Park Chan-wook: “Sería interesante que esta película tuviera un remake en Chile o EE.UU.”
El autor de Oldboy acaba de llegar a las salas nacionales con La Única Opción, fina sátira sobre un hombre desempleado que traza un macabro plan para eliminar a su competencia. En esta entrevista con Culto, explica por qué la violencia surge “más racional y calculada” que en sus otras cintas y analiza la irrupción de la IA en el cine.
En un momento en que ya tenía El nombre de la venganza (2002) y Oldboy (2003) a sus espaldas, y su obra acaparaba la atención de los cinéfilos del mundo, Park Chan-wook (Seúl, 1963) quedó fascinado con The ax, la novela sobre un hombre de mediana edad que es despedido de la compañía papelera en la que se desempeña como gerente y decide, 18 meses después, en un acto desesperado pero meticulosamente planificado, matar a los siete candidatos que podrían arrebatarle el nuevo empleo al que postula.
El cruce de violencia y crítica social del libro de Donald E. Westlake se ajustaba perfectamente a su rúbrica como cineasta y a su destreza para observar (y no condenar) a tipos que cometen actos moralmente deleznables. Por eso, aunque el griego Costa-Gavras se le adelantó y filmó y estrenó su propia adaptación antes (en 2005), nunca abandonó el sueño de hacer su propia versión de esa obra literaria de la que se había enamorado. Incluso si eso implicaba modificar el plan inicial y mover la historia de Estados Unidos a su natal Corea del Sur.
Ahora, a más de 15 años de haber leído y quedado encantado con los ingredientes de dicha novela, y con La única opción consiguiendo elogios y premios, el director reconoce a Culto: “Es muy difícil imaginarla como una película estadounidense”.
Luego se explaya y desarrolla su punto: “En primer lugar, habríamos tenido un reparto completamente diferente. Incluso si hubiéramos tenido un reparto coreano, pero con un reparto completamente distinto, el filme habría sido muy diferente. Así que habría sido una película muy distinta con actores estadounidenses interpretando esos papeles”.
La larga espera también tuvo un lado positivo: el cambio de locación y el paso del tiempo le permitieron contar con Lee Byung-hun como estrella principal de la cinta. Para gran parte del público, se trata del actor que dio vida a “El Líder” en El juego del calamar, el principal villano de la exitosa serie surcoreana de Netflix. Para el realizador de 62 años, se trata de un viejo conocido con el que no había tenido la oportunidad de colaborar desde Joint security area (2000), el primer largometraje de su filmografía. Tras pasar la cincuentena, concluyó que él era el intérprete adecuado para el rol principal de su lectura de The ax.
En La única opción (o No other choice, que debutó esta semana en cines chilenos y más adelante estará disponible en Mubi), el actor encarna a Man-su, un hombre que lo tiene todo: un feliz matrimonio, una niña y un niño criados con amor y sin carencias, una cómoda casa, un buen trabajo, dos perros bien entrenados. Sin embargo, todo es una cáscara más delgada de lo que parece, como queda demostrado cuando le informan que, producto de la reducción de personal impulsada por los dueños estadounidenses de su empresa papelera, ha sido desvinculado. Sin mayores explicaciones, el trabajo al que ha dedicado años de esfuerzo y rigor ya no lo necesita.
Su existencia amenaza con caerse al despeñadero, hasta que idea y aplica un plan macabro: identificar a los otros aspirantes al empleo al que postula y asesinarlos uno a uno, de modo que, al final de su oleada criminal, no queden más posibilidades para el puesto que él mismo. Como matar no es tan fácil como imaginó en un comienzo, el plan se complica antes incluso de que su comportamiento despierte sospechas en su esposa, Mi-ri (Son Ye-jin), o en las autoridades locales.
Así, oscilando entre el thriller más implacable y la sátira más ácida, el filme trabaja la violencia desde una perspectiva inesperada, al tiempo que ofrece apuntes sobre el matrimonio, la masculinidad en crisis y la irrupción de la inteligencia artificial en las sociedades capitalistas. Una sinfonía que, bajo la la impecable conducción de su director de orquesta, fácilmente la posiciona entre las las cintas más soberbias del último tiempo.
Sobre esos temas, el autor surcoreano habla con Culto a través de videollamada desde Londres, la parada más reciente de su recorrido internacional con su alabado largometraje.
-La violencia es uno de los grandes temas de su cine. En esta película la utiliza de una forma audaz y sorprendente. ¿Por qué la quería abordar de un modo diferente esta vez?
