Culto

Yesteryear: el libro que trata el fenómeno de las “tradwives” y que se ha convertido en el último gran suceso editorial

La novela de la estadounidense Caro Claire Burke aborda en tono mordaz el fenómeno de las mujeres que adoptan y promueven -sobre todo en redes sociales- los roles tradicionales de esposa y madre, apegados a los cánones del siglo XX. Es furor en ventas, tendrá su versión en cine a cargo de Anne Hathaway y ya está disponible en español.

Yesteryear: el libro que trata el fenómeno de las “tradwives” y que se ha convertido en el último gran suceso editorial

Natalie Heller Mills es la mujer estadounidense perfecta y tradicional. O eso quiere que el mundo crea. Esposa del hijo de un político republicano, vive junto a su marido y sus seis hijos también impecables en una idílica granja alejada del mundo, donde hay un huerto ecológico, una vaca, una cocina rústica y un corral donde un voluminoso número de gallinas ponen huevos en sus nidos. Por lo demás, ella hornea su propio pan de masa madre, y hace jabón y mantequilla caseros.

Y en algún momento de ese día inmaculado, Natalie vuelve todo aquello una performance pública: cuando se graba para Instagram, sube los videos, exhibe su rutina y observa las reacciones de los 8 millones de seguidores que acumula su cuenta.

En síntesis, Mills cabe dentro del concepto de “tradwife” (abreviatura del inglés traditional wife, que significa “esposa tradicional”), o sea, una mujer que adopta y promueve los roles de género de los años 40 y 50, en una travesía al corazón del siglo XX. Su vida se concentra en la dedicación exclusiva al cuidado de los hijos, las faenas del hogar y la sumisión voluntaria ante un esposo que actúa como único proveedor económico. Todo ello, por supuesto, lo amplifica a través de las plataformas digitales, donde recibe las críticas de feministas o de cientos de mujeres que no comparten su estilo de vida.

A ellas mismas se ha enfrentado en la vida real, en el minuto en que decidió huir de la modernidad estimulada por sus compañeras de universidad tras conocer a su esposo, Caleb, en una congregación de cristianos.

Pero su estatus va más allá de enfrentar opciones a modo de trinchera: para muchas especialistas, las “tradwives” están cambiando el cariz social de países como Estados Unidos y han sido esenciales en la ola conservadora, desde lo político y lo social, que atraviesan esas naciones.

El fenómeno

Ese es además el motor de partida de Yesteryear, el debut literario de la estadounidense Caro Claire Burke -ya disponible en español, se espera su próxima llegada a Chile- y que se ha convertido en el suceso de ventas de los últimos meses en la industria norteamericana. No hay otra pieza que haya generado tanto debate y análisis de la crítica.

Su publicación se la disputaron nada menos que 15 editoriales y el texto ya tiene un acuerdo cinematográfico con Amazon MGM Studios, cuyos derechos fueron adquiridos antes de su publicación por cerca de 2 millones dólares. La omnipresente Anne Hathaway participará en la iniciativa, como protagonista y productora.

Pero, claro, la existencia de la protagonista no se reduce a sus labores de dueña de casa. En un momento, la narrativa enfrenta una fractura. Una mañana, despierta en una casa que no es la suya: por un azar del calendario, está en pleno siglo XIX, en 1855, sin tecnología, sin posteos de Instagram, apenas con una chimenea y varios trozos de leña que cargar para resguardar la casa.

Naturalmente, no es la vida que le gusta. No puede impulsarla a través de redes sociales ni puede rentabilizarla como influencer. Tiene a sus hijos y a su pareja, pero ahora se debe enfrentar a un mundo retrógrado y pretérito en tiempo real, no ideal, en un camino a la inversa envuelto en sátira y humor negro. ¿Se debe quedar en ese universo o preferirá escapar? Esa es la disyuntiva que presenta la novela, la que va alternando dos líneas temporales en cada capítulo: en una de ellas se narra el destino de Natalie en 1855 y, en la otra, cómo evolucionó desde niña hasta el momento en el que viaja al pasado.

