Trap y reggaetón: la música urbana prende el fuego y el fervor

Los integrantes de la escena urbana confirmaron el buen momento del género y fueron por lejos quienes desataron la mayor histeria de la jornada en el escenario Perry’s, el que antes tradicionalmente se situaba en el Movistar Arena. Esta vez fueron puro estallido Kidd Tetoon, Harry Nach y Polimá WestCoast, y el puertorriqueño Jhay Cortez subió los decibeles en uno de los horarios estelares.



Paloma Mami, DrefQuila, Polimá WestCoast, Gianluca y Tomasa del Real fueron algunos de los protagonistas de la música urbana chilena que estuvieron en Lollapalooza 2019. Su fiel público los celebró con las manos en alto, siguiendo sus pegajosos coros y reaccionando de manera inmediata a cada guiño que provenía del escenario. Por convocatoria y espacio en el cartel, convirtieron el festival en muchos pasajes en “Trapalooza”.

Desde entonces la movida local del trap y el reggaetón ha continuado dando pasos agigantados, al extender su poderío en las plataformas digitales, concretar nuevas colaboraciones internacionales y sellar acuerdos con multinacionales. Uno de los nombres que han crecido con furia desde la última edición del evento es Kidd Tetoon. De apenas 18 años pero personalidad avasallante, ayer apenas iniciado su show prometió a los asistentes “vamos a dejar la cagá hoy día” (sic).

Kidd Tetoon en su show. Foto: Javier Vergara / LollapaloozaCL

Ya firmó contrato con Sony Music Latin y es dueño de un hit con éxito envidiable, Illuminati, que también cuenta con un remix junto a Ozuna y al ser interpretada en vivo gatilló la euforia del público. En acción contagia entusiasmo, ya sea en los pasajes que está en solitario junto a su DJ o cuando lo acompaña un cuerpo de baile. Es la fiesta de Kidd Tetoon y sus seguidores –en un promedio de edad que probablemente esté debajo de los 20– le retribuyen cada gracia. Más tarde, mientras su colega Harry Nach convertía en una caldera el mismo escenario, se le vería a un costado detrás de una reja sacándose fotos con fanáticos.

Quienes acudieron durante la primera jornada a verlos a ellos y a los otros artistas del Perry’s Stage debieron convivir con una polvareda que fue creciendo con el paso de las horas. Tras abandonar forzadamente el Movistar Arena, su locación habitual durante los nueve primeros años del festival hasta que la cita debió dejar el Parque O’Higgins, el venue dedicado a la electrónica (y a parte de los ritmos urbanos) presentó una nueva configuración. Además, hubo ajustes de último momento y el horario en ese punto varió para los tres días, derivando en que Tetoon comenzará una hora después de lo inicialmente presupuestado.

De todos modos, el escenario mantuvo su naturaleza aislada, dado que la organización decidió instalarlo en un extremo del parque Cerrillos, lo que exige una caminata kilométrica a menos que se ingrese por el acceso de avenida Las Américas.

Desde allí Pablo Chill-E, una de las figuras más prolíficas y populares del movimiento, declaró con fervor sentirse feliz del momento que atraviesa el género. Invitado a la presentación de Nach (luego compartiría con el chileno de ascendencia angoleña Polimá WestCoast), protagonizó uno de los episodios más álgidos de la inauguración al unirse a su compañero en Big cut.

Su turno en solitario (un decir, porque las colaboraciones son unas de las marcas de la casa) es hoy a las 17.45 hrs., también en el Perry’s Stage. Junto a Ceaese (16.15 hrs.), con seguridad será uno de los llenos del segundo día del festival. A lo mismo aspirarán el domingo Princesa Alba y Marcianeke, ambos en su debut, y DrefQuila, en su regreso después de su buen estreno de 2019.

En su mayoría adolescente y universitario, el público que celebró a los artistas urbanos durante la primera jornada también gozó del pop de Pabllo Vittar, la artista drag queen brasileña que se ha ungido como un personaje elemental del espectáculo latino, celebrada por Caetano Veloso y Rosalía y colaboradora de Thalia y la argentina Lali. Terminó desparramada en el suelo y envuelta en una bandera chilena.

Al cierre de esta edición dos nombres volvían a elevar la temperatura del décimo aniversario de Lollapalooza Chile. Ambos en compañía de banda (una rareza más que una tradición en ese tipo de actos), el puertorriqueño Jhay Cortez se presentaba en uno de los escenarios principales de la cita, buscando intentar confirmar su estatus de estrella del género urbano, y WestCoast volvía con sed de protagonizar un show tanto o más acalorado que el que brindó hace tres años. “Yo les dije en el Lollapalooza que el trap era cultura. No todos me creyeron”, lanzó desafiante la voz de My blood. Por carácter y popularidad al menos no se quedan atrás.

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