Mieko Kawakami, escritora japonesa: “2666 de Bolaño todavía me abruma completamente”
Finalista del International Booker Prize, la autora del fenómeno Pechos y huevos llega a Chile con Los amantes de la noche. En esta entrevista, reflexiona sobre por qué la literatura japonesa conecta tanto en Occidente, el fin del modelo laboral tradicional en su país y cómo clásicos como Mishima y Tanizaki moldearon su pluma.
Fue un interés por estudiar la luz, desde el campo de la física, lo que hizo que la escritora japonesa Mieko Kawakami comenzara a cranear la idea de una novela. Parece algo muy alejado de la literatura, pero esta, como la ciencia, es un terreno para las preguntas, las incertezas, solo que en la ficción no siempre tienen una solución exacta. De ahí a que Kawakami comenzara a escribir la historia de una mujer treinteañera, solitaria y sin vida social, como Fuyuko Irie.
“Fue unos años después de convertirme en escritora -dice Kawakami a Culto-. Siempre he querido escribir sobre lo que significa para las personas estar vivos y luego dejar de estarlo. En ese tiempo estudiaba por mi cuenta sobre física cuántica y la luz, y quise combinar esa concepción de la realidad con la vida diaria, en la forma de un relato. Lo escribí mientras asistía a conferencias de física cuántica y leía papers sobre la luz. Infaltable fue también escuchar Berceuse de Chopin”.
Así, Mieko Kawakami publicó en su país Los amantes de la noche, en 2011. El libro fue un éxito y acaba de llegar a Chile, en lengua castellana, vía Seix Barral. En sus páginas, leemos sobre Fuyuko Irie, una correctora de pruebas freelance cuya vida parece andar a los tumbos por la vereda de lo intrascendente, un otoño gris eterno en el que nada la anima. Vive sola y es incapaz de establecer vínculos importantes, tanto es así que solo mantiene contacto con su editora Hijiri. Su única fuente de felicidad plena es observar las luces, a lo lejos, de la noche profunda de Tokio. Pero un buen día esa cotidianeidad plana se quiebra con la aparición de Mitsutsuka, un hombre con el que nada vuelve a ser lo mismo.
Kawakami (Osaka, 49 años), es una de las escritoras japonesas que ha ganado mayor relevancia a nivel mundial. La revista Granta la seleccionó como una de las mejores novelistas japonesas jóvenes de 2016. Su primera novela corta Mi ego, mis dientes y el mundo, publicada en 2007, fue galardonada con el Premio Tsubouchi Shoyo para Jóvenes Escritores Emergentes. Al año siguiente, Kawakami publicó la novela que le dio más relevancia: Pechos y huevos con la que ganó el premio literario más prestigioso de Japón, el Premio Akutagawa. Luego vinieron Heaven (2009) y Los amantes de la noche. Con Heaven fue una de las finalistas para el Premio International Booker, en 2022.
Sus tres principales novelas (Pechos y huevos, Heaven y Los amantes de la noche) han sido traducidas al castellano en línea con el interés de que han despertado en Occidente los autores asiáticos, en especial de Corea del Sur, China y Japón. Nombres como Han Kang, Mo Yan, Can Xue, Keum Suk Gendry-Kim, o Haruki Murakami ya resultan familiares para los lectores.
Como Mieko Kawakami no habla castellano, las preguntas se mandaron vía correo electrónico al traductor Pablo Fernández, quien las pasó al japonés. En esa lengua contestó la autora, y las respuestas volvieron a Fernández quien las tradujo al castellano para Culto.
¿Cómo nació el personaje de Fuyuko Irie? ¿Fue construido desde la observación, la experiencia o la imaginación?
El personaje de Fuyuko nació muy naturalmente dentro de la novela. Creo que, dentro de las personas fuertes y seguras, hay algo de la sensibilidad de Fuyuko. Incluso hay una parte de mí que tiene algo de Fuyuko, y fue, observando ese aspecto de mí misma, que escribí al personaje.
¿Cuánto de usted tiene Fuyuko Irie?
Cuando estoy sola, siento que tengo una personalidad similar a la de Fuyuko. Me pasa mucho que, mientras camino de repente paro abruptamente, paralizada por no estar segura por dónde seguir. Incluso cuando es a casa donde debería volver, siento que no es lo correcto.
Fuyuko vive una soledad muy particular, ligada al trabajo freelance y a la ciudad. ¿Cree que esta forma de aislamiento es específica de nuestra época?
En Japón a mi generación se le llama “Generación Perdida” (lit. “Generación de la Edad de Hielo”), para quienes el trabajo precario y freelance se hizo algo habitual. Como Fuyuko, hay muchos jóvenes en Japón que no podrán tener una vejez tranquila por esta razón. En la actualidad este es un grave problema social.
