Las Nadadoras: la estremecedora historia real tras la exitosa película de Netflix

Las nadadoras (Netflix)

Las nadadoras (Netflix)

El filme narra la travesía de las hermanas Yusra y Sarah Mardini, dos jóvenes nadadoras que huyeron de la Siria devastada por la guerra civil para comenzar una nueva vida en Alemania: terminaron compitiendo en instancias olímpicas. Un viaje que implicó caminatas por varias fronteras e incluso un peligroso recorrido en bote desde Turquía hasta la isla griega de Lesbos, donde debieron lanzarse al mar.



La situación ya no daba para más. Desde el 2011, cuando comenzó la guerra civil en Siria, las casas y edificios bombardeados se volvieron progresivamente parte del paisaje. La presencia de los militares era algo tan común como agresivo y la muerte se transformó en un asunto demasiado cercano.

Pero las cosas terminaron de complicarse para los Mardini cuando un proyectil cayó justo en el gimnasio donde la familia se encontraba apoyando a Yusra, la hija del medio que entonces participaba en una competencia de natación. Yusra y Sarah, su hermana mayor, nadaban desde niñas. Su padre era su entrenador y soñaba con que las jóvenes proyectaran una carrera olímpica. Un anhelo que se volvió prácticamente imposible de conseguir en su tierra natal.

Las nadadoras (Netflix)
Las nadadoras (Netflix)

Muy a su pesar, los padres ya no podían seguir negándose al deseo de sus hijas: abandonar Siria a como dé lugar, tal como lo hacía la mayoría de sus amigos que aún continuaban con vida. Así, armadas con un equipaje liviano y con el dinero que su papá consiguió gracias a un préstamo, las jóvenes emprendieron rumbo hacia Alemania, apenas imaginando todas las cosas que les tocaría vivir de ahí en adelante.

Ese viaje lleno de anhelos y esperanzas da vida a Las nadadoras (2022), filme dirigido por la cineasta Sally El Hosaini, el que durante estos días se ha mantenido a la cabeza del top de películas más reproducidas en Netflix. El largometraje no sólo demuestra la realidad de miles de personas que se ven forzadas a emigrar de sus países, sino que basa su argumento en la historia real de las hermanas Mardini.

En palabras de El Hosaini, excluyendo algunos elementos de ficción incluidos para abarcar la realidad de otros refugiados, el relato está cuidadosamente apegado a lo que vivieron las jóvenes. Un resultado que fue posible gracias al trabajo codo a codo con la familia y a una extensa investigación sobre las condiciones en que los migrantes del Medio Oriente se trasladan hacia las costas europeas.

“Yusra y Sara participaron en la realización de la película desde el principio. Se realizó mucha investigación con su familia. Predominantemente nos apegamos a la verdad, pero hubo momentos en que se hicieron ficciones, pero siempre para permitirnos honrar la historia más grande de los refugiados en lugar de solo la historia de Yusra y Sara. Tan inspiradora como es la historia de Yusra y Sara, ellas son el 1%, y también queríamos representar al 99% de los refugiados que no tienen ese final feliz o ese resultado”, comentó la directora en una entrevista con la revista Forbes. “Nadie quiere hacer una película falsa, y la autenticidad fue lo más importante para mí al abordar este tema. Recopilé mi propia investigación y todos en el equipo sabían lo importante que era la autenticidad, y la mantuvimos al más alto nivel”.

Entre los desafíos asumidos por el equipo estuvo la recreación de la ruta de quienes cruzan desde Turquía hasta la isla Lesbos, en Grecia. “Hassan Akkad, nuestro productor asociado y también nuestro consultor, hizo el viaje él mismo. Utilizamos las imágenes de su teléfono móvil y las imágenes de los teléfonos móviles de otras personas que habían realizado el viaje. De hecho, elegimos a muchos refugiados en la película que habían hecho el mismo viaje y había refugiados trabajando en la película detrás de escena. Todo eso ayudó a asegurarnos de que estábamos contando la historia de la manera correcta”, precisó El Hosaini.

