El rock intenso y desafiante de Hesse Kassel levanta polvareda en Lollapalooza
Uno de los grupos revelación del nuevo rock chileno abrió el Alternative Stage en la última jornada del festival. Con un show intenso, que no escatimó en ruido, gritos y mosh, la banda repasó el material de su celebrado disco debut La Brea y generaron uno de los momentos notables de la mañana.
El nuevo rock chileno ha hecho notoria presencia en Lollapalooza 2026. Los tres nombres en ascenso, Candelabro, Anttonias y los floridanos Hesse Kassel fueron considerados, en una buena lectura del momento de la música chilena. Propuestas diferentes pero que de alguna forma dialogan con la historia musical local.
La de Hesse Kassel es probablemente la más desafiante. Sus extensas canciones, la voz profunda de Renatto Olivares y su estilo de canto en spoken word, suele ser impactante a la primera escucha. Un rock de alto vuelo, progresivo e intenso que abrió la jornada de domingo en Lollapalooza.
Aunque el show se reprogramó una hora respecto a lo previsto, la fanaticada se asomó por el escenario con anticipación. “Gracias por venir”, saludó Olivares al escenario. El mosh del juvenil respetable empezó apenas sonaron los primeros acordes de Vida en Terranova.
Más cuando sonó la estrofa que la fanaticada entonó como cántico de tablón :“Acá si se vive la vida en base a la Banda, la gente Hesse Kassel Hesse Kassel Hesse Kassel Hesse ¡Kassel!”.
Con el ánimo encendido, el grupo pasa de inmediato a Sancho Plagio, un tema nuevo a incluir en su segundo disco, que hace referencia al entorno de críticas a las bandas. El público canta la frase principal que suena como estribillo: “ladran Sancho que vamos pasando”.
El guitarrista Luca Cosignani apoya con sus habituales gritos, como haciendo el papel del hablante desatado. Olivares lanza sus palabras más duras para quienes dejan contenido hate a las bandas chilenas. También carga contra el recién asumido gobierno de José Antonio Kast, apoya a Candelabro por su show de ayer y las críticas que recibieron por dedicar Ultraderecha al mandatario. El público brama. El mosh se intensifica. Y el sol quema inclemente.
Como para bajar la tensión pasa la jazzera Los días de sol, en que destaca la base rítmica de Matthew Hopper (bajo), Eduardo Padilla (batería).
El show está concentrado en el material de su único disco hasta ahora, La Brea destacado por el portal estadounidense Consequence. El grupo suena afiatado y maneja el uso del ruido, el feedback de los instrumentos y las distorsiones, con un sorprendente sentido musical.
El entretejido de las guitarras de Olivares, Cosignani y Mauricio Rosas (quien luce un pasamontañas), genera una sensación caótica que lleva a la música a otro lugar. Los segmentos extensos, con pasajes cargados de disonancia sazonados por el teclado de Joaquín “Chapa” González que de alguna forma es la conexión a tierra en el sonido del grupo.
Y el respetable repite el cántico de tablón. “Olé, olé, oleee Heeessse Kaaassel”. Y como poseído por el sonido vuelven a girar, en un torbellino alimentado de furia y sudor juvenil.
Para el segmento final arremeten con Postparto, la intensa y desafiante canción de La Brea. La entonación de Olivares que suma intensidad hasta desbordar en gritos mientras avanza la música avanza hacia un crescendo furioso y rotundo. El mosh se agranda y se hace más intenso, como una bestia oceánica, un caribdis de carne y sudor veinteañero.
Ante el aplauso del público el grupo se despidió. Un show en el que grupo hizo gala de su intensidad y un repertorio que crece en directo. De cara a su segundo álbum, a publicarse en el segundo semestre, el grupo muestra una sorprendente claridad artística. Que así se mantenga.
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