Hong Kong y los últimos días de la pandemia

Compradores miran las decoraciones del Año Nuevo Lunar a la venta en un puesto callejero en el distrito de Wan Chai en Hong Kong, el 21 de enero de 2023. Foto: AP

La espectacular ciudad asiática recibe el Año Nuevo Lunar con resabios de la crisis sanitaria. El gobierno chino abrió sus fronteras después de tres años de riguroso encierro, junto con sincerar por primera vez cifras de muertos por la enfermedad. Pero las mascarillas siguen siendo obligatorias, se alientan los testeos y se teme una nueva alza de casos.


Matamos el tiempo tomando café cargado en una callejuela de Hanói, la entrañable capital de Vietnam, mirando un añoso local de fotocopias con gigantescos peces multicolores apretujados en un acuario, esperando los resultados de un examen de Covid. Hace cuatro meses compramos pasajes a Hong Kong, parte de un largo recorrido por Asia, tirando una moneda al aire. Viajar a China significaba cuarentena, pero apostamos que en 2023 la pandemia sería una prueba superada para el gigante donde partió la horrorosa catástrofe sanitaria, que doblegó al planeta. Hong Kong, sin embargo, amerita volver.

Todo parece un maldito déjà vu. Un desagradable hisopo por la nariz, la espera y la sugestión de sentirse afiebrado y con dolor de cabeza, para finalmente confirmar que no hay rastro de Covid. Pero debemos llenar formularios en línea exigidos por el gobierno chino, descargar documentación, y presentar los resultados del chequeo en el counter del aeropuerto de Hanói ante una funcionaria inmutable de la aerolínea con mascarilla, primer recordatorio de que los chinos aún no se libran de uno de los mayores símbolos de la pandemia. El odioso tapaboca regresa a nuestra vida.

Arribamos al aeropuerto de Hong Kong con ánimo de enfrentar largas filas, ser sometidos a preguntas, exhibir papeles y documentación virtual para acreditar las cuatro vacunas, el test negativo y contar, por si acaso, que no hemos padecido Covid.

Fieles con mascarillas hacen sus primeras ofrendas dentro del Templo Wong Tai Sin, un momento antes del Año Nuevo Lunar, en Hong Kong, el 21 de enero de 2023. Foto: Reuters

En policía internacional apenas nos miran sin pedir el examen. Cero preguntas. Hemos transitado por decenas de aeropuertos y esta es, lejos, la tramitación más rápida y expedita.

A diferencia de una visita hace cinco años, no hay filas para abordar taxis y no se observa mucha gente. Los occidentales se cuentan con una mano.

El septuagenario chofer que conduce al hotel rumbo a la isla de Hong Kong en un espléndido Tesla por una espectacular carretera, sonríe. Los tres años sin trabajo esfumaron sus ahorros. El gobierno, del que habla maravillas en general, no prestó ayuda alguna.

Las protestas de hace unos años por Ley de Seguridad Nacional, dice, fueron orquestadas desde Taiwán, digitadas a su vez por Estados Unidos, aprovechando la ingenuidad y el desconocimiento de la población juvenil sobre un conflicto que se arrastra por 70 años.

“Los jóvenes”, proclama, “desconocen la historia”.

El conductor habla del pasado, en tanto todo a nuestro alrededor sugiere futuro por esta supercarretera y otras flanqueadas de monumentales edificios bellamente iluminados, e instalaciones portuarias capaces de atender decenas de gigantescas naves cargadas de containers, como un Blade Runner versión marítima.

La increíble pantalla del tablero del Tesla señala que hemos llegado a la isla de Hong Kong.

Un miembro del personal limpia el área de juegos en el Bunny Style Hotel en Hong Kong, el 18 de enero de 2023. Foto: AP

En el mundo, pocos lugares te hacen sentir en el futuro. Tokio es uno de ellos y Hong Kong, lo mismo. Pero hoy en día, a tres años del inicio de la peor pandemia en un siglo, la fenomenal ciudad china que es una excepción al régimen -”un país, dos sistemas”, regentes para esta urbe de 7,5 millones de habitantes y Macao-, implica volver a un indeseable pasado reciente.

