Nuestra geografía, el mejor gimnasio

La promoción de deportes al aire libre revitaliza la relación entre la ciudadanía y el patrimonio ambiental, por cuanto concientiza directamente sobre la importancia de conservar los espacios naturales no sólo desde ver bellezas escénicas sino poder aprovecharlo de manera sostenible como un espacio que es de todos, y que puede ser la cancha para desarrollar nuestros intereses.




*Esta columna fue escrita en conjunto con Sebastián Keitel, diputado Evópoli.

Ramón Navarro nació en Pichilemu, donde aprendió el surf de crecer viendo a otros deportistas e inspirarse en lo que le apasiona sin rendirse. Hoy, con 39 años, es internacionalmente reconocido tras enfrentarse a "La Bestia", una ola en Iquique que frecuentemente supera los siete metros de altura, coronándose este año con el tercer lugar en los Oscar del Surf, los Big Wave Awards. También se convirtió en activista ambiental, promoviendo el cuidado del borde costero contra la contaminación. Como Navarro, muchos otros han dedicado su vida a deportes que, a la sombra del fútbol y el tenis, han cosechado grandes éxitos desde la inmensidad del desierto para el Chaleco López, la majestuosa montaña para Henrik Von Appen o los ríos para las hermanas Abraham, campeonas mundiales de remo, gracias a su esfuerzo y nuestra geografía.

El Ministerio del Deporte ha procurado abrir espacios a la promoción de un espectro cada vez más amplio de actividades deportivas desde un diagnóstico preocupante: 34% de los chilenos son obesos, el segundo índice más alto de la OCDE, y más del 60% de la población es sedentaria, con una importante brecha de género. Esto exige no sólo soluciones adaptables a grupos sociales diversos, e incorporar la participación ciudadana en el diseño y uso de la infraestructura, sino también un trabajo multisectorial, en diálogo permanente con instituciones públicas y privadas. Por ejemplo, las políticas deportivas resultan fundamentales para los niños durante su trayectoria educativa, porque generan hábitos saludables, promueven el trabajo en equipo y la sana competencia, inciden positivamente contra la delincuencia y el consumo temprano de drogas, pero es indispensable contar con una oferta amplia para que no se realice porque es impuesta sino atractiva.

Así, nuestra geografía es a su vez nuestro mejor gimnasio. Desde Arica a Punta Arenas contamos con una gran diversidad de climas y características geográficas que favorecen la práctica de deportes tan variados como el surf, el remo, el senderismo o el esquí, por lo que aprovechar nuestros espacios naturales para actividades deportivas es multifuncional. Por un lado, se fortalece el turismo deportivo, un sector económico que hoy representa un 25% del ingreso total del turismo, con mucho espacio para su crecimiento, mientras que en promedio alcanza un 60% a nivel internacional. Además, descentraliza la generación de riqueza y la acción del Estado, permitiendo que otros municipios se beneficien económicamente de grandes eventos deportivos en regiones, como el rally Dakar en el norte o el Patagonman en Aisén, y los acerca a las comunidades locales.

Por otro, la promoción de deportes al aire libre revitaliza la relación entre la ciudadanía y el patrimonio ambiental, por cuanto concientiza directamente sobre la importancia de conservar los espacios naturales no sólo desde ver bellezas escénicas sino poder aprovecharlo de manera sostenible como un espacio que es de todos, y que puede ser la cancha para desarrollar nuestros intereses. A su vez, permite fortalecer los espacios naturales como partes de la identidad local, en tanto su conservación les es económica y socialmente conveniente y permite colaboración en la toma de decisiones para un bien común.

Si bien históricamente las políticas deportivas han sido bastante subvaloradas dentro del espectro de políticas públicas, ser capaces de pensar el deporte como proyecto país, ya sea desde su aporte económico, lo dinámico del turismo, sus grandes beneficios en educación y salud o desde la protección ambiental, exige repensarlo desde el Estado. Al menos desde el medio ambiente, el deporte tiene una versatilidad fugitiva de la rigidez normativa de otros asuntos públicos que puede ser muy provechosa desde lo simple: no olvidar que nuestra geografía es nuestro mejor gimnasio.

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.