Andrés Calamaro: “Soy un artista poco valorado, lo digo sin perder un ápice de la humildad que me caracteriza”

Eso sí, lo dice al lanzar un disco que demuestra lo contrario: 15 duetos con figuras que van de Julio Iglesias a Mon Laferte. Aquí, habla de llegar a los 60 años, de su nostalgia por Maradona y de esa “broma” llamada corrección política. "Tomarse eso en serio es para ingenuos que viven embutidos en la pantalla de un teléfono", asegura.



Hay una sola palabra que Andrés Calamaro -desde sus inicios una suerte de juglar noctámbulo que desarma, articula y juguetea con el léxico para narrar todos los temas posibles- prefiere omitir en esta entrevista y dejársela al entrevistador:

La muerte ha sido uno de los grandes temas en este período de pandemia. ¿Pensó más en ella en comparación a los últimos años?

No pensé demasiado en la fatalidad y me aislé de las noticias como hago casi siempre, desconfío de las estadísticas y no me creo nada que escuche por televisión. La palabra empezada con EME la tengo prohibida, provengo de una buena familia de judíos ateos, nunca hablamos de nuestros problemas ni de enfermedades ni del Memento Mori…

“No tenemos relaciones de ninguna clase con la muerte, si nos cruzamos hacemos de cuenta que no nos conocemos de nada. Simplemente la mano nos damos y después que murmure la gente”.

¿Le preocupa su legado? ¿Lo que se vaya a decir/escribir de usted cuando ya no esté?

La posteridad solo le importa a la posteridad, prefiero ser reconocido ahora o en los próximos meses. La necrofilia en la música es una practica tan habitual como incómoda para los que estamos vivos, la nostalgia como desprecio por omisión. Escriban ahora o callen para siempre.

A tres meses de cumplir 60 años y en una vida en Madrid que ya cuenta décadas, el argentino no ha pensado en la desgracia en este paréntesis de incertidumbre, pese a que en 2020 se enfrascó en un confinamiento casi monacal.

“El año pasado escribí versos criollos, todos los días y cada día, transitando reflexiones de índole micro cultural y social política, reflexioné por escrito sobre la libertad y el arribo del fin de una forma occidental de vida. La primera cuarentena la cumplí completamente solo pero tampoco en silencio total, escuché música hasta doce horas por día, casi siempre el mismo disco de Allman Brothers Band. Era complicado ser optimista pero aconsejable no perder el buen humor”, describe a Culto a través de un cuestionario que responde vía email: en los tiempos (agotadores y sobreexpuestos) de Zoom, el Salmón prefiere el escondite del correo electrónico.

¿Y le ha gustado algo de la cuarentena?

Si, claro. Me ha gustado no trabajar, no tener la necesidad de hacer nada ni comunicarme con nadie. Una cierta libertad inexplorada. Las cosas en su medida, a tiempo recuperé constantes vitales y una cierta normalidad para ciertas cuestiones fundamentales. Me instalé en una misantropía convencida que, no soy de madera, no he sabido defender con suficiente ahínco.

El mundo del coronavirus es el mundo donde no existe la música en vivo. Sin embargo, pareciera que la gente se aferró a escuchar música para tolerar la desesperanza. ¿Siente que la cultura puede llegar a tener ese poder en instancias como éstas?

No lo había pensado, pensé que las gentes se habían aferrado a la ficción de las plataformas, yo mismo he visto decenas de oscuros policiales escandinavos. Es verdad que hubo tiempo para escuchar más música. En un momento de la cuarentena dura me despaché con LIVES de muchas horas de duración, vivía en el estudio de grabaciones experimentando con sampler y karaoke satánico, estuve así cien días, quince horas por día y noche. Aún hoy me cuesta volver a la realidad, tampoco creo que me esté perdiendo nada.

En efecto, Calamaro no sólo hizo un par de llamativos lives desde su casa que estaban a medio camino entre monólogos de cierta atmósfera narcótica y reflexiones azarosas.