Hagan fila

El cursor de Google Maps se confunde entre espléndidas autopistas que se superponen plagadas de autos de lujo de textura mate -muy de moda-, buses de dos pisos, venerables tranvías y nuevos edificios que se levantan por doquier, para marcar rumbo hacia Victoria Park, donde funciona el mercado de flores.

Este domingo es el Año Nuevo Chino -en rigor, el Año Nuevo Lunar-, y las capturas almacenadas en internet retratan un sitio espectacular y atestado. La costumbre dictamina que los adultos se regalan flores y frutas, mientras los niños reciben juguetes como en nuestra Navidad. La tradición también dicta fuegos artificiales y un desfile nuevamente suspendidos para evitar aglomeraciones.

Al arribar al hermoso parque cerca del borde costero, decepción.

Lo primero que resalta es una larga hilera de testeo comunitario. Los mensajes alientan el chequeo para resguardar a la familia. El mercado ocupa una cancha de fútbol y luce reducido. Entre las imágenes previas a la pandemia y lo de hoy, a pesar de la belleza de los arreglos donde las mandarinas dominan en medio de una diversidad de ingeniosos arreglos florales, es otra manifestación de que China aún convalece de la pandemia.

Abordamos el metro rumbo a la península de Kowloon, la zona continental de Hong Kong donde nos alojamos hace un lustro. El contraste entre nuestros recuerdos y el presente es notorio. Mucha menos gente en las calles y una infinidad de locales comerciales con cortinas cerradas. En la pared de un mercado un cartel llama a “eliminar las molestias causadas por los roedores”, aún cuando sigue siendo habitual la venta de carnes expuestas sin protección ni refrigeración alguna.

Pasajeros llegan a la terminal de la estación de trenes de alta velocidad de West Kowloon el primer día de la reanudación del servicio ferroviario a China continental, en Hong Kong, el 15 de enero de 2023. Foto: Reuters

En un restaurante se espantan cuando preguntamos si es posible pagar con tarjeta de crédito, en tanto el baño parece recrear el símil de Trainspotting. Las servilletas son una excentricidad.

Caminamos rumbo a la Avenida de las Estrellas, en el borde que enfrenta a la isla, para experimentar nuevos contrastes. En nuestra primera visita la zona estaba en remodelación. Ahora es un paseo sin parangón. No hay nada parecido en Nueva York, Londres o Melbourne. Tiendas de lujo, flamantes edificios, riqueza por doquier a escasas cuadras de un comercio convaleciente. El skyline que cada noche se ilumina en un espectacular juego de luces sincronizado con música, deja a Manhattan como un villorrio.

De pronto, la melodía de aires navideños emitida por estratégicos parlantes se interrumpe. Una suave voz, un angelical Gran Hermano, recuerda que el uso de mascarilla es obligatorio en espacios públicos.

Los únicos rostros que esporádicamente lucen sin protección, son occidentales.

Estamos abiertos

Hasta hace un par de semanas prácticamente no había visitantes, no solo en Hong Kong, sino en toda China. Quienes lograban ingresar por motivos laborales, previo trámite de visa, debían presentar un test negativo, luego someterse a un PCR a la llegada al aeropuerto, permanecer cinco días en cuarentena y nuevamente un testeo. Si todo estaba en orden, recién se podía salir del hotel. A contar del 8 de enero fueron suprimidas esas exigencias y controles.

La apertura genera inquietud en el gobierno por las celebraciones del Año Nuevo. En el saludo anual por la festividad emitido el pasado jueves, el Presidente Xi Jinping reconoció su preocupación por el masivo desplazamiento de personas desde las ciudades hacia zonas rurales, donde existe menor tasa de vacunación, domina la tercera edad, y hay menor acceso a prestaciones de salud.

Taoístas con mascarillas junto a fieles que esperan para quemar sus primeros joss sticks en el Templo Wong Tai Sin, el 21 de enero de 2023, en Hong Kong, para celebrar el Año Nuevo Lunar. Foto: AP

Aún así, el mandatario que en marzo cumplirá una década como máximo jerarca -es también el líder del Partido Comunista-, defendió las medidas de Covid Cero, el rótulo gubernamental para combatir la pandemia en estos tres años.

