Culto

Guernica: el grito eterno de Pablo Picasso convertido en símbolo y hoy en la polémica

Aquí, un repaso por los trazos de una obra nacida en el exilio, su custodia en Nueva York y las razones técnicas que hoy impiden que el cuadro regrese a tierras vascas tras casi un siglo de historia, lo que ha desatado en España incluso una tormenta política.

Para julio de 1936, las noticias más urgentes en España venían del sur. La sublevación del llamado bando nacional contra el Gobierno electo de la Segunda República generó el estallido de la Guerra civil española. Por esos días, cuando ya se conocía el levantamiento del general Francisco Franco el director general de Bellas Artes de España, Josep Renau, decidió nombrar al pintor Pablo Picasso como director honorario del Museo Nacional del Prado. El malagueño -acaso el artista más importante de España por entonces- aceptó el nombramiento.

“No sabemos con exactitud de quién partió la idea de nombrar a Picasso director del Museo del Prado, pero realmente era una medida extraordinaria para atraer aún más la atención del artista hacia la causa de la República y, por otra parte, era una medida de gran resonancia entre los círculos intelectuales europeos por la expectación que su nombre podía atraer. Según José Renau, que había sido nombrado director general de Bellas Artes el día 7 de este mismo mes, una de sus primeras disposiciones fue la de proponer este nombramiento. Picasso acepta el nombramiento y, pese a que nunca se trasladará a Madrid a tomar posesión del cargo, siempre estuvo orgulloso del mismo”, señala Josefina Alix en su artículo Guernica. Historia de un cuadro.

Pero ese era solo uno de los primeros pasos que la Segunda República dio para acercarse al artista, porque ya por entonces rondaba la idea de hacerle un particular encargo. Así se explica en el artículo Guernica de Pablo Picasso. Del pabellón parisino de 1937 a su articulación como obra maestra del arte contemporáneo internacional, de Isabel Tejeda.

“Antes de la guerra, el gobierno español preparaba un pabellón de arquitectura regionalista para la Exposición Universal parisina de 1937. La guerra cambió esos planes y bajo las directrices del embajador español en París, Luis Araquistain, se pensó un pabellón que desempeñara un papel propagandístico de las consecuciones de la República en materia de educación, cultura, economía, servicios sociales, etc. Su meta era proclamar la situación dramática que estaba viviendo España y conseguir adeptos y alianzas internacionales para la causa republicana. Se contó para ello con un gran equipo de intelectuales y creativos que funcionó de manera colegiada y con una libertad sólo menguada por las complicaciones tanto económicas como de gestión e intendencia que provocaba una España sitiada”. Y quién mejor que Picasso para ello. Ante la propuesta, el malagueño aceptó.

Y mientras esbozaba los primeros trazos de su aporte al pabellón, la guerra aparecía como el monstruo grande que pisaba la pobre inocencia de la gente. En específico de la localidad vasca de Guernica, en el país vasco. El 26 de abril de 1937, la población civil sufrió los efectos de un bombardeo por parte por parte de la Legión Cóndor de la Alemania nazi y la Aviación Legionaria de la Italia fascista, que combatían en favor del bando sublevado.

¿Por qué los nacionalistas y sus aliados bombardearon esta pequeña localidad? La respuesta la entrega el historiador español Jesus Salas Larrazabal en su libro Guernica (1987), dedicado en extenso al bombardeo. “Guernica fue el punto clave del frente vascongado desde el 25 de abril hasta mediados de mayo y un objetivo táctico de primera importancia”.

Pablo Picasso, 1971

Las malas nuevas llegaron pronto a París, donde se encontraba residiendo Picasso. “Las primeras noticias del bombardeo de Guernica llegan a París a través de las ondas de Radio Bilbao el día 27 por la tarde. A partir de ese momento las informaciones son incesantes y los periódicos salen a la calle con la noticia en grandes titulares”, señala Josefina Alix.