También trabajó en un proyecto mucho más colectivo: Dios los cría se llama el disco aparecido esta semana y donde revive distintas composiciones de su propio catálogo junto a 15 figuras señeras y actuales de la canción de Latinoamérica y España, como Julio Iglesias (Bohemio), Raphael (Jugar con fuego), Milton Nascimento (En un hotel de mil estrellas), Alejandro Sanz (Flaca), Mon Laferte (Tantas veces), Julieta Venegas (Pasemos a otro tema) y Vicentico (Tuyo siempre).

Un ejercicio reservado para artistas rotundos que, como reyes en su propia corte, escogen piezas de su cancionero y luego deciden a quienes llamar para revivirlas a dúo. Una maniobra sólo digna de un clásico. O también de un sobreviviente.

Uno puede pensar en usted y vincularlo al concepto de “sobreviviente”: desde joven ha enfrentado la partida de colegas y en los últimos años ha observado las pérdidas de “Pappo”, Luis Alberto Spinetta o Gustavo Cerati.

Mi madre ha cumplido cien años, contemplarme como sobreviviente sería faltarle el respeto. Tengo cuarenta años menos que mi madre, que no ha usado mascarilla ni un minuto de la cuarentena pandémica. Luego, si me sé hipocondríaco; hipocondríaco y sobreviviente es una combinación bastante aceptable.

¿Piensa de vez en cuando en Spinetta o Cerati?

Los dos fueron buenos amigos y compañeros, conocí a Luis Alberto a mis quince años y a Gustavo también de adolescentes. Los he pensado bastante, claro. Les echo de menos. Con Gustavo cantamos juntos en su último recital porteño que fue un beneficio para las víctimas del terremoto en Chile. Estábamos haciendo la misma gira y quiero creer que hubiéramos cantado juntos más veces. Luis Alberto es mi héroe y fue muy dulce conmigo desde mi tierna juventud, me trató siempre como un amigo y así le recuerdo.

¿Ha pensado también este último tiempo en Diego Armando Maradona, otro de sus amigos?

Sí, claro. Sigo esperando que suene el timbre de casa y sea Diego. Compartimos tantos momentos íntimos y privados que me cuesta recordar todos. Advierto que el sí recordaba todo, tenía la memoria de un genio. La amistad es un tesoro para unos pocos y los secretos no se comparten. Nos hemos amado.

¿Siente vínculos con quienes van quedando de la era más grande del rock argentino, partiendo por Charly García y Fito Páez?

Si, claro … Nos conocemos hace muchos años, eso nos vincula y no es poco. Soy agradecido con Charlie, fue honorable enfrentarnos y disponer de una rivalidad personal con un héroe de mi adolescencia, rivalizar musicalmente hubiera sido imposible porque tiene unas condiciones musicales sobrehumanas. Con Fito somos como primos, le quiero y respeto mucho.

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Calamaro y Cerati en el show que ayudó en 2010 a las víctimas del terremoto de ese año en Chile.

¿Qué relación tiene hoy con el alcohol, las drogas?

No puedo recomendar mi conducta como cosa ejemplar, fui bastante atrevido con algunas cosas, sin embargo nunca fumé tabaco ni he bebido casi licores, algo es algo. Lo que no recomiendo es ir al gimnasio ni depilarse, no para los varones. Tampoco descarto que vivir mirando el teléfono desde la infancia termine siendo tan perjudicial como las sustancias prohibidas. El tiempo lo dirá.

Si no se siente un sobreviviente, tras este disco con colaboraciones tan rutilantes, ¿se siente un clásico?

