Alfredo Jocelyn-Holt: "Esta nueva Constitución está viciada, surgirá bajo amenazas y se remontará a actos terroristas"

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"Sigue todo igual como hasta ahora y, además, en marzo o antes volvemos a tener un "verano caliente", y al plebiscito lo van a tener que hacer online. Y ya sabemos qué pasa entonces: los resultados serán como en la RDA, La Habana, Recoleta, Ñuñoa y en las elecciones estudiantiles: 80% ó 90% a favor", afirma el historiador.




Desde ese viernes 18 de octubre, el historiador Alfredo Jocelyn-Holt (64) ha sido crítico con el rol de las universidades, de las autoridades y de la situación que está atravesando el país, en sucesivas columnas los sábados en La Tercera. En la más reciente, "Universidad y estallido",  plantea que la actividad primordial de estas instituciones -impartir docencia- se ha acabado y en la Universidad de Chile, su histórica sede académica, deberían considerar cerrar el pregrado.

Hoy vuelve a abordar el tema a través de preguntas y respuestas por correo electrónico. Y también la relación con el rector de la UDP, Carlos Peña, y sus declaraciones; los peligros del proceso constituyente -que el plebiscito se haga online, por ejemplo- y el rol de los estudiantes en las movilizaciones. "El problema no es tanto ellos como quienes están detrás, dado que los manipulan y movilizan. Concretamente, profesores y autoridades en instancias educacionales que promueven y avalan la falacia [...] de que los jóvenes serían una fuerza de 'regeneración' y 'futuro'", dice el escritor.

¿En qué etapa de la historia estamos navegando como país? ¿Diría que esto significa el término de la transición, como se dijo en su momento?

Al igual que otros, nunca me banqué la tesis que salió de una oficina de estrategia comunicacional -operando desde La Moneda bajo Aylwin- de que la transición se había acabado. Hoy, el país no es que "navegue", sino que "naufraga". La carta de navegación de Chile ha sido su historia, la cual puede seguir escribiéndose aunque ya no sirva para navegar. Me cuento entre aquellos que escriben, pero muy consciente del consejo de Andrés Bello: "Escriba joven… que en Chile nadie lee". Este estallido social, de hecho, fue presentado de inmediato como "la crisis que nadie previó", lo cual es falso. Quizá no en la manera como se gatilló, pero, sí, al venir siendo diagnosticada desde fines de los años 90.

Ya se cumplió un mes desde que los partidos llegaron a acuerdo en el tema constitucional. ¿Cómo evalúa este acuerdo y cómo ve su desarrollo en este mes?

No se ve mucho acuerdo. No soy constitucionalista y, a diferencia de mi señora, la historiadora Sofía Correa Sutil, no les doy a las constituciones gran importancia. Razones para ello hay varias: tienen un origen militar, la Concertación aceptó la del 80 para el plebiscito del 88, la volvió a ratificar en el plebiscito del 89, Ricardo Lagos desacreditó su propio texto del 2005, los militares el 73 anularon la del 25 que la inventaron ellos y Alessandri, y siempre que corren los estados de excepción limitan garantías. Lo que sí me quedó claro es que el 15 de noviembre pasado desahuciaron la Constitución de 1980.

Hay quienes plantean que hay un riesgo en que la discusión constitucional se dé a partir de un estallido social y de violencia. Incluso el constitucionalista Patricio Zapata afirmó que "si lo hacemos bien, esta no va a ser recordada como la Constitución de los saqueos". ¿Realmente hay un riesgo en eso?

No ha habido constitución en Chile que no emergiera de actos de fuerza o dictadura de por medio, desde el Reglamento Constitucional de 1811 a la Constitución del 80. El origen de la de 1925 es quizás el más militar que ha habido, ojo, más que la del 80. Por tanto, concuerdo que desde ya esta nueva constitución que se anuncia está viciada: surgirá bajo amenazas y se remontará a actos terroristas, el 18-O, no "ruido de sables". Lo que importa son las reformas y prácticas. Con el tiempo estas malditas constituciones se arreglan en el camino. Sofía Correa hace rato viene diciendo que hay que fijarse en la reforma de 1874 en el Congreso. Harían bien en escucharla; yo le hago caso casi todos los días.

¿Ve posible que el plebiscito de abril se dé en tiempo y forma?