“Burke, antes de dar el paso a novelista, se dio a conocer en TikTok comentando temas sobre feminismo y el fenómeno tradwife, de ahí su conocimiento del tema. Yesteryear es una crítica feroz de las tradwives y su expansión en las redes sociales y aborda la maternidad, el matrimonio, la religión y el hecho de ser mujer, criticando a todas aquellas que lo consideran un espectáculo performativo”, ha dicho la revista Elle sobre el éxito literario.

The Guardian, por su lado, ha sido menos entusiasta. “Yesteryear: la caída de una ama de casa tradicional estadounidense”, dice el título de su reseña, para luego profundizar: “La premisa —una influencer de Instagram se enfrenta a la realidad de los pioneros— es genial. Pero, ¿está a la altura de las expectativas este ambicioso debut? Su voz mordaz y a veces hilarante —sobre la noche en que pierde la virginidad con su nuevo marido, dice: ‘Sentí la necesidad de ponerle un paño de cocina sobre el pene y esperar una hora a que se le levantara’— hace que la novela avance a toda velocidad. Sin embargo, Burke prescinde casi por completo del cuerpo femenino, una elección extraña para una novela sobre una mujer que da a luz a varios hijos como parte de una agenda pronatalista. Las descripciones del embarazo y el parto son superficiales y llenas de clichés (‘mi cuerpo tendría que abrirse para que un niño pudiera salir de él’), y la razón de la creciente insistencia de Natalie en un parto sin medicación queda totalmente sin explorar. La lactancia materna se reduce a eso: no hay agarre, ni bajada de la leche, ni descripción alguna. Las dificultades de Natalie para crear un vínculo con sus hijos en el posparto se tratan de forma superficial”.

La autora ha explicado su debut en una entrevista con El País: “Las tradwives lo que venden es una fantasía. El término tradwife surgió en los chats de incels cuando hablaban de cómo sería su mujer ideal. Y se han ido superponiendo capas de ficción muy relacionadas con la vida sencilla del salvaje oeste estadounidense, una obsesión muy presente ahora mismo en el país. Vivir de la tierra, del fruto de tu esfuerzo y un poco aislado. Es una fantasía de cabo a rabo. A veces me interesan mucho más esos niños (sus hijos) que las propias influencers, porque creo que cuesta entender el nivel de explotación y el robo de la identidad desde la más tierna infancia. En Estados Unidos, hay hijos que están comenzando a alzar la voz. Sin embargo, es una conversación complicada: quienes están al frente de la protección de la infancia pueden ser muy reaccionarios y sus medidas suelen pasar por separar a los niños de internet a unos niveles que pueden llegar a que los adolescentes no puedan acceder, por ejemplo, a espacios queer que quizá necesitan”.

En la misma conversación, Burke dice que siente empatía tanto de las tradwives como de las mujeres que las critican. “Me identifico con los dos”, argumenta. Luego suma: “Cuanto menos tiempo paso en internet y menos valor le doy a lo que piensan de mí, menos me afecta. Es una lección que Natalie podría haber aprendido: por muy importante que te creas, no lo eres. A menos que seas Taylor Swift”.

¿Y cree que el actual gobierno de EE.UU. ha impulsado las tradwives? La escritora responde: “Cuando empezaron, mucha gente lo trató como un asunto sin importancia confinado a las publicaciones femeninas. Ahora sabemos que fue una señal inequívoca de un cambio sociopolítico mucho más significativo. No pienso que haya habido un éxodo masivo de mujeres que hayan dejado de trabajar para volver al hogar. Pero esta secta religiosa extremista, que es una minoría en el país, pero mayoría en la Administración, está tomando medidas legislativas para meter a las mujeres en sus casas, como dificultar el acceso a los anticonceptivos, retirar derechos reproductivos, encarecer las guarderías y escuelas infantiles...”.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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