La columna de Guarello: Campeón

Guarello



Ni metiéndole un electroshock la final de la Copa Chile tuvo la energía y el ambiente que un partido de esas características, con Colo Colo y Universidad de Chile en la cancha como potenciadores, tiene de forma natural. Fueron tantas las condicionantes, comenzando por el hecho de que ambos vienen saliendo de la pretemporada y están lejos, esperamos, de un nivel razonable de juego, que el duelo transitó en la inorgánica e imprecisión general.

Ganó Colo Colo porque aprovechó tres minutos de luz y la embocó dos veces. En el resto del duelo, no disparó una sola vez al arco. Números exactos, De Paul no atajó un solo remate al marco, aunque fue dos veces a buscar la pelota adentro. La U, en cambio, dominó infructuosamente, mostrando esa ineficacia estructural que la tenía colgando hacia el descenso hasta que se suspendió el torneo. El equipo hoy dirigido por Caputto no logra sacarse el pánico escénico y la mufa de enfrentar a Colo Colo. Al primer contratiempo, se viene abajo y no se levanta más. El penal servido por Ángelo Henríquez, que se lo arrebató a Gonzalo Espinoza, es un ejemplo perfecto de la falta de convicción: le pegó con una boleta de la luz a la pelota. Y como Brayan Cortés anda prendido, le fue muy fácil atajar ese globo de cumpleaños.

Entonces Marco Bolados metió un pique y anotó después de combinar con Leo Valencia. Y la defensa de la U estuvo tan lenta como en todo 2019. Luego Javier Parraguez anticipó a Espinoza y dejó a De Paul sin opción. Se acabó la final a los 31 minutos. Desde ahí, Colo Colo aguntó tranquilo el anodino dominio azul y tuvo en Cortés una garantía cuando el juego previsible de la U lograba superar a la muy calmada defensa blanca. 95 minutos insustanciales, con pases al rival, pelotas rifadas y faltas. Salvo un momento en el segundo tiempo, cortito, donde Colo Colo dominó tocándola, el resto fue un venir constante de la U que se iba diluyendo a medida que se acercaba al área.

Bueno, reconozcamos que Walter Montillo sigue complicando con sus diagonales y pases filtrados. Pero estuvo solo. Y también que Parraguez hizo un buen partido comparado con sus anteriores actuaciones en Colo Colo. El tema es que es una final, y un juego tan romo no se condice con la expectativa o, por último, con la chapa que tiene este partido.

Colo Colo gana por costumbre, da la vuelta olímpica porque hay que darla, besa la copa para la foto y se va para su casa. Ya ni siquiera gana por la camiseta, con el short alcanza. En la intimidad saben, claro, que el nivel exhibido no sirve para competir en la Copa Libertadores. La U es otro cuento, como dijo un amigo azul muy realista para sus análisis: hay que concentrarse en salvar la categoría y remar contra el promedio 60-40 que el pilluelo de Victoriano Cerda les metió en el Consejo de Presidentes en plena madrugada, mientras la directiva de la ANFP pajareaba con el cajón abierto.

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