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La estrella negra del uniforme: el final amargo de los comandantes en jefe del Ejército

La carrera de oficiales aumentaría a 41 años y la de suboficiales a 40 años. Foto: José Luis Muñoz

De los cinco generales que han sucedido a Pinochet desde 1998, solo uno ha estado cerca de gozar de un retiro tranquilo. De los otros cuatro, uno murió a los seis años de colgar el uniforme, otro ha sido condenado por un caso de derechos humanos -y esta semana procesado en otro-, y los otros dos, a punto de ser procesados en causas donde se investiga fraude y otros delitos financieros.


Pasó la noche en el Comando de Telecomunicaciones de Peñalolén. Preso. Procesado ahora por una causa en que se le acusa de torturas a 24 personas en 1973, y ya condenado el año pasado (3 años y un día bajo libertad vigilada) como encubridor de la Caravana de la Muerte, el derrotero de Juan Emilio Cheyre viene a inclinar la balanza de la historia -hasta ahora- en contra de los comandantes en jefe del Ejército que han sucedido a Augusto Pinochet.

De los cinco generales que han dirigido la institución desde 1998, solo uno ha estado cerca de gozar de un retiro más o menos tranquilo. De los otros cuatro, Ricardo Izurieta (1998-2002), murió apenas seis años después de colgar el uniforme, el 2008, a causa de una leucemia. Lo sucedió Cheyre, cuyo legado como general del “Nunca Más”, ahora palidice ante la historia que va relatando su bitácora judicial.

Los dos últimos, Juan Miguel Fuente-Alba (2010-2014) y Humberto Oviedo (2014-2018), también tienen el marcador muy, muy en contra ante la justicia, aunque todavía no son condenados.

El primero ha sido sujeto de intensas pesquisas y diligencias en causas en que se le investiga por eventual enriquecimiento ilícito, durante la cual se ha indagado su patrimonio y el de su esposa. El caso ya ha pasado por las manos de dos jueces, y se originó en investigaciones por su presunta participación en una red de fraude al Ejército que bordea los $5.500 millones, con dineros de la Ley Reservada del Cobre.

Oviedo, el predecesor del general Ricardo Martínez, es investigado y ha declarado como inculpado en la causa por fraude al Fisco en el Ejército. Ahí se pesquisa si se usaron mal o no platas públicas que originalmente cubrían costos de viajes por comisiones de servicio. Sus abogados han incluso intentado remover la jueza Romy Rutherford del caso.

La excepción  vendría a ser el general Óscar Izurieta (2006-2010), sucesor de Cheyre y antecesor de Fuente-Alba. Pero él también ha sido un caso singular: al comenzar su retiro eligió aceptar un cargo político, como el primer subsecretario de Defensa del cuatrienio inaugural de Sebastián Piñera.

Eso, sin contar que los dos antecesores de Pinochet murieron asesinados: los generales René Schneider (1970) y Carlos Prats (1974).

Con semejante estadística -por así decirlo- La Tercera PM le consultó a dos ex ministros de Defensa por su implicancia histórica y cómo lo ven ellos, habiendo sido superiores de los altos mandos. A qué causas se lo atribuyen, y si creen que en este patrón hay un trauma, un peso o malas decisiones.

Francisco Vidal y Jorge Burgos -al fono, desde sus respectivos veraneos- tienen más  de una tesis, pero ante advierten que hay casos judiciales que han terminado.

Vidal: “La dictadura le hizo pésimo a la institución”

“Mientras no concluyan los procesos que involucran a los comandantes en jefe, no voy a emitir juicio. La presunción de inocencia es clave mientras no haya un fallo final”, hace ver primero Vidal, a cargo de Defensa entre el 2009 y el 2010. También apunta que “no es comparable” la situación de los sucesores de Pinochet de sus dos asesinados antecesores, “cuyos crímenes han marcado la historia del Ejército chileno”.

Dicho eso, explica que “en los casos de Fuente-Alba y Oviedo no hay un tema de derechos humanos; hay situaciones eventualmente irregulares ante las que hay que esperar el fallo final”, pero que “el caso de Cheyre también es una situación derivada de la dictadura: fusilados, que fue primera condena, y ahora el caso de las torturas”.

“Si  dejamos en un carril distinto a los dos últimos: la dictadura le hizo pésimo a la institución”, dice Vidal.

-¿Tiene que ver eso también en que casi ninguno ha tenido un retiro en paz?
-También creo que es un legado de la dictadura, en el sentido de una falta de autocontrol, en el sentido de entender situaciones de manera distinta.

Grafica: “Piensa en el caso de los pasajes, lo que hemos visto en los medios. La defensa de los inculpados sostiene que era una práctica. La ministra Rutherford dice que es un delito. ¿Es una práctica, un delito, una mala práctica pero no un delito? Luis Valentín Ferrada, abogado de los primeros acusados, ha dicho que esto venía desde 1982”.

Burgos: “Pesa la historia”

“Más allá de las responsabilidades, que le corresponde asignarlas a los tribunales y no a mí, la responsabilidad de comandante en jefe del Ejército desde que se normalizó el mando -tardíamente, porque el dictador siguió al mando ocho años más- es un cargo complejo porque tiene la mochila de la jefatura de la institución más comprometida con la dictadura”, desgrana Jorge Burgos.

El ex diputado DC, que lideró Defensa entre el 2014 y el 2015, prefiere usar la expresión “peso de la historia” en vez de “trauma” para calificar qué es lo que pende sobre la comandancia en jefe. “La historia es siempre compleja”, insiste.

-¿También tiene que ver esa mochila en las causas que se siguen por uso de dineros, cuando se dice que son prácticas antiguas? ¿O tiene que ver con comandantes en jefe que, además, tomaron malas decisiones?
-Tiene que ver con todo. Al final, también tiene que ver con la forma de transición que elegimos, mucho más virtuosa que defectuosa, pero que también tiene problemas, que tal vez se radican en esas instituciones.

Eso sí, Burgos anota que “ha habido, reconozco, un esfuerzo de varios comandantes en jefe, en particular Cheyre, en dejar atrás eso”.

Vidal tiene un alcance sobre la excepción, hasta ahora, que constituye Óscar Izurieta. Que haya elegido ser subsecretario lo lleva a pensar que si bien “la decisión de Piñera de nombrarlo fue acertada; mirando eso después, pienso en otro de los traumas que cruzan a las instituciones armadas, que es la politización. Era un cargo político”.

“No es bueno para las Fuerzas Armadas que el comandante en jefe de la Armada, Jorge Arancibia, negocie de uniforme su cupo a senador por Valparaíso. Tampoco es bueno que el general Rodolfo Stange termine siendo senador UDI o que el general Fernando Cordero termine de candidado a diputado. La carrera militar ha de terminar como general y no como parlamentario de la UDI”, recalca.

 

 

 

 

 

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