dirección de un video, el de “Por la ventana”. Con su habitual gusto por las ideas simples, tomó una cámara, decidió colores e ideas, y dejó que las cosas pasaran. “Definí que estuviera tal polerón y la combinaban de ciertos colores con el fondo. Ahí sale el Pedro[piedra], los hijos de [Rodrigo] Santis, y eso” ¿le sirvió de algo esa experiencia? “No aprendí nada, pastelero a tus pasteles, le paso la batuta a quien sabe nomás”.

Pero una vez que salió, a Gepe le quedó claro que se trataba de un momento decisivo en su camino, desde su aparición como cantautor en 2005 con una sonoridad más indie y cálida en Gepinto, hacia el hitmaker que avanzaría a tranco arrollador hacia la segunda década del siglo. “Fue un punto de inflexión”, asegura hoy.

Para él, las diferentes propuestas del álbum finalmente le dieron un sello. “Tiene varios momentos súper distintos, por ejemplo, ‘Amigos vecinos’ es súper extrovertida, y sencilla, ‘Por la ventana’ también y después encuentras cositas un poco más oscuras, más herméticas”

Una señal se lo advirtió. Si bien, ya se había hecho de un nombre en los medios musicales, notó que varias canciones del álbum se hicieron de un espacio en las parrillas radiales. “El Gepinto rompió el hielo y Audiovisión vino a confirmar eso. En la Radio Concierto, cuando tenía una onda media indie, ponían el disco entero y Mariana del Campo lo comentaba y todo. Lo chistoso es que nunca me preguntaron nada, solo lo hablaban con interpretaciones personales y eso me encantó; ahí sentí que el disco había entrado en cierto nicho y tenía resonancia”.

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