“Hoy los grupos punks son todos una gran mierda”: la vida (y la música) según Johnny Rotten

La ira siempre ha sido la esencia del cantante también conocido como John Lydon, actitud que ha exhibido elocuente en varios capítulos de su carrera. Una figura que ahora revive con la miniserie Pistol, la que se estrena este miércoles 31 a través de Star+.



Cuando John Lydon –o el hombre alguna vez conocido como Johnny Rotten- deja atrás alguna fase de su existencia, no sólo renuncia a ella con distancia: también la dinamita con ira para que ojalá no quede ningún rastro. Como si parte de su vida fuera ir sepultando capítulos a los que nunca más retornar. Destruirlo todo sin posibilidad de arreglo.

Pasó con el más paradigmático de todos, los Sex Pistols, a quienes abandonó en 1978 hastiado de ver cómo el punk se reciclaba en mercancía y cómo el propio conjunto empezaba a convertirse en meras marionetas de los caprichos de la industria. Por lo mismo, decidió volar hasta Jamaica con el propósito de rastrear otras inspiraciones, para después volver hasta una radio londinense donde habló de reggae, literatura y existencialismo, además de anunciar la irrupción de una nueva banda, Public Image Ltd. (PiL), la que materializaría todas sus renovadas inquietudes.

De paso, estableció los principios del llamado post-punk: ese estilo con mayor espesor creativo, alejado de las pataletas iracundas, y que funcionaba como una geografía de sonidos diversos, en un mapa expansivo que agrupó desde Joy Division hasta U2.

“Para mí, ser punk siempre fue estar en cambio permanente, transformarse sin imitar a nadie. Cuando los Pistols se acabaron y formé PiL, no me estaba distanciado de nada, al contrario, por primera vez me estaba acercando a la música que realmente me gustaba. Y esa experimentación es lo que me mantiene vivo, porque así se resume mi vida, como un caos ambulante”, postuló en 2016 en entrevista con este medio, en la previa a su show en el centro de eventos Blondie, donde terminó con su cabeza herida luego que un fanático arrojara una botella al escenario.

Lydon junto a su compañero en los Pistols, Steve Jones. (AP Photo/Darko Vojinovic, FILE)

“Ninguno de estos idiotas de los Pistols tendría una carrera si no fuera por mí. No hicieron nada antes, no han hecho nada desde entonces”, calificó en abril pasado en torno a sus compañeros de grupo, Steve Jones, Glen Matlock y Paul Cook.

Un par de semanas después incluso se atrevió a renegar de la anarquía, el concepto vinculado a fuego con los Pistols, el mismo que se encargó de enarbolar con voz chillona e irritante en el clásico Anarchy in the UK.

“La anarquía es una idea terrible. Que quede claro. No soy anarquista. Y me asombra que haya sitios web por ahí -sitios anarquistas .org- financiados totalmente por la mano de las empresas y que, sin embargo, despotrican de estar fuera de la tormenta de mierda. Es absurdo. Y lo hacen con Dr. Martens de diseño, pequeñas mochilas inteligentes y pasamontañas bien fabricados”, soltó en junio.

Está claro que Lydon siempre tiene motivos para refunfuñar. Por algo La Ira es Energía se titula su segundo libro de memorias. Su más reciente blanco –y otra vez disparando contra su propio pasado- ha sido la miniserie Pistol, estrenada hace un tiempo en Estados Unidos y Europa vía Hulu y Disney, pero que este miércoles 31 llega a Chile a través de Star+, de la mano de Danny Boyle (Trainspotting) y Craig Pearce (Moulin Rouge!, Elvis).

La apuesta toma como base el libro Lonely Boy: Tales from a Sex Pistol (2016), material que relata las memorias del guitarrista Steve Jones. Y ahí radica nuevamente el enojo de Rotten: siente que es una historia armada a sus espaldas. Una fiera e intolerable traición.

“Es la mierda más irrespetuosa que he tenido que soportar”, calificó a principios de año. Luego, un representante ocupó su página web para arremeter: “La serie pone palabras en boca de John y reescribe la historia. Una fantasía de clase media. Disney ha robado el pasado y creó un cuento de hadas que se parece poco a la verdad. Sería divertido si no fuera trágico”.

El motor

¿Fue realmente trágico? Casi. Cuando el músico tenía solo siete años, contrajo meningitis aguda por culpa de las ratas: jugaba con barquitos de papel en los charcos donde habían hecho sus necesidades. De hecho, tras despertar de un coma de varios meses que lo dejo amnésico como consecuencia de la enfermedad, no reconocía ni a sus padres: “Y por eso no miro el pasado con nostalgia. Desde entonces recuerdo todo tal y como fue”, dijo en entrevista con El País.

Los doctores aconsejaron a sus padres que intentaran mantenerlo enfadado, porque esa excitación podría devolverle parte de la memoria: “Y ese ha sido mi motor. Quien piense que el enfado o la ira tienen que ver con el odio es un ignorante”.

Parece que la rabia estuvo desde su cuna.

Cuando era un veinteañero, solía merodear la tienda Sex, impulsada por el empresario, mánager y productor británico Malcolm McLaren. Cuando Malcolm regresó de Nueva York, donde había representado a los New York Dolls durante una gira, tuvo la idea de fundar un grupo similar, estridente y de dientes apretados, pero con una estética que también lo acercara a Richard Hell.

La banda ya tenía a tres de sus componentes, Jones, Matlock y Cook, pero el representante cayó embobado por Lydon, por su pelo teñido verde y su camiseta de Pink Floyd tachada con las palabras “I hate” (“Yo odio”) con plumón encima. Quedó fichado de inmediato como vocalista.

En 1975, Sex Pistols ya era una realidad, publicando un único álbum el 28 de octubre de 1977, el imprescindible Never Mind The Bollocks, Here ‘s The Sex Pistols. Apenas dos meses y medio después se desintegraron.

Lydon –ya alejado de su rol de Johnny Rotten- presentó PiL, secundado por el ex The Clash Keith Levene en guitarra, Jah Wobble en bajo y Jim Walker en batería. Despacharon una serie de títulos en que el punk apenas aparecía como ruido de fondo, en una novedosa química de estilos donde se agitaba reggae, funk, dance, música experimental y algo de rock.

Los discos First Issue (1978), Metal Box (1979) y The Flowers of Romance (1981) pueden dar testimonio de ese cambio de piel.

Lydon nunca más quiso el punk como tal. “Todos los prejuicios que existían en torno a mí no venían de músicos de otros estilos, ¡sino que de la gente que decía profesar la misma filosofía que yo! Ellos empezaron a crear sus propias barreras y conceptos de lo que era ser punk, crearon reglas ridículas e hicieron que muchos que querían hacerse punks finalmente no pudieran. ¡Y las reglas son para los tontos! Me topé durante años con esta clase de personas que no lograban entenderme a mí, que era el rey del punk. Y por eso hoy los grupos punks son todos una gran mierda”, vociferaba taxativo en la entrevista de 2016.

No darle la razón sería jugar un gallito contra el rival más fuerte. El hombre que ha establecido el enojo como motor de su destino.

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