Algo clásico es algo que está muy bien y se deja como está. No sé si estoy en semejante categoría. Aprecio el respeto de mis colegas de oficio y el amor del pueblo iberoamericano. He notado, eso sí, que soy un artista poco valorado teniendo en cuenta la cantidad de canciones buenas que hice y las giras dándolo todo, lo digo sin perder un ápice de la humildad que me caracteriza. Me sé un artista infravalorado, uno de los mejores minusvalorados de Argentina, quizás del mundo. En mi país no se perdona el éxito ni el fracaso. He sabido compaginar las dos cosas (triunfos y derrotas) y no me quejo, fui educado para no quejarme ni pedir nada. El gaucho insufrible.

¿Cómo fue escogiendo las canciones de este disco y los respectivos duetos?

No fue sencillo, porque partimos de cero, con un puñado de canciones grabadas. Clave fue la aparición de Carlos Narea como productor del álbum, como los arreglos de Germán Wiedemer. Sin Carlos nunca hubiera terminado este disco, quizás lo seguiría grabando. Y lo empezamos hace cuatro o cinco años. Grabamos con el trio en dos tandas de pocas sesiones, elegimos unas treinta piezas, imaginamos tres cantantes posibles para cada canción y tres canciones para cada posible artista. Algunos resultaron imposibles, todos los que grabaron están incluidos en el disco.

Cuando empieza a revisar sus temas, ¿hay nostalgia? ¿Hay un ejercicio autocrítico de decir “esto se pudo haber hecho mejor”?

Sí, claro … Todo lo pude haber hecho mejor. No soy infalible. Hago permanentes ejercicios autocríticos, no me dejo en paz. Lo cantaría todo de nuevo, madurar como cantante es un ejercicio de conciencia necesario.

En los últimos años, muchos artistas, al retroceder hasta sus viejas composiciones, sienten que las letras no son las “correctas” ni se acomodan al presente. Los propios Café Tacuba anunciaron que no tocarían más La ingrata. ¿Le ha sucedido?

Al contrario, creo que mis letras han mejorado con el paso del tiempo, son mas oportunas e interesantes que antes. Si vamos al caso puntual, estas letras son todas feministas y queer friendly. No pienso cambiar ni una coma. Las canciones si son buenas, no se equivocan. La incorrección es una virtud en las canciones, gustar y ofender.

En su nuevo álbum parte cantando con Julio Iglesias, el más representativo playboy hispanohablante en los 70 y los 80. ¿Qué similitudes vio o ve entre usted y él?

Tenemos cosas en común, tampoco el éxito descomunal. Con la rama femenina se me han dado bastante bien las cosas. Con Julio Iglesias nos hablamos, nos reímos y nos entendemos; no sé apreciar las bondades del vino como él, ser abstemio es mi principal defecto.

Algunas de las más emblemáticas canciones de Iglesias son Soy un truhán, soy un señor o Me olvidé de vivir, donde dice: “De tanto querer ser en todo el primero/ me olvidé de vivir los detalles pequeños”. ¿Se siente identificado con esos versos?

Sí, bastante. He servido a la música y al romance como un soldado que va a la guerra. Olvidarse de vivir no es un mal plan. Mejor sopesarlo con estoicismo y sin amargura. Todos hemos renunciado a cosas, no solo los cantantes. Luego hay leyendas que dan forma al canto como tragedia, tal es el caso de Héctor Lavoe.

Todas las versiones en este disco adquieren un tono mucho más calmo, partiendo varias en el piano y cercanas al bolero. Usted en el último tiempo sólo ha montado shows con piano, contrabajo y percusión. ¿Es como quiere que suene la versión “60 años” de Calamaro?

No, tampoco eso. Hace varios años grabamos el disco informal Romaphonic Sessions, algo así como un ensayo para el futuro siguiente. Aquel disco fue la semilla para la gira con trio de piano. Las canciones sin batería ni guitarras eléctricas se inclinaron al bolero como compás factible. En sí mismo el bolero es el más lento de los géneros del compás afro latino. Promediando aquella gira, entramos al estudio para grabar el trío , llamamos al gran Carlos Narea y grabamos Dios Los Cría, este disco. Con sesenta años espero volver al rock con guitarras, es la idea .. Interrumpimos una gira el año pasado y vamos a terminarla en tanto se diluya este fin del mundo.