Pocos días después, ante el impacto de la noticia, hubo manifestaciones en las calles de la “Ciudad Luz”. Así lo señala el artículo de Josefina Alix. “El sábado, 1 de mayo de 1937, sólo cinco días después del bombardeo de Guernica, tuvo lugar en París la más grande manifestación de esta índole en toda su historia: más de un millón de manifestantes cubrieron a pie el histórico recorrido que va de la plaza de la República a la Bastilla. Entre las consignas más repetidas de los manifestantes figuraron la condena del atroz bombardeo y la petición de ayuda a las víctimas. Aunque aún no se conocía de manera clara su significado último, Guernica provocó en todo el mundo manifestaciones de apasionada indignación”.

Uno de esos indignados fue justamente Picasso, quien conmovido con los hechos decidió actuar. “Aquella misma tarde, Picasso, profundamente impresionado e irritado, renunció a su costumbre de pasar los fines de semana con Marie-Thérèse y su pequeña hija Maya en la casa que tenía en el campo y cogió un lápiz y un pequeño bloc de papel azul y trazó un escueto boceto de un toro, un caballo y una mujer. Era el principio del Guernica”.

Guernica de Pablo Picasso | Página Museo Reina Sofía

Así, por varios meses y en un taller prestado -debido a las enormes dimensiones del cuadro- Picasso le fue dando vida al Guernica. En mayo de 1937 dio unas declaraciones en las que adelantó lo que estaba haciendo: “La lucha española es la batalla librada por la reacción contra el pueblo y la libertad. Mi vida entera ha sido una lucha constante contra la reacción y la muerte del arte. ¿Cómo puede alguien suponer por un instante que yo pudiera estar de acuerdo con la reacción y la muerte? Cuando comenzó la rebelión, el Gobierno republicano español legalmente promovido por el pueblo me nombró director del Museo del Prado, puesto que acepté inmediatamente. En el mural en que estoy trabajando y que llamaré Guernica, y en todas mis obras recientes expreso mi execración de la casta que ha hundido a España en un océano de dolor y de muerte".

Ya terminado, fue llevado finalmente al pabellón español de la Exposición Universal Parisina en junio de 1937, aunque la instalación solo se abrió al público el 12 de julio. Al público le impresionaron su mensaje y sus enormes dimensiones. “La obra, cuyas connotaciones políticas y grandes dimensiones (3,5 x 7,7 metros) la relacionaban con el muralismo, estaba realizada sobre una gran tela montada en un bastidor ya que no se deseaba que desapareciera tras acabar el evento”, señala el citado artículo de Isabel Tejeda.

Tras estar meses en la exposición de París, el Guernica inició una gira por las ciudades europeas de Oslo, Copenhague, Estocolmo y Gotemburgo entre enero y abril de 1938, cuando la Guerra Civil Española seguía su oscuro tranco. Ante eso, Picasso decidió que el cuadro quedara bajo custodia del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), fue solo en 1981, después de la muerte del dictador Francisco Franco cuando el cuadro llegó definitivamente a España, para estar exhibido de manera permanente en el Museo Reina Sofía.

Tapiz de Guernica en la ONU. Créditos: es.euronews.com

El Guernica ha vuelto a la palestra a raíz del pedido del Gobierno regional vasco (lehendakari), para que el cuadro sea trasladado por nueve meses al museo Guggenheim de Bilbao, coincidiendo con el 90 aniversario del bombardeo de la villa y de la constitución del primer Gobierno vasco.

Sin embargo, desde Madrid la respuesta ha sido negativa pues desde el Reina Sofía aseguran “desaconseja rotundamente” el traslado por considerar que las vibraciones del mismo podrían perjudicar su estado y aumentar su deterioro. Lo cual, por supuesto, no ha desalentado a los vascos a seguir insistiendo.

“Sacaron a Franco de su tumba en el Valle de los Caídos ¿y no son capaces de traer un cuadro de Madrid a Euskadi? La pelota está en su tejado, que respondan”, exigió Imanol Pradales, jefe del gobierno regional vasco al Ejecutivo español, que preside Pedro Sánchez, este domingo durante un acto político. El Guernica aún genera pasiones.

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