También optaron por emplear a traductores jóvenes que pudieran adaptar el guion del inglés al árabe de la forma más fidedigna posible. En la película, las hermanas Mardini son interpretadas por las también hermanas Manal y Nathalie Issa, un detalle que para la directora aportó química y verosimilitud a la proyección de la relación entre Sarah y Yusra a través de la pantalla.

Las nadadoras (Netflix)
Las nadadoras (Netflix)

Una historia entre la natación y el activismo

La historia de las hermanas Mardini se hizo pública durante el 2016, cuando el Comité Olímpico Internacional (COI) anunció la creación de una nueva delegación que permitiría competir en los Juegos Olímpicos de Río a atletas en condición de refugiados. Aunque la iniciativa fue bien valorada, los cupos para los deportistas que participarían en los juegos bajo el alero del COI eran limitados.

El organismo dio a conocer la lista de los seleccionados en marzo de ese año, y entre los diez escogidos estaba el nombre de la nadadora siria Yusra Mardini. Tal como se ve en Las nadadoras, Yusra y su hermana Sarah se iniciaron en aquel deporte desde muy pequeñas. Su padre, entrenador de natación, comenzó a prepararla cuando tenía apenas tres años. Así inició una pasión que la acompaña hasta hoy.

Yusra Mardini. Fotografía de Alexander Hassenstein (Getty Images para el Comité Olímpico Internacional)
Yusra Mardini. Fotografía de Alexander Hassenstein (Getty Images para el Comité Olímpico Internacional)

Lejos de ser un mero hobby, Yusra inició su carrera como atleta de alto rendimiento representando a Siria en el equipo nacional, bajo el alero del Comité Olímpico de su país. Desde muy joven empezó a sumar medallas e incluso participó en un mundial de natación antes de migrar.

Pero las cosas cambiaron con el inicio de la guerra. “De repente no podías ir a donde querías, o tu mamá te llamaba cuando estabas en camino para decirte: ‘Vuelve; algo está pasando allí’”, comentó la joven en una conversación con The New York Times. En la misma entrevista, contó que la casa de su familia fue destruida en la masacre de Daraya, uno de los ataques más violentos de los primeros años de la guerra que dejó una cifra de cientos de víctimas civiles.

En el camino, dos de sus compañeros nadadores murieron. En 2015, tanto ella como sus padres se dieron cuenta de que la situación se volvió insostenible. Así, el 12 de agosto de 2015, la joven viajó junto a su hermana Sarah y dos primos con el objetivo de llegar a Alemania.

Yusra Madrini. Fotografía de Gordon Welters (The New York Times)
Yusra Madrini. Fotografía de Gordon Welters (The New York Times)

Primero se trasladaron desde Damasco, capital siria, hacia Estambul. Allí se contactaron con unos contrabandistas, con el objetivo de llegar hasta las costas europeas. De esa forma se movieron hacia Izmir, en Turquía, donde fueron dejados en un bosque cercano a la costa para abordar un bote hacia la isla griega de Lesbos. En total, el grupo estaba conformado por una treintena de futuros refugiados.

Cuando llegó su turno, las hermanas Mardini tuvieron que abordar un pequeño bote junto a otras 18 personas, donde había un niño de apenas 6 años. Cuando llevaban cerca de 20 minutos navegando, el motor de la embarcación se averió. De las 20 personas que estaban arriba, solo cuatro sabían nadar. El sol ya se había escondido y la marea se ponía progresivamente más violenta.

“Todos estaban orando. Estábamos llamando a la policía turca, a la policía griega, diciendo: ‘Por favor, ayúdennos. ¡Tenemos hijos! ¡Nos estamos ahogando!’ Y seguían diciendo: ‘Date la vuelta y vuelve. Da la vuelta y regresa’”, recordó la deportista con el medio estadounidense. Sin mayores opciones, las hermanas decidieron lanzarse al mar y nadar durante más de tres horas para lograr que el bote llegara a tierra.