¿O quizás le gustaría ser una versión más cercana a Raphael, con quien interpreta Jugar con fuego?

Raphael es inimitable, yo espero tener la oportunidad de seguir mejorando en lo que siempre hice. Envidio las capacidades sobrenaturales de Raphael, pero no son de este mundo. Sigo con los recitales eléctricos y épicos, me gusta sentir el viento de miles de personas cantando y vibrando con las canciones de rock.

ARCHIVO - El músico argentino Andrés Calamaro durante su concierto en el festival Vive Latino en la Ciudad de México el 15 de marzo de 2020. Calamaro lanzará su álbum "Dios los cría" el 27 de mayo de 2021. (Foto AP/Christian Palma)

¿Por qué eligió a la chilena Mon Laferte para el tema Tantas veces?

Es verdad que Mon por poco no le prende fuego al escenario de Viña (en 2020) pero Tantas Veces la grabamos antes. Creo que nos conocimos en Las Vegas. Mon está tocaba por una varita mágica.

Si tuviera que elegir a un solo artista que por la razón que fuere no pudo estar en este álbum de duetos, esté vivo o muerto, ¿quién sería?

Mercedes Sosa. Siempre tuve la ilusión que Mercedes cante alguna de mis canciones. Cuando grabó Cantora (el álbum de Mercedes con cantantes) no me invitaron y nunca entendí porqué. Teníamos amistad con Mercedes y es quizás la mas grande intérprete argentina junto a Roberto Goyeneche.

En su disco también hay artistas jóvenes de música urbana. Es el caso de Sebastián Yatra. ¿Siente alguna similtud entre las letras del trap y las de su música?

El Rap y el Hip Hop existen hace casi cuarenta años y me gustan mucho, ojalá tuviera el carisma de Snoop y el volumen lírico de Eminem. Luego no encuentro grandes diferencias entre artistas de más o menos edad, Picasso era muy buen pintor con veinte años y trascendente con ochenta. Empecé a grabar discos de adolescente, cumplí los 17 en el estudio grabando con los mejores profesionales de la época. Y nadie me impugnó por demasiado joven. 2 Young 2 die … Si hablamos de tendencias urbanas de actualidad urgente creo que sé a que te refieres, las batallas de freestyle son competencias de letristas espontáneos y sí me gustan. Otros estilos no relucen por sus letras, pero existen excepciones que destacan por encima del resto.

El músico en 2020. (Foto AP/Christian Palma)

En algunas entrevistas recientes aún se lo presenta como un “rebelde” y “un hombre sin pelos en la lengua”. ¿Es posible seguir siendo rebelde sin problemas a los 60 años?

Oiga, no he cumplido sesenta años (…) El bohemio rebelde es alguien que desprecia la disciplina, el éxito y el dinero, por definición es así. Quizás para algunas cosas somos la misma persona que fuimos a los 17 años pero podemos cambiar de idea varias veces por día, lo que Walt Whitman define como “contener multitudes”. Luego rebelarse a las tonterías del mundo es una responsabilidad adulta. Este año voy a cumplir los sesenta, algo normal para alguien nacido en 1961.

Quizás hoy su rebeldía está en ir contra lo políticamente correcto, ¿no? ¿Es un concepto en el que cree que hay que ser rebelde para poder vencerlo?

La corrección política lleva comillas hace muchos años, es la broma de una broma de una broma pero sin gracia. Tomarse eso en serio es para ingenuos que viven embutidos en la pantalla de un teléfono. No existen trabajadores, obreros, intelectuales o albañiles que avalen estas tendencias deplorables. Tampoco hace falta ser rebelde, nadie que sepa leer puede tragarse todos los sapos. No sé si voy a vencer a un mundo que vive equivocado, pero hemos toreado en peores plazas, puedo intentarlo y no voy a estar solo.

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