Culto

La última obsesión de O’Higgins: cómo Chile se apoderó del Estrecho de Magallanes con una pequeña goleta

“Magallanes, Magallanes”, alcanzó a decir el prócer antes de morir en 1842. Meses después, el gobierno de Manuel Bulnes preparó una expedición para tomar posesión del territorio. La misión quedó en manos de la Ancud, una precaria embarcación construida en Chiloé que llegó al Estrecho en septiembre de 1843.

“Magallanes, Magallanes”, alcanzó a pronunciar Bernardo O’Higgins antes de expirar en 1842. En sus últimos estertores, el prócer quiso remarcar su interés en que el gobierno de Chile se hiciera presente en el sur del continente americano. En particular sobre el Estrecho de Magallanes, hito que en los últimos días estuvo en la discusión por las recientes declaraciones del jefe de la Fuerza Aérea argentina, Gustavo Valverde, quien afirmó en una entrevista que este formaba parte de la soberanía de Argentina.

Lo cierto es que ya desde los tiempos de la conquista, en el siglo XVI, la corona española intentó marcar presencia en el territorio. Así entre 1584 y 1587, se fundaron las ciudades Rey don Felipe y Nombre de Jesús las que finalmente se abandonaron a causa del clima duro, el hambre y las enfermedades.

Hacia el siglo XIX, el Estrecho, un camino de 305 millas marinas, mantenía su peso en el comercio y navegación internacional. Un detalle que notaron las emergentes repúblicas de Sudamérica. Y aunque en los primeros años se enfocaron en sus respectivas guerras de independencia, pronto hubo un interés por expandirse hacia aquel último rincón del continente americano.

Bernardo O'Higgins

En la constitución de 1822, promulgada durante el gobierno de O’Higgins, ya se marcaba la zona como parte del país. “El territorio de Chile conoce por límites naturales, al sur el Cabo de Hornos”, rezaba el Artículo 3 de esa carta magna.

Años después, durante su exilio en el Perú, O’Higgins profundizó su interés en el tema. “En 1836, don Bernardo encargó a su amigo norteamericano Juan H. Smith, capitán de la barca Cigar, ‘un proyecto para establecer buques de vapor en el estrecho de Magallanes para remolcar los veleros procedentes del océano Atlántico en viaje al Pacífico’”, detalla el artículo La incorporación del Estrecho de Magallanes de Germán Bravo Valdivieso.

Por esos mismos años, Manuel Bulnes entró a Lima con las tropas chilenas que participaban en la Guerra contra la Confederación Peru-Boliviana. Aprovechando su estadía en la ciudad, se dio un tiempo para visitar a O’Higgins. Además de conversar varios asuntos, la historiografía detalla que se extendieron largo rato sobre el tema de la presencia chilena en Magallanes.

O’Higgins no cejó. En julio de 1842, meses antes de su muerte, contactó al entonces ministro del Interior y Relaciones Exteriores, Ramón Luis Irarrázaval, quien se encontraba de visita en el Callao. A él le insistió en su idea del servicio de remolcadores para el Estrecho.

Manuel Bulnes

“Casi me quedo sin cumplir esta oferta, porque a los pocos días caí a la cama de un resfriado que me hizo pasar diez días en ella, así es que apuradamente he podido escribir los documentos que dirijo a su ministerio. Si lo permite mi salud, en cada uno de los vapores siguientes habré de aumentarle con nuevas observaciones”, le escribió el prócer en una carta.

La observación de O’Higgins coincidió con otra gestión. Poco antes, en 1841 -durante el gobierno de Bulnes- el marino estadounidense George Mabon “solicitó al gobierno chileno una concesión por diez años para explotar un servicio de remolcadores en el estrecho”, escribe Bravo Valdivieso en su artículo. Para estudiar la petición, se formó una comisión integrada por Diego Antonio Barrios, Santiago Ingram y Domingo Espiñeira, quienes se mostraron favorables a aceptar la solicitud, no sin antes marcar la presencia soberana de Chile en el Estrecho.