Yusra Madrini. Fotografía de Gordon Welters (The New York Times)
Yusra Madrini. Fotografía de Gordon Welters (The New York Times)

En ese momento, Yusra confiesa que pensó: “¿Soy nadador y al final voy a morir en el agua?”. Por suerte lograron llegar a la costa de la isla con vida. Pero allí comenzarían una serie de peregrinajes y viajes en vehículos de contrabando por Grecia, Serbia, Hungría y Austria, hasta que finalmente llegaron a Alemania.

Sus primeros recuerdos del país germano son las extensas filas en el punto de registro para los refugiados y las tramitaciones eternas, con un clima de constantes temperaturas bajo cero. Poco a poco, la necesidad de continuar con su entrenamiento marítimo comenzó a aflorar nuevamente.

Gracias al campo de refugiados, la joven dio con Wasserfreunde Spandau, un centro de natación construido para los JJOO de 1936 celebrados por la Alemania Nazi. Allí comenzó a retomar su rutina bajo la tutela del entrenador Sven Spannekrebs, para compensar dos años sin actividad deportiva. El objetivo inicial era aspirar a los JJOO de Tokio 2022.

Yusra Madrini. Fotografía de Gordon Welters (The New York Times)
Yusra Madrini. Fotografía de Gordon Welters (The New York Times)

Pronto, comenzaron a rondar los rumores sobre la delegación de refugiados para los juegos de Río 2016. Ahí fue cuando Yusra y Spannekrebs decidieron intensificar la rutina para lograr las marcas necesarias para que la joven pudiese participar en la edición que entonces estaba por realizarse. Mardini logró superarse y competir en Río, en los 100 metros estilo libre y los 100 metros mariposa.

Aunque Yusra también estuvo constantemente ocupada de visibilizar la situación de los refugiados, fue Sarah quien siguió más fuertemente el camino del activismo. Luego de todo lo vivido junto a su hermana, la joven decidió trasladarse nuevamente hasta la isla de Lesbos, con el objetivo de brindar ayuda humanitaria a las personas que llegaran al continente por vía marítima, tal y como ella lo hizo hace unos años.

Yusra y Sarah Mardini (Getty Images)
Yusra y Sarah Mardini (Getty Images)

El 2018, Sarah fue detenida junto a otros 23 activistas de la ONG ERCI (Emergency Response Centre International, por sus siglas), acusados de tráfico humano, espionaje y lavado de dinero por el gobierno griego encabezado por Kyriakos Mitsotakis. Según el acta, el trabajo de los voluntarios escondía una supuesta red de tráfico de migrantes, responsable de haber facilitado la entrada de cientos de personas a Grecia entre 2016 y 2018.

Sin embargo, diversas organizaciones de derechos humanos apuntaron a que la medida era parte de una persecución constante de varios gobiernos europeos contra organizaciones humanitarias. Específicamente, Amnistía Internacional señaló que la medida tomada contra Mardini constituía un intento por penalizar la solidaridad hacia refugiados y migrantes.

“Hasta a 25 años de prisión podrían ser condenados. Es lo último que se les pasó por la cabeza cuando cumplían su cometido en la isla griega: avistar embarcaciones en peligro y ayudar a las personas que estaban en ellas para que no se ahogasen”, versa una petición publicada en la página web de Amnistía Internacional por la libertad de Sarah Mardini y Seán Biden, que pasaron cerca de 100 días en prisión. Luego de varias protestas y campañas, en noviembre del 2021, se aplazó el juicio hasta nuevo aviso.

Sarah Mardini y Seán Biden  (fotografía de Amnistía Internacional)
Sarah Mardini y Seán Biden (fotografía de Amnistía Internacional)

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