Sigue todo igual como hasta ahora y, además, en marzo o antes volvemos a tener un "verano caliente", y al plebiscito lo van a tener que hacer online. Y ya sabemos qué pasa entonces: los resultados serán como en la RDA, La Habana, Recoleta, Ñuñoa y en las elecciones estudiantiles: 80% o 90% a favor. ¡Viva Chile!

¿Cuál cree que es la salida a esta crisis nacional?

Si supiera sería político, no historiador. La política en Chile se fue a las pailas en los años 20 con Alessandri y los militares. Desde entonces que venimos cuesta abajo en la rodada. Pensar que este país puede sentar cabeza después de una dictadura y neoliberalismo, ambos revolucionarios y brutales, y el desmadre anterior que los produjo, es mucho pedir. Todos los gobiernos han gozado de mayorías desde 1964 en adelante, incluso la UP y la dictadura, un comportamiento obviamente errático de la ciudadanía. Súmele políticos, empresarios y militares corruptos, la educación pública destruida, y Bachelet y Piñera, "mortalmente parecidos", turnándose gracias a la bendita democracia… no veo remedio.

"Carlos Peña en lo más profundo sigue teniendo una mirada clasista y a la elite la aborrece"

Hoy se cumplen dos meses desde que se inició el estallido. En este contexto, ¿cómo ve el rol de los colegiales y universitarios desde el 18 de octubre? ¿Y antes?

Publiqué en 2017 un artículo en un libro de la Fundación Jaime Guzmán, y eso que nunca he sido gremialista -"Sobre jóvenes y política, o por qué hay que andarse con cuidado con este tema"-, título que lo dice casi todo. El problema no es tanto ellos como quienes están detrás, dado que los manipulan y movilizan. Concretamente, profesores y autoridades en instancias educacionales que promueven y avalan la falacia aquella, de vieja data, en parte fascista, hoy día progresista, que los jóvenes serían una fuerza de "regeneración" y "futuro". Esos adultos son los verdaderos "encapuchados" que habría que desenmascarar; se hacen pasar por aliados o se "sienten" jóvenes. Sin ellos no habría jaleo.

¿Cuánto han empujado los estudiantes la instalación de las demandas sociales y el desarrollo de las manifestaciones?

Lo suficiente como para estar en lo que estamos, pan de cada día en las universidades ya antes: paralización, toma de espacios, presión vía redes sociales, funas contra quienes no piensan igual, chantajes, descrédito de la política, asambleísmo permanente y sin líderes visibles, demagogia populista, anarquismo, feminismo delirante, desvergüenza porque les parece "cool", e indulgencia para con la violencia, si no fomento descarado. Empujaron la gratuidad y hay universidades quebradas. Promovieron los rankings y cuotas trapeando la excelencia que siempre ha sido selectiva. Al igual que Pinochet, y antes Napoleón y su sobrino –los tres, dictadores—han instalado la democracia plebiscitaria como soberana.

¿Comparte algo del análisis que hace el rector de la UDP, Carlos Peña, del protagonismo de los jóvenes, en cuanto a que "Las nuevas generaciones están huérfanas de orientación (aunque no de aplausos de algunos viejos que compensan así la deuda de su propio pasado). Y así carentes de orientación ideológica, quedan presas de sus pulsiones"?

Huérfanas de orientación no lo están. Los "viejos" no sólo aplauden. Yo no diría que Teillier y el PC son meros espectadores. Desde 1789, sabemos que otrora jóvenes revolucionarios devienen en viejos rápidamente, produciéndose generaciones revolucionarias, de tal manera que posteriores oleadas retoman la causa. De Bachelet, Ennio Vivaldi, Nicolás Eyzaguirre, Quintana y su "retroexcavadora", a la Vallejo, Boric y Jackson hasta llegar a Emilia Schneider hay tan sólo tres pasos. Carlos Peña es sociólogo, habla en abstracciones; yo, en cambio, soy historiador, así que pido que se me disculpe que argumente "ad hominem", y sea un poco más aterrizado y frontal en la crítica.

¿Ese análisis de Peña, que hizo a tres días de iniciado el estallido, ha quedado corto?

