Magicenelbeat: el socio chileno de Bad Bunny

Comenzó a producir música con un computador prestado y mirando tutoriales de YouTube, pero desde entonces, Magicenelbeat, un joven de San Bernardo, se ha posicionado como el beatmaker clave en varios hits de la música urbana chilena, de Polimá Westcoast a Harry Nach. El éxito del género en el país gatilló la posibilidad de trabajar junto a Rimas Music, el sello de Bad Bunny, y de allí, participar en una de las canciones de Un verano sin ti, el exitoso álbum del puertorriqueño posicionado como el más popular en lo que va del año.



A Joaquín Calderón, un joven de 23 años titulado de técnico en sonido en el Inacap, no lo reconocen en la calle ni le piden fotos. Pero en el mundo virtual, el de las plataformas digitales y redes sociales, su firma de Magicenelbeat, es de las más reconocidas. Como productor musical, se ha consolidado como uno de los nombres clave de la música urbana chilena. Así, figura en los créditos de hits como Tak tiki tak, de Harry Nach y Ultra solo, de Polimá Westcoast junto a Pailita. Pero su mayor golpe se extendió hacia el mercado mundial; es el único productor sudamericano invitado en el álbum Un verano sin ti, de Bad Bunny, uno de los lanzamientos del año y a la fecha el título más escuchado de 2022 en Spotify.

En ese comentado álbum, Magicenelbeat colaboró en la canción Un coco. Todo un logro para un veinteañero que comenzó trabajando con un computador prestado y que se hizo de sus primeras habilidades mirando tutoriales de Youtube. “Hasta ahora ha sido todo muy raro para mí, todavía no lo asimilo -cuenta al teléfono con Culto-. Emocionado por todos los años, los piques al metro, me levantaba a las cinco de la mañana para ir a la U. De alguna forma, independiente de cómo le vaya al tema, las cosas pasan cuando uno se esfuerza. Ahora viene la etapa más difícil, entrar en una industria que ni siquiera es de mi país, estar lejos de la familia, más tiempo ocupado, pero esto es lo que siempre soñé”.

Magicenelbeat

En rigor, Magicenelbeat es un beatmaker; alguien que, con programas de computador, corta y edita sonidos, para transformarlos en ritmos que servirán de bases para las letras y melodías que entonan otros músicos. “El beat no es lo principal, sino que es la voz -explica-. A mi gusto, lo principal es que un beat haga que la canción se sienta agradable, sin que tenga que robarse la canción. Si logro captar su atención sin la necesidad de sobresalir, ahí lo consigo”.

Pese a estar en el disco del momento, Magicenelbeat no es el primer chileno en trabajar con Bad Bunny. Antes de él ya lo hicieron Pablo Chill-E y Taiko (el alias del joven productor Nicolás Jaña) en el álbum YHLQMDLG (2020).

De grabar en el closet a Lollapalooza

“Hermano, lo único que te pido es que me lleves a Lollapalooza”, le dijo Magic en tono de broma al chico moreno de rastas que recién conocía esa tarde. Se llamaba Polimá Westcoast y la primera vez que se vieron, por intermedio de un amigo, trabajaron una canción titulada Fantasma, lanzada en 2020. “Nos saludamos, le dije, ‘oye tengo este beat’. Lo escuchamos y él hizo el tema en 10 minutos, Polimá es increíble en ese sentido”.

Para ese entonces, Magic ya se hacía un nombre en la escena urbana. Pero todo había arrancado mucho antes. El interés por la música y los beats, cuenta, partió durante la adolescencia en la comuna de San Bernardo. “Descubrí todo por un amigo de mi hermano que hacía beats de hip hop. En ese tiempo, estaba todo pasando con el hip hop, él me dijo cuales eran los programas que tenía que instalar y de ahí empecé, como la mayoría de mi generación, viendo tutoriales de YouTube. El problema es que en ese tiempo estaban todos en inglés, entonces uno tenía que ir adivinando lo que tenía que hacer”.

