Auge y caída del cardenal que pudo ser Papa

Cardinal George Pell

FOTO: AP

El cardenal australiano George Pell y ex número tres de la Iglesia Católica es el más alto cargo de la Iglesia Católica que ha sido condenado por abusos sexuales. El Vaticano señaló el "máximo respeto" a la justicia australiana.


"Uno de estos hombres puede ser el próximo Papa", tituló a mediados de 2012 el sitio web Business Insider. En la lista que incluía al italiano Angelo Scola y al actual Pontífice, el entonces cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, destacaba también la figura del arzobispo de Sydney, George Pell. Benedicto XVI acababa de cumplir siete años a cargo de la Iglesia Católica y ya tenía 83 años. Pocos preveían entonces que menos de un año después anunciaría sorpresivamente su decisión de renunciar abriendo un inédito período de elección de un nuevo Papa con su antecesor aún vivo. El entonces cardenal australiano era una figura destacada del Colegio de Cardenales.

Amigo y admirador de Joseph Ratzinger, había sido en el cónclave de 2005 uno de los grandes promotores de su elección. Por eso, en 2012 su nombre aparecía como una natural continuación del papado de Ratzinger. Tras la renuncia del Papa alemán, sin embargo, Pell perdió apoyo, aunque seguía siendo el hombre de los sectores anti-progresistas: "El único posible papabile de habla inglesa es el formidable cardenal George Pell", escribió por entonces en la revista católica conservadora First Things el sacerdote y escritor estadounidense Richard Neuhaus.

Después de la elección de Bergoglio, el Papa Francisco dejó claro que Pell no era un cardenal cualquiera, sino una figura poderosa en la Iglesia Católica. No sólo lo integró a su Consejo de nueve cardenales, sino que lo nombró virtualmente número 3 del Vaticano, al designarlo como el primer encargado de un nuevo dicasterio de la Curia Romana: la Secretaría para la Economía. El cardenal australiano se convertía así en el zar de la economía vaticana, el hombre que llevaría adelante la reforma a una de las áreas más cuestionadas de la Santa Sede y, en cuya historia, no faltan los escándalos, como el de la quiebra del Banco Ambrosiano en los años 80.

Hasta entonces su nombre seguía sonando como papabile y eventual sucesor del propio Francisco. Pero todo comenzó a derrumbarse en 2017. En junio de ese año, la policía del estado de Victoria acusó a Pell de una serie de cargos por asalto y abuso sexual contra varias víctimas menores de edad. El detalle de los casos, como establece la legislación australiana, se mantuvieron en secreto, pero el cardenal no pudo escapar de la polémica y anunció poco después su decisión de dejar su cargo en el Vaticano y viajar a Australia a enfrentar el proceso. Una medida que algunos en el Vaticano vieron con buenos ojos por las tensiones que su reforma económica estaba generando.

El proceso culminó finalmente en diciembre pasado con la condena del cardenal, pero los detalles sólo se conocieron ayer por razones legales. Pell fue hallado culpable de cinco cargos de abusos contra dos monaguillos que tenían entonces 12 y 13 años. Los hechos habrían ocurrido durante la década del 90 en la sacristía de la Catedral de San Patricio de Melbourne, donde Pell era entonces arzobispo. El prelado había logrado evitar un segundo juicio por denuncias de abusos a menores en su ciudad natal de Ballarat, en la década de los 70. Un primer caso ya había sido desechado en 2002, cuando Pell fue acusado de abusar de un menor en un campo de veraneo en 1961.

Durante sus años en el episcopado australiano Pell no estuvo ajeno a la polémica. En 1996, cuando era arzobispo de Melborune, estableció una serie de lineamientos para responder a las acusaciones de abusos sexuales contra miembros del clero que se conoce como "la respuesta de Melbourne" (The Melbourne Response) y estableció un protocolo de reacción de la arquidiócesis ante las denuncias. Sin embargo, la estrategia fue duramente criticada por las víctimas, por carecer, según ellas, de compasión y centrarse en la compensación. Una comisión independiente estableció luego que Pell, cuando era arzobispo de Sydney, destinó 1 millón de dólares en compensaciones.

La condena a Pell, a la que su defensa apelará, podría llegar a los 50 años de cárcel. La decisión del tribunal de Melbourne, sin embargo, recibió también críticas de defensores del prelado. El reconocido biógrafo de Juan Pablo II y prominente teólogo conservador George Weigel publicó una columna en el periódico The New York Post denunciando lo que califica de "injustica" cometida por los tribunales australianos contra Pell, por considerar que tras 22 años de los hechos "no hay evidencia que corrobore las acusaciones". Según él, detrás del caso están los opositores a las reformas que estaba llevando a cabo en el Vaticano.

El vocero interino de la Santa Sede, Alessandro Gisotti, respondió ayer con un breve comunicado a la decisión del tribunal de Melborune, en el que reitera el "máximo respeto a las autoridades judiciales australianas" y califica el hecho de "una noticia dolorosa". Además, insiste en las "medidas de vigilancia" impuestas por el Papa al cardenal Pell para permitir el normal desarrollo de la justicia.  "En espera de la determinación definitiva de los hechos, al Cardenal Pell tendrá prohibido con carácter preventivo el ejercicio público del ministerio y, como es norma, el contacto de cualquier manera y forma con menores de edad", señaló Gisotti.

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