Columna de Paula Escobar: Matrimonio igualitario. ¿En qué libertad cree la derecha?



Desde Chile Vamos han promovido y analizado con entusiasmo casi pueril el triunfo de Isabel Díaz Ayuso en las elecciones de Madrid. Su exitosa campaña, basada en el concepto de “libertad”, inspiró a la derecha de que ese era el clivaje que había que plantear en Chile hoy: libertad versus restricción; libertad versus estatismo; libertad versus imposición. Frente a las distintas propuestas opositoras sobre un Estado más amplio y protector, mayores regulaciones al sector privado y la construcción de un Estado del bienestar robusto... frente a todo eso: libertad. Y, estilo Ayuso: sin complejos.

Por un rato pareciera que les volvió el alma al cuerpo. Pero les duró poco la reivindicación identitaria asociada a la libertad.

En su última cuenta, el Presidente Piñera sorprendió a sus socios con el anuncio de darle urgencia al proyecto de matrimonio igualitario, que estaba durmiendo en el Parlamento desde que la expresidenta Bachelet lo presentara en su segundo mandato.

Piñera, en efecto, optó con este anuncio por ampliar la cancha de las libertades, justamente las individuales, dándoles igual derecho a las parejas del mismo sexo de contraer matrimonio, lo que implica proteger a sus hijos del mismo modo que son protegidos los de las parejas heterosexuales hoy. Acceder a la misma dignidad y reconocimiento. Romper la discriminación histórica que ha sufrido la comunidad LGBTQI en Chile y en el mundo. El Estado -ese que a la derecha tanto le gusta, en teoría, limitar- ya no tendrá nada que decir respecto de una decisión tan esencial como es a quién amar y con quién hacer familia.

Una ampliación de la libertad individual por donde se la mire.

Pero el Presidente no había terminado de pronunciar el anuncio cuando a parte de la derecha se le caía la cara. Los tuits no demoraron en manifestar el estupor.

“Traición!”, desafección”, “divorcio”, “bofetada”... Duros y sentidos epítetos emitidos en público, mucho peores aún en privado, expresaron algunos fans de Ayuso y la libertad. A las caras largas de algunos UDI y algunos RN se han sucedido alegatos vehementes, amenazas, proyectos de ley insólitos para mostrar venganza… Es como si se les hubiera caído un tsunami encima. Y luego la lectura en clave “primaria”: que esto era para perjudicar a Joaquín Lavín y dejarlo en evidencia en su conservadurismo, o para darle ventaja a Sebastián Sichel.

Si el Presidente Piñera lo hizo por eso, o por marketing, frivolidad, oportunismo o convicción, no es el tema de fondo hoy, sino la pertinencia de la medida, la justicia que encarna, el progreso civilizatorio que implica. Y, por cierto, darle suma urgencia al matrimonio igualitario posee las tres dimensiones. Algo que los declarados amantes de la libertad parecen no ver.

¿Dónde quedaron sus peroratas libertarias? ¿Por qué no sinceran, quienes se oponen a esto, que no creen en la libertad de las personas ni en la igual dignidad de los distintos proyectos de vida?

Para Chile Vamos, coalición instalada en una crisis profunda, dividida entre quienes atribuyen la debacle a una débil identidad de derecha versus quienes piensan exactamente lo contrario, este anuncio de Piñera los pone frente a un reflejo incómodo, que desnuda sus contradicciones.

No se puede reclamar para sí la defensa de la libertad individual y, a la vez, sostener que solo las personas heterosexuales pueden casarse y formar familia, adoptar hijos, acceder a tratamientos de fertilidad asistida, que sus hijos estén protegidos por la ley. No se puede reivindicar la defensa de la libertad y permitir que se siga prolongando la discriminación hacia la comunidad LGBTQI.

Esa derecha aún parece no comprender que, así como ella tiene el derecho de ejercer su libertad de vivir del modo que le parezca, también poseen ese derecho las personas que no viven ni quieren vivir como ellos. El problema de estos grupos conservadores es que reivindican para sí el derecho de decidir cómo debe vivir el resto, qué parejas y familias son aceptables y cuáles no. Y ha sido tenaz en defender ese statu quo por décadas, jugando de férreo arquero a los avances en materia de libertades individuales -sea divorcio, reconocimiento de hijos fuera del matrimonio, aborto en tres causales, entre otros.

Para esa derecha -que hoy grita “traición”, “bofetada”, “divorcio”-, la “libertad” en la que creen -aparte, por cierto, de la económica- es la suya propia, para imponer al resto sus propias convicciones.

Y eso se puede llamar de muchas formas, pero nunca libertad.

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