Por contraparte, expertos de la Organización Mundial de la Salud afirman que las estrictas cuarentenas y las excesivas medidas de control hacia los 1.412 millones de chinos, redundaron en una baja protección al virus. A su vez, la rápida desescalada de los resguardos sanitarios provocó escasez de medicamentos en las farmacias y centros de salud.

Como sea, la gente ha aprovechado la reapertura de los trenes después de estos años de encierro, aprovechando que la única exigencia es presentar un test negativo.

Un artista de caligrafía escribe "Fai Chun", decoraciones tradicionales con caligrafía china, en el distrito de Sheung Wan en Hong Kong, el 21 de enero de 2023. Foto: AP

“Esta semana hay menos gente en Hong Kong, porque muchos están viajando a sus ciudades para pasar el Año Nuevo con sus familiares, que no han visto en estos tres años. Van a ser días de reencuentro”, cuenta un bartender de una terraza en el exclusivo sector del Soho. Desde la semana pasada, asegura, aumentó la llegada de turistas, aunque con lentitud. El miércoles arribó un crucero con 300 pasajeros de 20 países. Fue la primera nave de placer en recalar a Hong Kong en todo este tiempo.

“Ahora estamos en un 20% o 30% más de pasajeros que hace un mes”, aseguró el chofer del móvil desde el aeropuerto. “Esperamos que en tres meses lleguemos al 70% de lo que trasladábamos antes de la pandemia”.

Su optimismo coincide con los últimos anuncios gubernamentales. Desde el 30 de enero los contagiados por Covid ya no tendrán que estar en cuarentena de cinco días, y se proyecta el fin del uso de las mascarillas a fines de marzo o abril.

Todos tus muertos

Pero el optimismo colisiona con la fría realidad de las estadísticas. Hace una semana el gobierno reconoció que entre el 8 de diciembre y 12 de enero fallecieron 59.938 personas por Covid. El 90% tenía más de 60 años. Fue la primera vez desde el inicio de la pandemia que la autoridad sinceró cifras tan altas. Hasta antes de la apertura total anunciada el 7 de diciembre del año pasado, China había reconocido solo 5.235 muertes desde el inicio de la pandemia.

Una mujer pasa frente a un adorno de conejo en una calle del Distrito Central de Hong Kong, el 21 de enero de 2023. Foto: AP

El temor por la masividad de traslados dentro de China por el Año Nuevo Lunar tiene fundamentos.

El Departamento de Inmigración reveló el ingreso a Hong Kong de 46.343 visitantes del continente en la última semana -125% más que hace 14 días-, y las autoridades de tránsito pronostican más de 2.000 millones de viajes entre enero y febrero en todo el país.

El masivo traslado de personas, que anualmente ostenta el récord como el “movimiento migratorio” más grande del planeta, sumado a la escasa preparación para la desescalada, anticipan un nuevo aumento en los casos hacia mediados de febrero.

Compradores se reúnen en un mercado de flores del Año Nuevo Lunar en el distrito de Causeway Bay en Hong Kong, el 18 de enero de 2023. Foto: AP

En alguna medida, ¿puede replicarse esta situación en Chile considerando el movimiento del período estival? Héctor Sánchez, director del Instituto de Salud Pública de la Universidad Andrés Bello, pone paños fríos y contextualiza. La variante predominante en China por estos días es distinta “a las variantes que protegen las vacunas que estamos utilizando, incluyendo la bivalente”.

Según el experto, la población chilena vacunada mayoritariamente con tres, cuatro y hasta cinco dosis, más el hecho de que los contagios han sido altos en el país “podría ayudar a proteger en parte a la población, no para evitar el contagio, porque dada la alta contagiosidad de esta variante, seguro tendremos otro peak”. Sin embargo, descarta que los casos sean graves.

Las calles de Hong Kong se repletan de adornos para recibir el Año del Conejo de Agua, que se extenderá hasta el 9 de febrero de 2024. En la milenaria cultura de esta nación, el conejo representa longevidad, paz y prosperidad. Así, el ciclo que empieza ahora encarna la esperanza tras una larga pesadilla.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.

Entre las ruinas de un edificio de Jindires, los rescatistas encontraron a la bebé bajo escombros, todavía unida por el cordón umbilical de su madre fallecida.