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Los ejes de ¡La Novia!, la audaz reinvención del clásico monstruo del cine que divide a la crítica

Tras debutar en la dirección con La Hija Oscura (2021), Maggie Gyllenhaal presenta su relectura de La Novia de Frankenstein (1935) con Jessie Buckley en el rol principal. Con acento en temas feministas y apelando a una estética punk, la realizadora le da nueva vida al icónico personaje. La película –que ya se puede ver en salas del país– ha generado comentarios opuestos entre los especialistas.

Los ejes de ¡La Novia!, la audaz reinvención del clásico monstruo del cine que divide a la crítica

Unos meses después del estreno de Frankenstein (2025), de Guillermo del Toro, el imaginario de Mary Shelley inspira una nueva película con grandes estrellas y respaldada por una compañía de renombre. Aunque, para ser rigurosos, la principal referencia de la directora y guionista Maggie Gyllenhaal es La novia de Frankenstein (1935), la cinta que introdujo a ese figura en la cultura popular.

A la realizadora de La hija oscura (2021) le inquietó el silencio del personaje interpretado por Valerie Hobson –que aparece sólo durante diez minutos en el tramo final de ese largometraje–, y se preguntó qué estaba pensando realmente.

En un guiño a ese filme de hace casi un siglo, la cineasta ambienta la historia de ¡La Novia! en los años 30 y, tal como ocurre en la obra de James Whale, la misma actriz encarna a Shelley y a la mujer monstruo del título. La elegida es Jessie Buckley, quien acaba de cosechar elogios y premios por su rol en Hamnet (2025) y todo apunta a que en unos días recogerá el primer Oscar de su carrera en reconocimiento a ese papel.

En el Chicago de la Gran Depresión, donde la corrupción y la mafia prevalecen, Ida (Buckley) es una escort que frecuenta el bar de un poderoso gánster de la ciudad. Producto de una aparente posesión, empieza a vomitar palabras que desatan la ira de ese jefe criminal y es arrojada por sus secuaces por las escaleras del lugar, perdiendo la vida al instante.

Hasta esa misma urbe llega Frank (Christian Bale), el monstruo creado por Victor Frankenstein. Tras años vagando por el mundo en solitario, toca la puerta de la reputada Cornelia Euphronious (Annette Bening) para implorar que le ayude a encontrar a una compañera. Esa solicitud desemboca en que ambos desentierren el cadáver de Ida y la revivan en las instalaciones de la doctora. La relación entre los protagonistas comienza con una mentira: pese a que nunca la había visto, Frank le asegura que antes de morir era su prometida.

La película se transforma en el momento en que las dos criaturas matan a unos malhechores que los hostigan en Chicago y se convierten en el blanco de una investigación policial. Alarmados, Ida y Frank se dan a la fuga y viajan hasta Nueva York, hasta donde los persiguen el detective Jake Wiles (Peter Sarsgaard) y su asistente, Myrna Mallow (Penélope Cruz).

A medida que sus actos alcanzan notoriedad nacional, Ida se convierte en un referente: en otras ciudades, mujeres se organizan y, armadas y pintadas con la misma marca de tinta alrededor de la boca, desafían el status quo.

La cinta mezcla el romance y el drama criminal con notas punk, además de rendir tributo a los musicales de los años 30, mediante el personaje de Jake Gyllenhaal, un actor idolatrado por Frank. Pero todo comenzó de manera más sencilla, con Maggie Gyllenhaal intentando contestarse a sí misma las interrogantes que le generó la lectura de la novela de Mary Shelley.

“Cerré la última página y tuve una fantasía secreta o un deseo –o no sé, una pregunta–. ¿Es esto todo lo que Mary Shelley tenía que decir, o era todo lo que se podía publicar en 1819? ¿Había otras cosas que podrían haber rondado su mente como mujer, como persona tan radical en aquel momento, que no pudo plasmar, o como decimos en la película, que ni siquiera pudo permitirse pensar? Esos fueron los puntos de partida del guión: mis propias imaginaciones de lo que podrían haber sido esas cosas”, explicó a The Hollywood Reporter.

A favor y en contra

El segundo largometraje de Maggie Gyllenhaal ha cosechado comentarios dispares en la crítica, entre quienes consideran que su mirada está bien lograda y otros especialistas que no se muestran convencidos con sus decisiones creativas.

The New York Times argumentó: “No siempre tiene sentido tonal e intelectualmente, pero el conjunto es enérgico, hermoso y está repleto de intérpretes expertos y atractivos que mantienen el interés incluso en los pasajes más toscos y menos coherentes. Similar a lo que hizo Emerald Fennell en su reciente adaptación de Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë, Gyllenhaal ha tomado una de las novelas más famosas de una escritora del siglo XIX para reconsiderar la figura irritada y permanentemente provocadora de la mujer monstruosa”.

“Aunque la película no funciona del todo –se arrastra y se descontrola; tiene mucha carne y hueso, pero le falta fuerza narrativa–, tiene una chispa de audacia. Está viva de una forma que no lo estaba la Frankenstein de Del Toro”, indicó Variety, sugiriendo que “le habría venido bien un poco más de energía”.

IndieWire fue más duro en su análisis, expresando que “¡La Novia! está llena de rabia y sentimientos, adoptando una postura anárquica contra la opresión. Pero a quién le grita, en nombre de quién grita, permanece fuera de foco, y el misterio de lo que la Novia de Elsa Lanchester podría haber estado pensando queda sin respuesta”.

En una tecla similar, la revista Time observó que “¡La Novia! no es sólo una película, sino un vehículo para las ideas. Es un viaje intelectual sin alegría”. También juzgó el nombre de la cinta. “Ese molesto y enfático signo de exclamación en el título no sólo está ahí por estética; es emblemático de la exageración de la película”, señaló.

En una nota más entusiasta, The Guardian elogió la labor de su protagonista: “Sin Buckley, esto habría sido insuficiente; con ella, es un espectáculo muy extraño y agradable de felicidad conyugal”.

“Al igual que los científicos locos a los que parodia, Gyllenhaal se excede. Subraya tres veces sus temas feministas y casi sabotea su ingeniosa creación. Irónicamente, tampoco confía en que el público piense por sí mismo (...) Pero si tomas un bisturí y le cortas diez minutos, ¡La Novia! sería un espectáculo deslumbrante. Este monstruo está más que vivo, está vivooooo”, planteó Los Angeles Times.

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