Hay una gran diferencia en mi enfoque de la violencia en esta película, porque no es violencia por odio ni por venganza. La violencia de este filme no surge de la emoción. Es más racional y calculada, por eso a Man-su le resulta tan difícil actuar en consecuencia. Y también es muy difícil de justificar. Si usas la violencia como herramienta de venganza, aunque sea un acto muy violento, puedes justificarlo con una buena razón. Pero aquí no hay justificación.
Luego analiza: “Si no mira a sus víctimas, Man-su no puede matarlas. Pero a medida que mira a sus víctimas, se da cuenta de que comparte muchas similitudes con ellas. De hecho, casi todos son dobles de él. A medida que siente simpatía y familiaridad con cada mirada, siente una sensación de familiaridad con ellas. Y, de hecho, se hace amigo de su última víctima. Pero al mismo tiempo, en el transcurso de esos tres asesinatos, Man-su adquiere más experiencia y se acostumbra al acto de matar. Y este progreso de Man-su como asesino también equivale a su caída en el sentido de la moralidad. Así, mientras uno asciende, la otra desciende”.
-A tono con nuestros tiempos, optó por añadir la inteligencia artificial a la historia. ¿Cree que la industria cinematográfica será una de las que más cambiará tras el auge de esta tecnología?
Sí, creo que sí. Creo que la IA se usará activamente, en especial en el diseño conceptual. O en el diseño conceptual para películas de ciencia ficción o de época. También se usará activamente en el storyboard, la digitalización y los efectos visuales. Creo que se utilizará especialmente en los filmes animados. También creo que llegará un momento en el que la IA, en lugar de usarse en películas de gran envergadura, será utilizada por jóvenes cineastas en proyectos de menor presupuesto.
Si se trata de pensar en el futuro, propone una idea que de seguro despertará interés en este lado del mundo: “Creo que sería especialmente interesante si La única opción tuviera un remake en Estados Unidos o Chile”.
“Cuando cualquier película tiene un remake, es muy divertido comparar la original con los remakes. Pero como la historia de la película es relevante para cualquier país con un sistema capitalista, y es un poco más universal, si la misma historia se hiciera con un elenco diferente y en una locación diferente, creo que sería especialmente interesante”,
A la caza de los grandes
Park Chan-wook no trabaja pensando en premios ni en reconocimientos. Dicho eso, La única opción ha tenido una trayectoria destacadísima durante los últimos meses: estreno mundial en el Festival de Venecia –donde, a pesar de no ser parte del palmarés, fue uno de los títulos más aclamados de la selección oficial–, Premio del Público del Cine Internacional en el Festival de Toronto y Premio a Mejor Director en Sitges.
En tanto, en Estados Unidos se adueñó de tres nominaciones a los Globos de Oro (Mejor película de comedia o musical, Mejor actor de comedia o musical, Mejor película en lengua no inglesa), el mismo número que totalizó Parasite (2019) hace unos años.
Ahora, a días de que se revele el listado completo de candidaturas a los Premios de la Academia, asoma como una posible aspirante al Oscar a Mejor película internacional. Un hito que hasta el momento, a pesar de sus pergaminos, le ha resultado esquivo al director de The handmaiden (2016).
Él comparte su perspectiva sobre el asunto: “En cuanto a los premios, pienso que, más que el honor que conllevan, lo más importante para mí es que pueden ayudar a que la película se vuelva más conocida y se dé a conocer entre el público que quizás nunca habría oído hablar de ellas de no ser por los premios”,
Y añade: “Si entre el público que sí oyó hablar de la película, pero no se interesó antes de los premios, al menos hubiera un espectador que decidiera ir a verla al cine, creo que sería muy significativo para mí”.
De ese modo, considerando que prefiere la moderación en vez de la grandilocuencia cuando se trata de evaluar el alcance de su obra, no luce como un disparate la declaración que brindó hace poco a la revista Time: “Siempre he intentado seguir los pasos de los grandes maestros del cine, la mayoría de los cuales ya han fallecido. Me he esforzado mucho por alcanzar su nivel. Y creo que en ciertas escenas o películas, podría haber alcanzado un nivel similar, pero aún queda mucho camino por recorrer”.
-Hace poco dijo que aún siente que está lejos de los grandes maestros del cine. ¿Cree que, después de hacer este filme, está un poco más cerca?
Me resulta muy difícil compararme con los grandes cineastas por quienes siento tanto respeto. Pero con cada película, aunque sea por unos pocos milímetros, espero acercarme cada vez más a ellos.
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