Crítica de discos y singles: la segunda vez de Hesse Kassel, los caminos de Inti-Illimani y el sol de Tame Impala
Las novedades discográficas de la música chilena unen dos puntos: la trayectoria gloriosa de Inti-Illimani y el presente efervescente de Hesse Kassel, puntales del rock nacional aparecido en este siglo. Y si se trata de nombres de esta era, la psicodelia de Tame Impala todavía tiene mucho que decir, incluso cuando abraza a The Smashing Pumpkins.
*Morir Saltando - Hesse Kassel
El siempre complejo paso del segundo disco resultaba una incógnita para Hesse Kassel. La buena recepción de su disco debut, La Brea, generó una natural expectativa. Pero el grupo puntal del Nuevo Rock Chileno logró estar a la altura. Morir Saltando, mantiene la energía transgresora del quinteto y subraya ciertos matices. Guiadas por la voz profunda de Renatto Olivares, las canciones mantienen los cortes intrincados y los paisajes musicales arrolladores y disonantes que los presentaron al mundo. Se escuchan en la canción de apertura, Pornomiseria, que ya venían tocando en vivo.
Pero de la sensación solemne e intensa del debut, el nuevo disco desarrolla el costado más directo y visceral. En temas como No me puedo relajar y Sancho Plagio, despliegan un material crudo y furioso. También suenan otras voces; en Tulpa se escucha al guitarrista Luca Cosignani y la voz alta del tecladista Joaquín “Chapa” González se cuela entre los pasajes de la intrincada Mariposa.
Hesse Kassel siempre parecen estar al borde de la cornisa y en este álbum controlan esa sensación con mayor seguridad. Los segmentos de las canciones están definidos con más precisión y logran una versión más apretada de su sonido inicial. Cuerpo y mente se separan a más no poder (Felipe Retamal).
*Caminos - Inti-Illimani
Escuchar el nuevo álbum de Inti-Illimani es como visitar un paisaje conocido, pero que vuelve a remecer. El grupo despliega en Caminos un set de 10 canciones con una bien desarrollada variedad estilística. Desde la reflexiva El Fuego de la Memoria, con su letra filosófica compensada por un suave arreglo instrumental, pasa a la animada Todo en ti, una cumbia que enfatiza los arreglos por sobre la sensación festiva. A tono con la historia del Inti, hay una pieza instrumental Danza de los Ruendes/El Basilisco, que mezcla dos composiciones originales con tino.
La habitual reflexión social, se despliega en La Verdad no Obedece, cuya letra parece hablar del país, pero también del mundo. “Dicen patria escondiendo la espada, dicen paz invocando la ley, pero el trigo no cece en la sombra y mi pueblo se postra a tu rey”, cantan. Una vibra que también se cuela en uno de los puntos altos del disco, Abya Yala, la colaboración con Pablo Chill-E que reivindica la América mestiza y evoca una sensación de himno, actualizando la fibra de la Nueva Canción Chilena.
Y acaso como un guiño a la historia, en La Copa Alzada, se puede escuchar un recitado inédito del fallecido Patricio Manns. Un viaje emotivo que se corona en la dramática canción final, Caminos. La música no cesa y los cantores reflexionan. “Caminar, sin volver la vista atrás” (Felipe Retamal).
*Hummer - Tame Impala
Pasan los años y el nervio abierto de los Smashing Pumpkins sigue sangrando, inspirando a nuevos artistas.
Fue en la serie Musicians on Musicians de Rolling Stone donde Kevin Parker contó que Siamese Dream -el señero disco de Today, Cherub rock y Disarm- fue la banda sonora de sus años escolares. Bajo esa lógica se entiende el más reciente lanzamiento de Tame Impala: Hummer, un tema poco transitado de aquel álbum fundamental de los Pumpkins. El cover es parte de un tributo que sale el 14 de agosto a través del sello Sumerian Records, bautizado como Sending Hearts To All My Dearies. Hasta el propio Billy Corgan respaldó la idea y aprobó el título, sacado de un verso de la canción Mayonaise. En el trabajo de arqueología emocional participan, además, bandas y solistas de mundos muy distintos. Por nombrar algunos: Yonaka, The Midnight, Carpenter Brut, Meg Myers y Alice Glass.
Pero volvamos a Kevin Parker, que despacha una versión directa y nostálgica. Toma la textura áspera de los noventa y la pasa por su propio cedazo psicodélico. Superpone voces oníricas, guitarras vertiginosas y ritmos hipnóticos. Conserva el espíritu de la grabación original, pero lo arrastra hacia su propio territorio. Él mismo contó que Hummer es la canción que lo transporta con mayor intensidad a su juventud. Y eso se nota porque el cerebro de Tame Impala no comete el error de intentar imitar la angustia industrial y helada de Chicago. Prefiere evocar cómo se sentía escuchar esa música en su propio cuarto adolescente, influido por el gusto musical de su hermano mayor, bajo el sol punzante de Perth (Alejandro Jofré).
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