Yo, dopado: la descarnada confesión de un ciclista chileno sancionado

"Todos se dopan, lo digo con propiedad; en Chile es muy simple y yo aprendí de los mejores", revela Nicolás González, ciclista castigado hasta febrero de 2021 por EPO, en entrevista a La Tercera. Un relato sobre las cloacas de la trampa en el deporte.




Nicolás González (22), papá con apenas 13 años, era una de las promesas del ciclismo chileno. Desde 2013 irrumpió en el scratch. Se colgó oros y fue ascendido a la selección adulta con 17. Logró el récord nacional, aún vigente, junto al equipo de 4x4000. Era el futuro de los pedales. Pero en 2017 todo se truncó. Una muestra de su orina presentó trazas de EPO. Fue castigado hasta febrero de 2021. Otro sancionado al que la postergación le abre una puerta de acudir a los Juegos Olímpicos. “No lo había pensado; de volver, estaba pensando más en Santiago 2023”, dice desde La Unión (Los Ríos), donde trabaja en el rubro forestal de la familia.

¿Cómo ha sido su pausa obligatoria tras el positivo por EPO?

Cambió mi vida del cielo a la tierra, pero me ayudó a enfocarme en mis hijas. Cuando pasó, solo a la gente importante le conté lo que me había pasado. Luego salí a mochilear con mi polola, sin ver diarios, televisión, ni nada. Ese año también entré a la universidad a estudiar Educación Física. Traté de seguir en mountain bike, pero no me daban ganas de subirme a la bicicleta. De hecho, no sé si volveré al ciclismo. No tengo ningún apuro en volver a correr.

¿Por qué no quiere volver?

Porque no veo ningún avance, no me motiva subirme de nuevo a la bicicleta. No hay carreras, no hay apoyo, no hay campeonatos nacionales, el doping está por las nubes, todos se dopan. Eso es algo que yo digo con propiedad. Todos dicen que no se dopan, pero no es así. En Chile, es muy simple hacerlo y yo aprendí de los mejores

Dio positivo con 18 años...¿Por qué tomó una decisión así?

En 2016 fue mi primer año en la selección adulta, fui récord nacional, lo que me entregó un Proddar. Pese a que mi entrenador, Arturo Corvalán, dijo que fuese tranquilo, que no apurara mis procesos, el mantener ese beneficio era algo súper importante para mí, porque al final es el sueldo del deportista. Tenía un año para renovarlo y no salirme de los parámetros que exigen para mantenerlo. Ese bronce me vino bien, me dio hambre para lo que vendría: correr la Vuelta de San Juan, las Copas del Mundo, siempre con los mejores de Chile. Yo sabía cómo era el dopaje y siempre supe lo que hacían mis compañeros, pero mis entrenadores me explicaron las consecuencias, el mal que hacía al cuerpo, que era jugar con fuego. Pero con todo eso, el hambre de estar en la selección me hizo hacerlo. Veía que mis compañeros aumentaban siempre su rendimiento. Yo les seguía el ritmo, pero después de competencias ellos seguían bien y yo iba bajando el rendimiento en los entrenamientos.

De izquierda a derecha: Nicolás González, Antonio Cabrera, Edison Bravo y Diego Ferreyra, la cuarteta chilena en 2016, celebrando el bronce y el récord nacional en persecución (3'59"), en Aguas Calientes.

¿Ahí decidió doparse?

Ya conocía todos los nombres. CERA, que era el EPO que no te detectaban. O el Norditropin, que es hormona del crecimiento. Un día me escribió Antonio Cabrera por whatsapp diciéndome que le ofrecían testosterona y que la compráramos juntos, a 100 lucas. Era siempre lo mismo. Estábamos preparando una competencia, no recuerdo si fue la Vuelta a San Juan o una Copa del Mundo, y me decía todo el tiempo que debía ir preparado, que era ir dopado. Me insistía en que todos lo hacían, todos los de la selección. Hasta que accedí. Ahí fui a comprar junto a Edison Bravo seis ampollas de EPO, que costaban 3.900 pesos cada una.

¿Y Cabrera no compró?