El viaje de la Ancud rumbo al Estrecho de Magallanes

Aquella solicitud terminó siendo el paso clave. Espiñeira, nombrado intendente de Chiloé, fue comisionado por el presidente Bulnes para preparar una expedición naval que debía tomar posesión del estrecho y sus territorios. Como la escuálida armada de Chile contaba con muy pocas naves (solo con la maltrecha fragata Chile y la corbeta Janequeo), se debió construir una embarcación. Así, aprovechando la madera de los bosques y la tradición marinera de los chilotes, se armó la goleta Ancud.

Al mando de la expedición, Espiñeira nombró al capitán capitán de puerto de San Carlos de Ancud, John Williams Wilson, quien había traducido su nombre por Juan Guillermos. Junto a él, se sumó al naturalista prusiano Bernardo Philippi como parte de la expedición. Zarparon a fines de mayo.

Juan Guillermos Wilson, capitán de la goleta Ancud que tomó posesión del Estrecho de Magallanes.

Según consta en el diario de la expedición llevado por el capitán Guillermos, la Ancud contaba con una tripulación de 22 personas “entre ellas dos mujeres, esposas de los soldados de la guarnición de la goleta”. Como no se tuvo el tiempo para embarcar todos los pertrechos a causa del mal tiempo, se debió pasar a Dalcahue para conseguir víveres. Así, se obtuvieron carneros, provisiones de pescado, papas y leña. “En la noche cojimos mucho pescado con el anzuelo i un tiburon de 8 piés de largo [sic]”, escribió el marino.

Tras cruzarse con dos goletas loberas norteamericanas, Enterprise y Betzei, la expedición llegó a las inmediaciones del Estrecho en los primeros días de septiembre. El día 18, coincidiendo con las Fiestas Patrias, Guillermos tomó posesión del territorio en nombre de Chile.

El capitán apuntó así ese momento en su diario del viaje. “El 18 de Setiembre, dia del aniversario de la independencia de la República, al rayar el sol llamé toda la tripulacion sobre cubierta arbolando el pabellon nacional por primera vez en estas rejiones, haciendo una salva de 21 cañonazos con el cañon que llevaba montado i acompañado con los entusiastas vivas de la tripulacion [sic]”.

“Hice repartir entre ella un poco de vino para celebrar el día, oyéndose brindis mui entusiastas por S. E. el señor Presidente de la República, los señores ministros de Estado i el señor intendente de Chiloé [sic]”, continúa Guillermos.

Por las inclemencias del tiempo propias de los mares australes, Guillermos recién pudo desembarcar el día 21. Pero en su diario apunta una observación que también explica la premura. “Se divisó un asta de bandera en la punta de Santa Ana, en la parte mas prominente de la punta que forma el puerto de San Felipe (...) En el acto desembarqué”.

La goleta Ancud.

Guillermos se apuró para tomar posesión del Estrecho, acompañado por un grupo de tripulantes. “Tomamos posesion de los Estrechos de Magallanes i su territorio en nombre de la República de Chile a quien pertenece conforme está declarado en el artículo 1.O de la Constitucion Política, i en el acto se afirmó la bandera nacional de la República con salva jeneral de veintiun tiros de cañon [sic]”, rezaba el acta levantada en el mismo lugar.

La Ancud había atracado en el antiguo Puerto del Hambre, el mismo lugar en que los exploradores españoles habían fundado la malograda ciudad Rey don Felipe. “Tras quince días de exploraciones, llegaron a la conclusión de que era el adecuado y procedieron a la construcción de casas y de una empalizada saludándola, quebrando en ella una botella de vino chileno escogido”, agrega Bravo Valdivieso.

¿Y el misterioso barco que avistó Guillermos? resultó ser extranjero. Así lo cuenta en su diario. “Moderó el viento i mandé al señor Philippi a saber qué buque era el entrado, resultando ser la fragata de S. M. el Rei de Francia llamada Phnéton, comandada por el teniente de navío Mr. L. Maissin, procedente de Rio Janeiro i con destino a Talcaguano [sic] en busca de carbon de piedra”.

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