Productores de conciertos: “De no hacerse Lollapalooza, retrocederíamos 20 años, pasamos a ser parte del circuito B de recitales”

Miley Cyrus y Foo Fighters ya están contratados y amarrados para la versión 2022 de Lollapalooza Chile, pero la incertidumbre en torno al Parque O'Higgins no ha dado la posibilidad de oficializarlos.

Jorge Ramírez, gerente general del gremio que agrupa a los productores de shows en el país, dice que en caso que la cita no se pueda concretar -ya que se someterá a una votación popular para analizar su continuidad en el Parque O'Higgins- se generará un ruido en el circuito internacional de música en vivo y Santiago puede ser considerada una plaza "problemática". Por lo demás, los productores del espectáculo no poseen un plan B ante además los escasos lugares que pueden cumplir con sus exigencias, sólo con el Parque Bicentenario de Cerrillos como el más adecuado para la compleja configuración de Lollapalooza.



Al menos para los seguidores de la música en vivo, de los eventos con escenarios simultáneos y con figuras de todo calibre venidas desde distintas latitudes, ayer no llegaron buenas noticias. El Concejo Municipal de la Alcaldía de Santiago determinó que la continuidad del Festival Lollapalooza en el Parque O’Higgins se decidirá a través de una consulta ciudadana, sin especificar fechas, ni plazos ni metodología del proceso, a cuatro meses del espectáculo, ya anunciado para los dias 18, 19 y 20 de marzo de 2022.

En una votación telemática en la que participaron los diez concejales de Santiago y la alcaldesa Irací Hassler (PC), quien se abstuvo de dar su voto, se determinó por ocho votos a favor y una abstención que el destino del espectáculo en el predio será determinado bajo esta modalidad.

Eso sí, según se estableció, se le pedirá a los organizadores, la productora Lotus, que previamente presente un plan de cuidado del lugar, que reporte que posee todos los permisos en regla y que ha cumplido con todos los trámites y pagos correspondientes a al alcaldía.

“Me parece muy relevante que hoy los concejales y concejalas señalen que deba ser la ciudadanía directamente la que pueda definir esto. Más democracia siempre es mejor. Ha sido muy relevante poder escuchar distintos elementos, y también exigir los elementos que corresponden por parte del municipio”, comentó durante la sesión la alcaldesa Hassler.

La noticia fue recibida como un duro mazazo no sólo por parte de los promotores de la cita, sino que también por toda la industria del espectáculo: el inédito escenario que enfrenta la franquicia desde que en 2011 arribó al país, según se comenta, podría ser leído como una mala señal para los empresarios extranjeros y representantes de artistas que negocian con compañías chilenas, sobre todo ante la buena salud que durante décadas ha mostrado el mercado, recibiendo sin mayores contratiempos a prácticamente todas las estrellas de la música y en todos los formatos imaginables.

Imagen de la última versión en Chicago. (AP Photo/Shafkat Anowar File)

De hecho, el músico Perry Farrell y la productora estadounidense C3 -quienes encabezan el espectáculo desde Norteamérica- escogieron en 2011 a Santiago como la plaza donde debutaría Lolla en el exterior precisamente por la estabilidad que demostraba la cartelera nacional.

Jorge Ramírez, gerente general de la Asociación Gremial de Empresas Productoras de Entretenimiento y Cultura (AGEPEC) -la entidad que reúne a casi todo los productores de relevancia que organizan shows en el país- dice que efectivamente el actual escenario y una eventual cancelación de Lollapalooza por no poder ocupar el Parque O’Higgins podría precipitar un duro golpe y un ruido incómodo para otras experiencias multitudinarias que quieren aterrizar en la capital en los próximos años.

De hecho, al menos dos festivales de altísima envergadura en el circuito global quieren asentarse aquí a partir de 2022; uno de ellos es el brasileño Rock in Rio, que ya tiene un contrato para poder debutar por estos lados, con posible fecha para 2023.

“Traspasarle esta responsabilidad a la ciudadanía (decidir la organización de un festival) sólo demuestra la incapacidad de tomar decisiones de carácter administrativo de parte de nuestras autoridades. Es una señal muy poco seria de cómo se está actuando en Chile en estos términos”, determina Ramírez.

Luego sitúa un punto: Lollapalooza 2022 es finalmente Lollapalooza 2020. Se haría ese año, pero la pandemia lo obligó a varias postergaciones que finalmente lo llevaron a la fecha anunciada hasta hoy. Por tanto, según dice Ramírez, los parámetros aprobados para su realización ya fueron vistos y visados por una alcaldía, la anterior, de la de Felipe Alessandri, por lo que correspondería a un evento “postergado” que ya contó con las regulaciones pertinentes y que no debería pasar por una segunda revisión. O al menos, por los cuestionamientos que hoy lo asedian.

“Este es un evento reagendado por la pandemia, postergado, por lo que habría que realizarlo tal como se definió, tal como ya se habló y quedó resuelto. No puedes cambiar las reglas del juego olímpicamente y de un momento a otro, como si nada. No se hace con un arrendatario común, no veo por qué tendría que hacerse con este espectáculo. La licencia internacional se otorgó para una instancia en ciertas condiciones y eso se debe respetar”.