Es que él nunca compraba, mandaba a Sapete [Jaime Rojas], el masajista del equipo. Una buena persona, pero muy amigo del Toño. Toño no iba nunca porque no se quería quemar, sabía que lo podían ver. Fui dos veces a comprar a la farmacia Asodi. Una vez solo acompañé a Edison y la otra ya a comprar para mí, también junto a Edison, con quien compartía habitación en el hotel del CAR. Esa noche los dos nos colocamos una en la habitación, porque al otro día teníamos selectivo. Siempre me preguntaban si estaba jugado, el código que tienen los ciclistas para saber si te estás dopando o no. Tras terminar el selectivo, llegó la Comisión Nacional Antidopaje a hacer controles y así me encontraron.

¿Esa vez el control fue solo a usted?

Fue a todos. Pero Edison y Antonio salieron a tomar cerveza para orinar antes del control. Llegaron como una hora después. Yo me quedé ahí. Estaba tranquilo, porque ellos me decían que no pasaba nada, que no me lo iban a detectar. No sé si el control fue coordinado por alguien o si realmente era sorpresa, ni por qué ellos no dieron positivo y yo sí, siendo que estábamos todos consumiendo algo, o por qué ellos me instaron tanto a hacerlo. A veces pienso que me quisieron cagar, pero también que el que la cagó fui yo. Es algo súper raro, porque todos lo hacían en la selección. Pero Cabrera, tras su sanción de nueve meses por positivo de Osterine en 2013, no ha vuelto a marcar.

Es que Cabrera se ha salvado de muchas.

Últimamente siempre dijo que él daba los controles, que estaba en el sistema Adams, de la WADA, pero hasta ustedes publicaron un reportaje en el que se le descubrió con testosterona. Eso es real. Su ex pareja siempre le pagaba pasajes para que corriera fuera de Chile. A veces se iba a correr a Trinidad y Tobago, Colombia, o países así y allá se dopaba. Cuando el Edison marcó en Hong Kong, antes también estaban corriendo en algún país lejano. Siempre lo hacía así. Cuando fuimos a la Vuelta de San Juan, en 2017, ellos compraron un montón de cuestiones para doparse, para llegar bien a las copas del mundo. Siempre andaban jugados y me inculcaban eso a mí, y yo, todavía muy chico, caí y pagué. Por 3.900 pesos, lo que costaba la ampolla de EPO, cagué toda mi carrera.

¿Tanto influyeron como para convencerlo a doparse?

Es que era un grupo ambicioso y cerrado. El Toño me decía que si andaba mal, me iban a sacar de la selección, que iba a tener que volver a mi casa. Siempre me decía que lo estaba haciendo mal. Hasta que me dijo que tenía que andar jugado como él para andar bien. No sé si pequé de inocente, de ignorante, pero sé que si no hubiese estado en ese grupo no me hubiese dopado. Edison nunca me obligó a nada, pero sí me decía: “Esto te hará bien; yo consumía esto en España; con esto estarás más recuperado; con esto correrás mejor”. Escuchaba eso todas las noches, antes de dormir. Y acepté. Y justo al otro día hubo control.

Pero nadie lo obligó.

No, no fue una obligación, pero siempre el tema del dopaje estaba sobre la mesa y el Toño era quien lo ponía. “Tienes que estar jugado, tienes que ponerte, comprémoslo juntos”, eso me decía él. Eso sí, para hacerlo era muy cuidadoso, ni hablaba del tema, pero en el camarín comenzaba. “Esto me tomo yo, esto se toma él, el Sapete irá a comprar. ¿Alguien quiere encargarle algo?”. Así funcionaba. Era muy astuto. Cuando había gente externa a Edison, Toño y yo, porque Diego Ferreyra nunca se involucró mucho, aunque es difícil pensar que no conoce nada, porque es entrenado por Sirinio Saavedra [el entrenador de ciclismo con más casos de dopaje en Chile], no se hablaba nada. Yo era el más chico, me desligué de mi entrenador y me dejé influenciar por ellos, que eran más grandes, los experimentados. Imagina la presión que sentía. Llegó un momento en que era imposible decirles que no, porque me iban a sacar del equipo nacional y eso para mí era algo terrible.