Una vez entusiasmado con los beats, los giros inesperados del destino le pusieron un computador en sus manos. “Yo tengo dos hermanos mayores, uno de ellos ya no vivía con nosotros y había dejado su notebook en la casa. Entonces lo tomé prestado, le empecé a instalar los programas, lo llené de virus, y ahí empecé a producir. Tenía 13 años”.

Por esos días, Magic escuchaba “hip hop chileno, el reggaetón que escuchaban mis hermanos, en ese tiempo estaban Wisin & Yandel. También había un dúo de productores con los que rayé, Musicólogo y Menes, que eran productores de Daddy Yankee. Me gustan los Red Hot Chili Peppers, por influencia de mi hermano mayor que era super rockero, me mostraba Metallica, Iron Maiden, pero mi otro hermano escuchaba reggaetón”.

“La calle es parte de la música urbana, y me gustaría que no fuera así, pero es así”

Así comenzó a pulir sus habilidades con los beats. Por supuesto, como se acostumbra en el género, se hizo de un apodo para presentarse. “Todos los productores usaban un nombre, más la palabra beat. En mi caso, no hay mucha explicación; cuando era chico, como a los 14 años, me dio por aprender a hacer magia. Quería usarlo como mi nombre, pero Magic Beat sonaba raro. Ahí noté que los gringos se ponen ‘on the beat’ en sus nombres, entonces decidí que iba a hacer lo mismo, pero en español”.

Poco a poco, comenzó a grabar a bisoños aspirantes a hiphoperos con un micrófono que instaló en el closet de su pieza de adolescente. Con la práctica, y sus posteriores estudios superiores, comenzó a mejorar y hacerse de un nombre. El salto, dice, ocurrió cuando fue contactado por El Calle Latina, un músico y productor de larga trayectoria, quien le abrió la puerta hacia los nombres que comenzaban a despuntar en el género a nivel local. “Él llegó a mi casa porque un amigo de él estaba haciendo un tema conmigo, y fue a ayudarlo -recuerda-. Ahí me vio y me dijo: ‘Hermano, erís super bueno, tengo un amigo que también es productor y necesita alguien que haga rimas’. Gracias a él conocí a todos los otros, al Ceaese, al Pablo Chill-E”.

Allí se afinó el lazo. La habilidad de Magic con el computador y su fino sentido musical para los beats, le permitieron figurar en canciones que se convertían en éxitos de las plataformas, como Cu4tro de Polimá Westcoast, Pablo Chill-E & ARON; Qué loco mami, de Harry Nach; Pantera, de Soulfía, entre otros. El ascenso de esta generación de jóvenes artistas acabó por hacerse notar en eventos de gran convocatoria; así, aquella broma juvenil se hizo carne y Magic acompañó a Polimá Westcoast en su debut en Lollapalooza 2022. Una edición en que la música urbana fue la gran invitada y la que marcó algunos de los shows más comenados.

Polima Westcoast, Pablo Chill-E y Harry Nach interpretando "MONEYMAN" en el Perry's Stage. Fotografía de Matías Delacroix.
Polima Westcoast, Pablo Chill-E y Harry Nach interpretando "MONEYMAN" en el Perry's Stage. Fotografía de Matías Delacroix.

“Fueron muchas emociones -recuerda Magic-. El Poli se desmayó al final porque nosotros vivimos todo muy intensamente, ensayamos durante tres meses, teníamos mucha expectativa y mucha presión. En el ámbito del show en vivo, los artistas del urbano recién estamos empezando a hacer shows más grandes, con banda, no somos expertos en eso. Entonces teníamos mucho nervio”.

-¿Cómo se toman en tu familia el éxito y la exposición?

Como empecé chico, le fui explicando a mi papá como funcionaba esto; entienden caleta todo, saben lo que es un estudio, y me apoyan cien por cien. Están súper emocionados y orgullosos. Más que nada porque ellos me han visto todos estos años. Igual estaba la preocupación porque en un par de shows que fui hubo balaceras, esas cosas pasan. Yo no tomo, ni me drogo, ni fumo nada, pero mi mamá me dice ‘hijo vi que pasó esto con tal artista’.