¿Cómo ve la relación entre precariedad laboral y fragilidad emocional en la vida contemporánea?
Por mucho tiempo trabajar para una empresa durante toda la vida era algo extendido en Japón; el hombre proveía económicamente y la mujer era dueña de casa a tiempo completo. Pero eso ya se acabó. El matrimonio y la procreación son vistos como privilegios por los jóvenes. Frente al sueño de la realización personal, se anteponen salarios demasiado bajos como para poder progresar en la vida. Todos abrazan una profunda ansiedad.
¿Cree que la naturaleza frenética y funcional de la vida en una gran metrópolis como Tokio facilita o, por el contrario, dificulta el cultivo de lazos emocionales profundos?
Más que el aspecto funcional de la ciudad, tengo la impresión que las redes sociales son las que determinan los lazos emocionales. La ciudad de Tokio puede ser un lugar muy amable, cómodo y estimulante para los que tienen dinero, pero gran parte de los jóvenes sienten que es agotadora. A pesar de esto, la mayoría de los jóvenes la prefieren a la vida rural de sus pueblos natales.
¿Hasta qué punto considera que esta historia es específicamente japonesa y hasta qué punto es universal?
Creo que esta novela ilumina un amor diferente al que usualmente creemos que debería representarse. Aunque se publicó en Japón hace más de 10 años, sigue reimprimiéndose, y parece todavía estimular a la generación actual. Significa que toca sentimientos universales.
En otro ámbito, ¿conoce algo de literatura chilena o de Latinoamérica?
2666 de Bolaño todavía me abruma completamente.
¿Se leen libros Latinoamericanos en Japón?
Por ejemplo, el realismo mágico ya era algo enraizado en la creación japonesa, uno podría pensar que había lazos subterráneos muy estrechos con lo latinoamericano. Gabriel García Márquez ocupa un lugar muy importante entre los japoneses.
Su éxito internacional (especialmente después de Pechos y huevos y Heaven) la ha convertido en una figura clave. ¿Cómo ha cambiado esta visibilidad global su proceso creativo o la presión que siente al escribir?
Haber sido extensamente leída no ha puesto realmente mucha presión en mí, tampoco la influencia de la traducción de mi obra. Lo que sí me remueve el estómago es leer en redes sociales comentarios de cómo mi obra toca a la gente. Son expresiones muy sinceras y cargadas de emoción. Son esos sentimientos los que me esfuerzo en no defraudar.
¿Existe alguna diferencia notable en las preguntas o interpretaciones que recibe de los lectores en Japón en comparación con los lectores internacionales?
Realmente no veo la diferencia. Llega a sorprender cómo los lectores de traducciones se ven afectados profundamente y reciben el mensaje como si transmitiera algo muy personal de ellos mismos. No creo que los lectores de obras traducidas busquen entender lo japonés, sino leer un relato que conecte con sus propias vidas de forma sincera.
En Chile se lee mucho la literatura japonesa. ¿Por qué cree que conecta tanto con los lectores de esta parte del mundo?
Creo que la gente tiene el sentimiento de querer tocar algo de aquello que desconocen, algo lejano. No solo queremos ser observadores, sino partícipes de una experiencia y memoria compartida, pero al leer una expresión a la cual estamos demasiado acostumbrados, no podemos alcanzar esa experiencia. Tal vez el proceso de explorar lo ajeno es necesario para el autoconocimiento.
¿Cuánto influyeron en usted los clásicos japoneses Tanizaki, Mishima, Kawabata, Kenzaburo Oe?, ¿cree que su literatura dialoga en parte con ellos?
Conservo algo de cada autor o autora que estudié. Si hay diálogo, hay influencia. Tanizaki fue muy importante para afinar el oído. Mishima me enseñó lo que la consistencia de construcción le otorga a la novela. De Kawabata la necesidad de podar cada frase para lograr un impacto. De Oe, la belleza que hay en la prosa temeraria, tan importante como el virtuosismo técnico.
Mirando hacia el futuro, ¿cómo espera que sus obras sean recordadas por la audiencia global? ¿Como una voz de la soledad moderna, una cronista de la vida femenina, o algo completamente distinto?
Creo que no tengo una imagen concreta de cómo quiero ser recordada. Si fuera un recuerdo difícil de poner en palabras, el pedazo de una imagen, o un momento poético: creo que ese es mi deseo, realmente. Si algo de esto pudiera llegar a ser parte del paisaje en la vida de un lector, ¡sería increíble!
Lo último
Lo más leído
Plan digital + LT Beneficios por 3 meses
Comienza el año bien informado y con beneficios para ti ⭐️$3.990/mes SUSCRÍBETE