¿Ya, pero por qué Cabrera entonces no marca positivo?

Si sigue corriendo, sé que en algún momento va a marcar, por muy pillo que sea. Siempre se decía que su ex pareja, la Tofi [Subercaseaux], lo ayudaba. Ella nunca lo va a confesar porque le va a jugar en contra, pues es profesional de la salud. Era un secreto a voces: el Toño evade los controles con otros fármacos y por eso no daba positivo.

¿Tiene pruebas de ello?

No tengo cómo probarlo, pero lo digo porque lo veía. Veía cómo él se comportaba para los controles antidopaje sorpresa. Ahí actuaba de una forma súper agresiva, se aislaba, siempre los daba el último, echaba a los oficiales de control, les decía cosas como que el Estado no le daba recursos. Todo para intentar evadirlos. En 2016, antes de un Panamericano, discutió a gritos y casi a golpes con un comisario de Antidopaje. Esa actitud agresiva siempre la tenía. La vez que di positivo, se arrancó a tomar cerveza. ¿Qué clase de deportista hace eso? No es normal. Y demuestra que el sistema antidopaje en Chile no es tan bueno.

¿Cómo se permitió que algo así ocurriera?

Había un solo comisario, y allí ellos pescaron sus bicis y se fueron. Llegaron una hora después a orinar.

¿Era común el consumo de alcohol en la selección?

No, pero en Toño sí, siempre, era muy de excesos. Una vez, para una Copa del Mundo en Colombia, se escapó del hotel para emborracharse. Pescaba sus cosas y salía. Eso no era ningún buen ejemplo para los más chicos. Muchas veces lo vi drogado, no sé qué droga, pero se fumaba.

¿Por qué hay un líder tan negativo en la selección?

No lo sé. Pero no es un buen líder. Se llena la boca diciendo que apoya a los más chicos, pero a mí jamás me felicitó. Solo me decía que debía tomar algo porque si no me iban a sacar de la selección. Jamás me dio un consejo sano, siempre fue negativo. La verdad es que nunca sumó en el equipo. Si las cosas no eran a la pinta de él, no participaba. Debería dar un paso al costado. Tiene casi 40 años y no está aportando nada, nunca aportó. Ahora el Ministerio le había pagado un proyecto para que seleccionara a chicos sub 23 que lo acompañaran en su proceso a Tokio, pero se suspendió porque no se corrió la Vuelta a Chiloé. Fue lo mejor que pudo pasar, porque esos chicos iban a terminar envenenados igual que como terminé yo.

Su relato habla de un deporte corrompido.

Sí. Y hay gente más grande hace lo mismo. Viejos que se dopan para carreras nacionales, carreras chicas. Una vez fui a un nacional en Curicó y había tipos vendiendo anfetamina, o cafeína inyectable. O cuando era más chico, me tocó muchas veces ver en el camarín, ahí mismo, las jeringas en el suelo. Chile tiene un ciclismo contaminado. Y mal informado. Porque aquí no hay un médico que te recete algo, sino que es de ciclista a ciclista, o de entrenador a deportista, pero sin ningún sustento científico. Así me pasó a mí. Yo sé que esto nunca se ha dicho públicamente, pero es así.

¿Y por qué no lo denunció antes, cuando lo descubrieron?

Todo lo que te he contado lo utilicé en mi defensa para poder ayudar a la investigación y optar a una rebaja de castigo. Conté todo esto y todos los detalles, pero lo que me jugó en contra fue que los whatsapps, las fotos y las conversaciones no las tenía físicamente. El tribunal escuchó todo lo que les dije, pero no tomó muy en cuenta mi declaración. Al final, como al año de eso, fui castigado por cuatro años. Fue terrible esa espera, porque pasé mucho tiempo sin saber cuándo iba a poder volver. A diferencia de Edison, positivo por androsterona, y a quien le dieron seis meses, u otros deportistas. Yo reconocí inmediatamente mi error, conté todo, lo mismo que estoy contando aquí, traté de ser lo más detallado posible, pero sin las pruebas fue muy difícil probarlo. Pero sabía que estaba diciendo la verdad, no tengo por qué estar mintiendo con algo como esto.

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