-¿Y qué te pasa a ti cuando ves balaceras en los shows? En uno en Coronel, Pailita hasta pidió a algunos asistentes que bajaran unas armas

-Te diría que igual ya estoy un poco acostumbrado, creo que la calle es parte de la música urbana, y me gustaría que no fuera así, pero es así. Es como el fútbol, que es del barrio, es inevitable que haya barras bravas, es parte de eso. Nosotros difícilmente vamos a cambiar eso, pero tratamos de hablar del tema, aconsejar a los niños más jóvenes que hagan música, que las drogas finalmente solo llevan a la destrucción, porque lo he visto cerca mío. Todo cambió en mí cuando nacieron mis sobrinos y empecé a ver que ellos escuchaban mi música, veían los videos, entonces ahí le tomé el peso.

Un beat para Benito

Si en antaño se acuñó la sentencia de que Chile es un país de poetas, en la actualidad, el país se mueve en torno a la música urbana. Un reciente informe de Spotify detalló que nuevamente las reproducciones de reggaetón en Santiago la posicionan como capital mundial del género, título que ostenta desde 2018, incluso superando a Ciudad de México. Nada raro además, para un país que en un día agotó las entradas para los tres shows de despedida de Daddy Yankee en el Estadio Nacional.

“Sería bueno que en los equipos hubiera gente dedicada a la psicología, lo que le pasó al Cris MJ con lo de Karol G no es fácil”

Por ello, los artistas urbanos chilenos han expandido sus redes hacia el mercado internacional. Así le pasó a Magicenelbeat, quien en enero de 2020 firmó su primer contrato de publishing con Rimas Music, el sello de Bad Bunny, a quien pudo ver años antes en su debut en el Caupolicán. Una jugada que lo puso en la mira del entorno del ‘conejo malo’. No es el único chileno; también The Kings of Valley, sello que maneja a Marcianeke, firmó un acuerdo en diciembre de 2021.

-¿Cómo se generó la posibilidad de firmar con Rimas?

Resulta que mi manager, Nicolás Jara, él consiguió la chance de tener una entrevista con Noah Assad, el mánager de Bad Bunny, y entonces él le empezó a hablar que en Chile pasaban cosas. Noah estaba mirando lo que pasaba con Paloma Mami y Pablo Chill-E, porque ellos están atentos a lo que pasa en todos lados, aunque no lo creas. Entonces Noah le dijo ‘quiero saber que estaba pasando en Chile, voy a viajar para allá, armemos una reunión con toda la gente, productores, artistas, todo’.

La reunión con Noah Assad se concretó en el verano de 2019, durante los días en que Bad Bunny estuvo en Chile para presentarse en el Festival de Viña. “La reunión era en el Hotel Ritz-Carlton. Nunca había ido para allá. Me fui en metro, corriendo medio sudado para llegar a la hora, con mi computador en la mochila. Llegué y estaban todos, el Ceaese, el Pablito, todos. La gente del hotel nos miraba raro, si éramos como cabros que venían del barrio, fue una experiencia loca”.

-¿Y cómo fue que lograste el contrato?

Noah los hizo pasar a todos, de a uno. La cuestión empezó como a las nueve de la noche y a mí me dejó al último, entré recién a las cuatro de la mañana. Mientras, nos dijeron que podíamos pedir lo que quisiéramos y lo cargábamos a la habitación y todos ahí pidiendo cosas ajaja. Pasó que justo todos los que fueron habían trabajado conmigo, le mostraban música y le decían ‘este tema lo hice con el Magic’. Como me dejaron al final, Noah me dice ‘ay cabrón, he escuchado de ti todo el día, no tenemos más que hablar. Muéstrame un par de ritmos’. Le mostré un par de ritmos y me dijeron que había dos tipos de acuerdo, y que tenía que elegir. Elegí uno y me mandaron los documentos para que los firmara.