En una mirada global, su análisis se endurece: “Lo que está pasando es un golpe devastador a la credibilidad de Chile que lo puede hacer retroceder 20 años en el avance que hemos tenido en el tema de conciertos. Podemos pasar a ser una plaza problemática, como hay otras, porque dejas de dar certezas y sólo entregas inconsistencias. Pasas a ser parte de un circuito B. Estás socavando las pocas oportunidades que hoy existen para la gente de la cultura”.

The Strokes

Sin plan B

En tal sentido, en la triangulación clásica que desde principios de los 90 han hecho los megaeventos en Sudamérica, Brasil y Argentina hasta ahora no han presentado problemas con sus respectivas ediciones 2022 del encuentro y han comunicado incluso a sus artistas principales: Foo Fighters, Miley Cyrus y The Strokes.

Serán los mismos que estarán en Santiago, pero que aún no se han podido anunciar por la contingencia y el cortocircuito con el Municipio: no tener asegurado al Parque O’Higgins no les ha dado la posibilidad de informar sobre el lineup completo de lo que se verá el próximo año.

Ahí existe otro nudo que resolver. Los artistas ya están amarrados y firmados -también se suman Black Pumas, IDLES, entre muchos otros-, por lo que de cancelarse todo se podría generar una serie de puntos a tratar para Lotus relativos a contratos y montos de adelantos.

Al interior de la industria, y de la propia productora, se comenta también que hay poco margen para trasladarse a otro lugar en caso que la consulta ciudadana arroje malas noticias para ellos. Primero, los tiempos son acotados y aprobar otro lugar significaría agendar visitas técnicas por parte de encargados internacionales que recién podrían a empezar a analizar la viabilidad de recintos alternativos.

También significaría acomodar una logística ya definida a otros espacios que poseen otra distribución y otra dinámica, lo que tampoco entregaría tiempo para poder adaptarse a un nuevo reducto con características diferentes. “Es casi imposible irse a otro lado”, se escucha.

El propio gobernador de la Región Metropolitana, Claudio Orrego -quien ha intentado mediar entre Lotus y la alcaldía en los últimos días- lo reconoció ayer a este medio: la firma Lotus le ha comentado que no hay un plan B concreto en caso de que el parque no se pueda utilizar para el próximo año.

“Los organizadores nos han dicho que ante la posibilidad de buscar un recinto alternativo, ellos lamentablemente no podrían por lo encima que está la fecha. Eso también se lo planteé a la alcaldesa, diciendo que si este va a ser el último año (de Lollapalooza en el parque O’Higgins), que así sea y después buscaremos un nuevo lugar entre todos para organizar este evento para 2023. Pero descontinuar un evento cultural y artístico tan importante para Chile y la región sería una pésima noticia para la ciudad”, aseguró.

Jorge Ramírez, también productor de grandes conciertos y responsable entre otros de las visitas frecuentes de Ricky Martin o Raphael, se suma: “No dan los tiempos para un plan B cuando las logísticas ya están aprobadas y cuando se viene trabajando desde hace tanto tiempo con el mismo modelo. Todo esto requiere acuerdos y antelación, es un operativo muy grande”.

El único lugar que puede asomar con algo más de opciones es el Parque Bicentenario de Cerrillos.

Linea 6 Metro. Imagenes del Parque Bicentenario de Cerrillos Foto Andres Perez VISTAS GENERALES

¿Razones? Ya ha albergado otros festivales de la propia productora Lotus, como el Santiago Gets Louder de 2015 (System of a Down, Faith no More, Deftones) y el Sónar de ese mismo año (The Chemical Brothers, Hot Chip); tiene buena conectividad a partir de la Línea 6 del metro; cuenta con 50 hectáreas contra las 82 del O’Higgins; y también se ha utilizado para eventos familiares relacionados con las Fiestas Patrias o celebraciones gastronómicas.

Sus mayores dimensiones en rigor lo convierten en un buen espacio a ojos de los productores locales, ya que se podrían acomodar con cierta fluidez sus siete escenarios y todas las otras instancias que lo rodean, sin que las tarimas -sobre todo las principales- se vayan torpedeando o topando en sonido. También se podría instalar en espacio bajo techo que funcione como el Movistar Arena, destinado desde los orígenes del evento santiaguino a la fiesta electrónica.

Otros reductos corren con desventaja y no han contado con tanto entusiasmo en caso que Lollapaloza se deba trasladar, como por ejemplo el Club Hípico -muy abierto, escaso de árboles y pasto, un terreno pedregoso y poco amable- o el parque Padre Hurtado. Los estadios se descartan hasta ahora: la multiplicidad de escenarios no permite que se levanten en una cancha de forma circular y perímetro más estrecho.

Hoy Lollapalooza enfrenta el mayor acertijo de su historial en el país. La productora Lotus hasta el cierre de esta nota ha declinado manifestarse en torno al tema.

En la industria ven todo bajo una óptica pesimista y temen por las consecuencias para la cartelera que viene, justo en días en que se habla de reactivación. “No puedes andar haciendo una consulta para todo, para eso elegimos a las autoridades. No puedes someter a un voto popular para saber su cruzamos con luz roja o luz verde. Ese es el punto de lo que pasa hoy y es lo que hay que solucionar”, culmina Ramírez.

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