The Beatles: ocho momentos imprescindibles del documental Get Back

El monumental y fascinante registro de tres partes y alrededor de ocho horas, ya disponible en Disney+, ofrece los más diversos vértices en torno al epílogo de la banda más grande de todas. ¿En que hay que fijarse al momento de apretar play en tan largo e intenso tobogán? Aquí, una pequeña guía.



Disney y The Beatles - las marcas que definieron el imaginario artístico de nuestra era- se han unido para un acontecimiento: Get back, el documental en torno al cuarteto ya disponible en la plataforma, dividido en tres partes que totalizan alrededor de ocho horas y dirigido por Peter Jackson (El señor de los anillos).

Una travesía abrumadora que comenzó luego que el neozelandés recopilara 150 horas de filmaciones y 60 horas de audio que pertenecieron al proyecto de 1969 que después derivaría en Let it be, esa película perpetuada como el amargo testimonio de una banda autodestruyéndose. ¿Se logró medio siglo más tarde doblegar la leyenda maldita? Aquí, ocho momentos/escenas/interpretaciones que hay que tener en cuenta al apretar play.

*Un calendario tirano

El inicio del registro nos sitúa en el 2 de enero de 1969, a partir de un calendario que aparecerá cada cierto momento en la pantalla y que se convertirá en una presencia tan discreta como inquietante, ya que nos indica que el grupo tendrá apenas dos semanas para crear y ensayar canciones para dos shows programados a fin de mes. Esa épica es la médula del filme. ¿Podrán conseguirlo? Jackson juega magistralmente con la idea de cuatro músicos de talento inigualable al límite de sus exigencias, entre rostros de preocupación y momentos de estrés. Es la intriga de ver qué tan genios son los genios.

*Inmersión total

El realizador también nos invita a observar esa faena como si fuéramos moscas en la pared, mirando todos los vértices de la cotidianidad Beatle, desde sus gestos minúsculos, sus rutinas horarias y sus diálogos más ásperos, hasta la asombrosa artesanía creativa con que van confeccionando los temas. Nunca antes se nos había permitido una inmersión tan profunda al conjunto que mejor ocupó la privacidad de su estudio de grabación como un laboratorio de fantasías universales.

*Complicidad intacta

Y cuando se puede observar todo, vuelve la magia. Resulta conmovedor ver cómo Paul y John no han extraviado su química, entendiéndose con un par de miradas, o retroalimentándose para da más vitalidad a I’ve got a feeling. O lo mismo en el tema Get back, aunque en el caso de esa pieza el gran momento es otro: cuando de la nada Macca empieza a componerla apenas desplegando un par de acordes y musitando una letra inconclusa. Un creador mayúsculo. Un hombre cuya ubicuidad, en este registro, es total (“me aterra ser el jefe”, dice en la primera parte). Su liderazgo queda más en evidenca que nunca, acrecentado básicamente por la muerte en 1967 del mánager Brian Epstein.

*Nunca antes escuchado

En esa carrera contra el tiempo por despachar nuevas canciones, los Beatles toman un atajo: echan mano a composiciones que escribieron cuando eran adolescentes. Ahí tocan un festín de temas jamás antes revelados, joyas inéditas como Just fun, Because I know you love me do, Won’t you please say goodbye y la desquiciada My imagination. También hay sorpresa cuando cantan tracks más gloriosos, como Please please me o Strawberry fields forever. Finalmente, asoman temas de sus etapas solistas, aunque aún no lo sabían.

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*El caso Harrison

El documental nunca logra sepultar totalmente el acento agrio y tenso que definió el epílogo del grupo. Sólo entrega matices y aporta detalles antes omitidos. Pero esa sensación de que todo está cerca de explotar recorre gran parte del metraje, quizás con un eje: George Harrison. En su peak creativo y más empoderado que nunca, se retira hastiado por varios días, aunque cuando retorna vienen coincidentemente los mejores pasajes de la cinta.

*El caso Yoko

Hay un mito que sí al menos adquiere equilibrios: la influencia negativa de la japonesa en los últimos años. No hay atisbos de aquello, pese a que no se separa nunca de John. Es más, sus compañeros parecen disfrutar de su presencia, dejándola cantar en chillones y disparatados jams.

*Los otros

Get back está lleno de actores secundarios que ayudaron al grupo a moderar angustias y fortalecer el trabajo. El más funcional, el roadie Mal Evans. El más clave, el tecladista Billy Preston. El más laborioso, el productor Glyn Johns, aunque al final su contribución sería reemplazada por la mano de Phil Spector. El gran villano, el representante Allen Klein, responsable de sospechosos manejos financieros, los que acelerarían la separación del conjunto.

*Vamos hacia arriba

Aunque el plan era terminar toda esta gesta tocando en un anfiteatro romano, finalmente el grupo no da más y se sube al techo del mismo edificio donde graban sus canciones. Por primera vez están disponibles de manera íntegra los 42 minutos del show más célebre que dieron. Ese péndulo entre la ambición de lo que no resulta y el talento con el que lo resuelven es otro gran motor de Get back: genios y humanos en partes iguales.

Sigue leyendo el especial de Get Back en Culto:

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