“Yo creo que somos totalmente capaces y somos buenos, lo que pasa es que no sabemos lo buenos que somos”

Desde ese momento, Magic comenzó a trabajar duro. “Estuve mandando beats durante dos años, como 110 beats. En la cuarentena estaba encerrado, hacía beats desde las ocho de la mañana, hasta las dos de la madrugada cuando me dolían los ojos. En ese tiempo potencié mucho mi nivel, hace dos años no estaba preparado, ahora sí me siento preparado”.

Pero no fue sencillo. El artista cuenta que en 2020, su mánager le avisó que desde Rimas habían elegido uno de sus beats, así se ilusionó con la posibilidad de aparecer en un disco de Bad Bunny, a quien, hasta ahora, no ha tratado en persona, pero espera conocer en su próxima visita a Chile, en octubre. “Pasaron los meses, y no pasaba, sacó el álbum YHLQMDLG, y no estaba mi tema. Ahí yo dije, ‘se acabó esto’. El Nico me decía que tenía que seguir”.

Hasta que llegó la tan ansiada oportunidad. “En diciembre del año pasado me dicen que a Benito [Martínez, el nombre real de Bad Bunny] le gustó un ritmo y pidieron que enviara todos los sonidos por separado para coproducirlos. Me acuerdo que estaba almorzando en un restorán peruano, saqué mi computador y mandé. Después me mandaron el acuerdo legal con todos los detalles. Leo el asunto del mail, y decía Un coco, me maté de la risa, no sabíamos por qué se llama así. Pero en los días previos, había ansiedad, pensaba que igual podían echarse para atrás. Hasta que un día él subió el tracklist y ví que salía Un coco. Ahí ya dije ‘es real’. Mi papá se volvió loco, me dijo: ‘para mí es como que te titularas de nuevo’”.

Marcianeke en Lollapalooza 2022. Foto: Natalia Espina

-El sello de Marcianeke también firmó con Rimas y ya ha viajado a Miami ¿cómo ves lo que está pasando con los exponentes chilenos de la música urbana a nivel internaiconal?

Yo creo que somos totalmente capaces y somos buenos, lo que pasa es que no sabemos lo buenos que somos. Nuestra experiencia musical es muy parecida la selección chilena; a lo mejor Alexis cuando estaba en el Colo nunca pensó que iba a jugar en el Barça, pero tenía la capacidad, estaba al nivel. Nosotros somos igual, somos puros cabros que salieron de la nada, pero tenemos la capacidad para estar en esas ligas. Es difícil, pero de a poco vamos abriendo puertas, sino, entramos por la ventana nomás. Entre todos creamos algo de cero, ni siquiera habían lugares para hacer shows, los hacían en casas okupa. Si fuimos capaces de eso, ¡como no vamos a ser capaces de lo otro!

-¿Cómo has enfrentado el éxito?¿te has sentido abrumado?

Como soy productor a mi nadie me reconoce, pero yo ando con el Poli y de repente vamos al mall. Él se saca todas las fotos feliz, le encanta, habla con todos, su manager le dice que de repente hay que irse, pero él quiere sacarse todas las fotos, lo mismo que el Pailita. Pero ellos de repente igual se cansan. Para mí, la verdad, yo tengo muchos momentos que me hacen descansar mentalmente, tomo terapia como hace 10 meses por otras cosas, eso me ayuda, hablo de eso ahí y es importante mencionarlo porque no se habla mucho y en Chile se necesita. Con mi manager hablábamos que sería bueno que en los equipos hubiera gente dedicada a la psicología, lo que le pasó al Cris MJ con lo de Karol G no es fácil. Ver que todo el mundo te está haciendo bolsa en las redes sociales, y tú eres un cabro de 18 años que no sabes cómo reaccionar. No es fácil. Y no todos tienen las mismas herramientas; yo soy de San Bernardo y todo, pero tengo una familia constituida, hablo con mis papás, pero no todos los cabros tienen lo mismo. Siento que es importante hablar de eso.

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