Conocí a Carlos Peña el '79 en una comida en casa de Gastón Gómez junto a Pablo Ruiz-Tagle y Arturo Fontaine, y me pareció marxista. En lo más profundo sigue teniendo una mirada clasista y a la elite la aborrece. Para que se asienten las condiciones de una revolución plenamente moderna es preciso pasar por la etapa capitalista: lo pensaba entonces, lo sigue pensando ahora. Lo de kantiano y freudiano le vino después. No hay que confundirse con Carlos. No porque se formó en la UC o escriba en El Mercurio goza de amparo divino; últimamente se le ha visto defendiéndose como gato de espaldas y eso que fue él quien corrió el cerco. ¿Superado? A los revolucionarios también les cortan las cabezas.

"Soy un convencido: dejan entrar a "todes" y la universidad se va a la cresta"

Se ha visto desde el rector de la Universidad Católica Ignacio Sánchez participando en un cabildo en la calle, hasta las funas a Peña por sus opiniones. ¿Cómo ve el rol que han tenido las autoridades universitarias en este tiempo?

Hace rato que ninguna autoridad sabe qué hacer. Las hay que aceleran, otras que conceden. Ninguna se hace respetar. Vivaldi inicia discursos diciendo "¡Hola!". El "proceso", una vez en curso, es el que manda. Sánchez, a pesar de ser el rector más preparado, es el clásico progresista superado por la dinámica y relajo que ha admitido. Va a pasar a la historia como el que permitió la primera toma de Casa Central después de 51 años. El trato que recibió Gonzalo Rojas Sánchez fue inquisitorial. Pero ellos no son los únicos entreguistas. De vicerrectores y decanos, ni hablemos. Están aterrados porque les pueden incendiar sus oficinas. No tan distinto a lo que le ocurre a Piñera.

¿Cómo vislumbra la convivencia universitaria en marzo? En su columna del sábado planteó que ninguna autoridad puede garantizar que el año que viene sea distinto o que el escenario se radicalice.

Los historiadores sólo podemos hacer prognosis: proyectar fenómenos conforme variables conocidas. No podemos anticipar azares. Con todo, si hasta ahora el fenómeno se ha ido radicalizando, nada hace pensar que amaine. En marzo 2015 escribí una columna titulada "Marzo caliente". Ahí decía: "se nos apareció y se nos fue marzo 2015: de no olvidarlo. Corrupción (por lo visto, transversal) acaparando titulares y noticieros sin dar respiro; calores y sequía por séptimo año; incendios (en varios focos); inundaciones en el norte; violencia urbana (también en varios focos); caída firme del gobierno y su cuestionada Presidenta… y eso que recién comienza el año". Leído hoy, suena muy actual.

En la misma columna plantea que lo que se está viviendo en las universidades públicas no es producto de esta crisis sino de un proceso que viene desde hace 10 años al menos. ¿A qué se refiere, qué es lo que ha estado pasando?

Evitaría hablar de crisis. Es el término más manoseado de la historia de Chile desde 1900 (Mac Iver). Habiendo tantas "crisis" seguidas, yo diría que se trata de una degeneración o decadencia, que de todas maneras la hay en la UCh, la universidad más antigua, aunque no sólo allí, ni tampoco desde 2006-9 u 11. Podemos remontarnos a los años 60-70 y a la dictadura, como aparece en La Escuela Tomada. Historia/Memoria 2009-2011 en que menciono todo tipo de deterioros: masificación, politización, reformismos, profesionalización, chatura academicista, caída de estándares, y abuso de la universidad como espacio de anticipación o preludio del "revolucionismo" que se quiere proyectar al país en general.

En el texto sugiere como solución "cerrar el pregrado". ¿Qué significa aquello?

Fui cuidadoso. Dije que en la UCh había que "pensar seriamente en cerrar el pregrado si quieren salvar la universidad". Mencioné que la UCh al comienzo fue una instancia académica sin alumnos. No impartía docencia. En All Souls, Oxford, tampoco. En Johns Hopkins sólo tuve dos semestres de pregrado en 4 años de college -obtuve un BA y MA conjunto. Concibo la universidad en sentido tradicional como lugar donde se preserva, cultiva y transmite el conocimiento de disciplinas (filosofía, literatura, historia, física, matemáticas…). Podemos prescindir de "carreras", no de este tipo de estudio que define a la universidad. Soy un convencido: dejan entrar a "todes" y la universidad se va a la cresta.

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