Columna de Ernesto Ottone: El año de las muñecas rusas

Imagen mun¿eca rusa


Las muñecas rusas fueron creadas en 1890 por un pintor de un taller de artesanía llamado Serguei Maliutin y fueron presentadas en la exposición universal de París en 1900, teniendo un gran éxito; partió siendo juguete y terminó como objeto de culto.

Su particularidad consiste en que al ser huecas, en su interior existen otras muñecas que pueden alcanzar el número que se quiera, siempre que sea un números impar. Además de su hermoso colorido, tienen muchas simbologías. Una de ellas es que nos ayudan a aprender a conocernos en nuestro interior, a sacar aquello que tenemos dentro, aquello que nuestra fachada oculta.

Algo de eso es lo que nos ha sucedido a los chilenos en el año del Señor 2019. Las muñecas interiores, aquellas que no aparecen en la fachada, explotaron y aparecieron a la luz pública; ellas eran mucho menos bien parecidas que aquella que las ocultaba, sus rostros no eran sonrientes, más bien tenían un rictus de enojo, tenían rabia, se sentían abusadas, con sus aspiraciones frustradas, sentían que se esforzaban mucho, pero no las trataban bien, no les daban lo que merecían y que a sus colegas más pequeñas no les iba a ir bien en el futuro, estaban mal pintadas, a la virulí, sus materiales eran quebradizos, nunca llegarían a ser como la muñeca grande que tiraba pinta en el escaparate.

Esa rabia estalló de súbito, aunque ellas llevaban tiempo haciendo movimientos bruscos que remecían a la gran muñeca, pero ella se hacía la desentendida.

Cuando se produjo el estallido, la gran muñeca quiso calmarlas iniciando pinturas y arreglos, y prometiéndoles que tendrían una posición mucho mejor, pero no lo logró. Ellas llevaban demasiado tiempo pasándolo mal, querían su espacio y gritar a gusto, incluso exagerando sus pendencias y negando que si se comparaban con muchas muñecas en el mundo no las habían dejado tan mal y podían continuar mejorando.

Si la muñeca grande corresponde a la imagen de Chile que en el escaparate mundial parecía bien, admirado, con mejillas sonrosadas, las muñecas interiores representan aquellos sectores de la sociedad chilena que piensan que no les ha ido bien.

En particular, gran parte de los sectores medios y medios bajos que abandonaron la pobreza, que avanzaron en escolaridad, que viven la revolución de las comunicaciones, que como decía Tocqueville, ahora que tienen más pueden imaginar lo que les falta: mejor salud, mejor educación, mejores salarios, pensiones dignas, menos deudas leoninas y que ven que el avance de Chile se ralentizó, que tocaron techo, que hay algo o alguien que les impide que su mérito sea reconocido, quieren otra dignidad en el trato y no aceptan la discriminación.

El ascensor social se puso a andar demasiado despacio y quienes deberían darle velocidad no lo han hecho. No solo son distraídos, sino que la casuística muestra que muchas veces les sacan una alita al pollo, cuando no la pechuga y los trutros, y se arreglan entre ellos, entre compañeros de colegio, entre compañeros de partido, entre parlamentarios sin una verdadera concepción de país; hay fuerzas del orden que armaron una asociación para delinquir, fuerzas espirituales con demasiados pecados encima, algunos empresarios que harían enrojecer de vergüenza a Adam Smith con sus arreglines y un gobierno que parecía vivir en otro mundo.

Se acumuló la sensación de engaño y se dejó de confiar, no quedó títere con cabeza, injustamente, al menos parcialmente, porque esos denostados últimos 30 años son al mismo tiempo los años de más avance en todos los planos de la historia de Chile y no se hicieron solos, tras ellos hubo un gran esfuerzo social, pero también dirigentes probos y admirables.

Para terminar de rematarla, también aparecieron otras muñecas, que esas sí eran feas y mal hechas, además con el corazón no de madera, sino de piedra, que destruyen ciudades y liceos, patrimonio cultural, incendian iglesias, saquean negocios, gustan del caos y, como dice el tango Naranjo en flor, se dedican a «andar sin pensamiento».

En ese espacio se juntan ultras, anarcos, barras bravas, narcos y villanos varios dispuestos a hacer daño. Pero ahí están, existen, y mientras la gran mayoría de los chilenos movilizados y no movilizados no se pongan de acuerdo, mientras los partidos políticos no recuperen en algo su legitimidad, mientras no amaine la crisis de representación y de gobernabilidad, el país en su conjunto continuará retrocediendo y no surgirá un avance que permita al país un crecimiento más acompasado quizás, sin tanto billonario y tanta fragmentación territorial y más igualitario, capaz de recuperar algo así como un "nosotros" en el que de verdad quepamos todos.

Un país donde los jóvenes tengan naturalmente su sello generacional, pero donde parte importante de ellos tengan un mayor equilibrio entre emociones y reflexión, entre aspiración de mayores derechos y cumplimiento de deberes, sepan que la historia y la cultura existen y de vez en cuando, por qué no, se lean un librito, cuestión que es contagiosa pero no hace daño, descubrirán con asombro que hay algo más que estandartes y consignas.

Para ello es necesario producir cambios profundos en nuestra concepción de país, en las instituciones, en la policía y en la estructura económica y financiera.

Estamos contra el tiempo, señor Presidente, si creemos a fondo en la institucionalidad democrática hay que dejar con modestia de lado aquello que obstaculice la seriedad del cambio y no prestar oídos a quienes le aconsejan el inmovilismo y la conservación; solo así la oposición responsable prevalecerá sobre el oportunismo y la irracionalidad de algunos y se podrá razonar, debatir, negociar y acordar aquello que la ciudadanía deberá refrendar.

No creo en un 2020 facilito, construir más democracia, bienestar, dignidad y paz social será una tarea difícil, pero creo que al revés de la Inglaterra de 1940 no traerá sangre y espero que lleve pocas lágrimas, pero sí tendrá que producir un arduo sudor.

No queda otra.

Comenta