Columna de Ascanio Cavallo: Doce haikus electorales



Los dioses ciegan a quienes quieren perder. La luz resplandeciente que emite la Convención Constitucional ha hecho pensar a muchos que allí se ha dirimido todo el conflicto sociopolítico chileno. Igual que las encuestas sobre figuras presidenciales, esa impresión no es exactamente una falsedad, sino un error de incompletitud. Pero un error grueso. Cabe observar:

· Después de 15 elecciones y nueve años de experimentación clamorosamente disfuncional, en el Parlamento se abre camino el regreso al voto obligatorio. Ida y vuelta, ¿es un mismo camino?

· Dentro de la abultada abstención de los comicios de mayo (la segunda peor tras las municipales del 2016), la votación menor fue precisamente de los constituyentes, que recogieron 370.966 votos menos que los alcaldes. La Constitución se mide con el barrio.

· La legitimidad de una elección jurídicamente válida nunca debería ser discutida. Pero no ha sido así en el Chile de los últimos tres años. Quienes inauguraron ese discurso corren el riesgo ahora de ser mordidos por él.

· Los independientes, dentro y fuera de pactos, obtuvieron un 43% de los votos constituyentes y la mayoría de los alcaldes, pero en concejales alcanzaron un muy humilde 1,5% (y para esos puestos votaron casi 115 mil personas más que por los constituyentes). La sorpresa no es el ruido, sino el silencio.

· En autoridades territoriales, las dos fuerzas orgánicas dominantes siguen siendo la centroizquierda y la derecha, aun cuando sus porcentajes históricos han disminuido. Unidad Constituyente suma 25,89% en gobernadores, 23,88% en alcaldes y 33,45% en concejales. Chile Vamos obtuvo 19,4%, 26% y 30%, respectivamente. Sin contar con que muchos de los alcaldes elegidos como independientes (28,57%) reconocen fuentes ideológicas y hasta laborales en esos mismos conglomerados.

· La tercera fuerza es la coalición entre el PC, el Frente Amplio y la Federación Regionalista Verde Social. El peso de cada uno dentro del grupo es sólo relativamente incierto. En la única elección donde compitió por separado, la FRVS (gobernadores) obtuvo 3%. El PC, que también corrió a solas en esa elección, logró 3,82% y no hay ningún candidato a gobernador comunista que haya pasado a segunda vuelta.

· El peso del Frente Amplio aparece algo empañado por la coalición: en gobernadores logró 16,51%, pero en alcaldes sólo llegó a 7,8%. Sin embargo, ambas cifras muestran que en esas dos elecciones el sector dominante ha sido el Frente Amplio. En la de concejales empató con el PC en 9,2%, que a la vez es el mejor desempeño comunista.

· Parece claro que las expectativas del PC están algo infladas por la figura del alcalde Daniel Jadue, pero ninguno de sus resultados podría fundamentar el carnaval de vetos que puso en juego (más visiblemente el mismo Jadue que la dirección de su partido) en la noche de la inscripción de las primarias. Tampoco los habría podido fundamentar la Unidad Constituyente, ni entera ni por partes.

· Nadie está para sentarse como un partido hegemónico dentro de Unidad Constituyente. El PS hizo rendir sus votos para constituyentes: eligió 15 con apenas 4,8%; en cambio, la DC eligió dos con el 3,6%, un récord de ineficacia. En alcaldes, el bloque PSD-PPD-PR alcanzó 13,2%, mientras que el de DC-PRO-Ciudadanos llegó a 10,7%. Es una comarca donde se extinguieron los titanes.

· En el único ámbito en que se presentó como bloque íntegro, Unidad Constituyente alcanzó la primera mayoría, con un 25,9% -bastante lejos de sus cifras históricas-, pero obtuvo dos gobernaciones en primera vuelta y disputa otras 11 regiones en segunda. Aquí la derecha saltó al pozo, casi desaparece.

· En cuanto a alcaldes, Chile Vamos consiguió una primera mayoría en votos (26%), pero un pésimo desempeño en alcaldes elegidos, que representan sólo un 23% de la población gobernada. Sin embargo, ya no es posible asegurar que las elecciones de alcaldes sean predictivas de las elecciones presidenciales, como lo fueron desde el 2004. Pepe Auth ha cifrado en 60 las comunas que cambiaron de alcalde y atribuye tal fenómeno al enorme aumento de participación de los votantes de 19 a 39 años. El ancho de la juventud es más ancho que los demás.

· El misterio pendiente es el 8% de votos que se quedó en casa entre el plebiscito de octubre y estas elecciones. Obviamente, son mayores.

De las 10 elecciones que se disputan este año, la quinta -la mitad del proceso- ocurrirá en unos días más. Los partidos tradicionales no han terminado de morir, pero están con respirador. Los que compitieron como independientes no lo hicieron por falta de compromiso, sino por rechazo a ellos. La interrogante final es cómo se van a organizar.

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