Osvaldo F. de Castro: "Ezzati habló más de una vez con el Papa para que no pusiera a Barros"

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"Cuando nuestros obispos fueron a hablar con él, el Papa no le dio el peso a lo que estaban diciéndole", dice el sacerdote Osvaldo Fernández de Castro, ex secretario general adjunto de la Conferencia Episcopal, quien enfatiza que el clero advirtió a Francisco de lo conflictivo que era poner a Juan Barros en Osorno.




Osvaldo Fernández de Castro —42 años, sacerdote diocesano— fue secretario general adjunto de la Conferencia Episcopal de Chile entre octubre de 2012 y enero de 2018. Desde ahí, le tocó seguir de cerca el nombramiento que el Papa realizó de Juan Barros Madrid como obispo de Osorno en enero de 2015, el enorme conflicto que desde ahí se desató —que aún se mantiene vigente— y las gestiones que los obispos, dice, hicieron ante el Vaticano para advertirle a Francisco que la designación no era una buena idea.

Fernández de Castro es una voz influyente en la elite chilena. Salió del colegio Tabancura, del Opus Dei, y su vocación nació al alero de un "hijo" de Fernando Karadima: el sacerdote Cristóbal Lira, que por entonces era párroco de Los Castaños, en Vitacura. Ahí —ha dicho en varias ocasiones— conoció a quien era la cabeza de la iglesia de El Bosque, pero "no me vinculé mucho", dijo a La Tercera en 2015.

Estudió Física durante dos años en la Universidad de Chile, ingresó al seminario en 1994 y fue ordenado sacerdote el 20 de abril de 2002. Trabajó en Puente Alto, Maipú, estudió un doctorado en Teología en Barcelona, y cuando volvió a Chile, aterrizó en la parroquia San Juan Apóstol de Vitacura, enclave ABC1. Este año fue trasladado a Santa Teresa de Los Andes, en Lo Barnechea.

Fernández de Castro participó en la organización de la visita del Papa Francisco a Chile. Tras conocer la carta que envió a los obispos —reunidos hasta hoy en Punta de Tralca— el sacerdote reivindica la labor que tuvo el clero ante la nominación de Barros y dice que el Nuncio Ivo Scapolo tenía consciencia del conflicto.

—Lo que ha pasado con (el arzobispo de Malta, Charles J.) Scicluna, es que nos dimos cuenta de que a lo mejor a las víctimas las hemos escuchado, pero de una forma insuficiente. A lo mejor la iglesia chilena dijo "hemos actuado, Karadima está cercenado, se enfrentó el tema de los abusos". Pero no, falta, hay otras aristas que no hemos tocado y la complejidad del tema era mucho mayor.

—La carta da cuenta de una visión diferente de la que el mismo Papa mostró mientras estuvo en Chile. Acá dijo que los testimonios contra Barros eran "calumnia", y en la carta los recoge diciendo que recibió información errada.

—Recibió información errónea y con querer. El Papa vino a Chile con una imagen del conflicto de Juan Barros, y acá se dio cuenta de que era mucho más complejo, sobre todo por lo que causó el último día. Entonces manda a Scicluna.

Muchos estábamos perplejos con la actuación del Papa hasta ahora, y hoy nos empieza a calzar un poco más, cuando reconoce que tenía una imagen distinta. La visita a Chile le permite al Papa mirar con otros ojos la realidad del país, y creo que es delicado pero es importante saberlo: nuestros obispos, el Comité permanente del clero chileno, cuando Juan Barros fue nombrado obispo de Osorno, fueron a hablar con el Papa, a explicarle que era complejo su nombramiento y que a lo mejor era bueno esperar un poco o echarlo para atrás.

—¿Qué dijo el Papa?

—El Papa dijo que no, que le echaran para adelante. Después algunos obispos de forma individual le insistieron. Pero el Papa no, hay que apoyar esto, esto sigue adelante. Él tenía una imagen distinta a la de nuestros obispos. Por eso es significativo que diga: "vengan ahora a Roma porque quiero escucharlos de nuevo, para ver juntos cómo hacemos este discernimiento".

Sería bueno que le explicara a los obispos por qué tenía una imagen distinta de esta realidad. Es fuerte cuando el Papa dice que los laicos de Osorno son una iglesia zurda, tonta.

Yo estuve el año pasado en la visita ad limina, y el Papa era mucho de la línea de dar vuelta la página y avanzar, por qué nos quedamos pegados en esto, como que nos llamaba la atención. Decía: "¿Por qué la iglesia chilena no sale adelante?". Y no salíamos adelante porque estaban estas cosas pendientes.

—¿Y la iglesia pensaba que lo hecho era suficiente?

—Nosotros nos dábamos cuenta de que no porque lo de Barros estaba súper tenso. El Papa tenía una imagen del conflicto de Karadima y Barros distinta a la realidad.

—¿Cómo se explica que él haya recibido esa información errada? Es algo que además manifiesta intencionalidad. ¿Qué conductos fallaron?

—No sé si había intención de taparle o de mostrar algo intencionado, que no es lo mismo. Hay tres formas como el Papa se entera de las cosas. En primer lugar, la conferencia episcopal: la visita ad limina es para eso y el contacto de los obispos con el Papa es para eso. El Papa, cuando los obispos fueron a hablar con él para contarle la gravedad de este tema, pensó que no, él había escuchado otra voz y se quedó con esa, no la de nuestros obispos. Entonces surge una pregunta interesante de esto: ¿por qué el Papa no tuvo la confianza en nuestros obispos?

"El Nuncio era bastante consciente del conflicto"

—¿En qué voz pudo haber confiado, si no era la de los obispos?

—Hay una segunda voz, que es la de la Nunciatura. El Nuncio (Ivo Scapolo) tiene ese rol también, la de comunicación constante con la Santa Sede. No sé bien cuál es la mirada que tiene el Nuncio, que era bastante consciente del conflicto. Y hay una tercera forma de comunicación, que son personas cercanas al Papa que hablan con él, le cuentan, le escriben. Lo que yo no sé es cuánto valora el Papa cada una de estas voces… Lo que sí sé es que cuando nuestros obispos fueron a hablar con él, el Papa no le dio el peso a lo que estaban diciéndole.

Mucha gente piensa que fue monseñor Ezzati quien puso a Barros en Osorno, y Ezzati habló más de una vez con el Papa para que no pusiera a Barros en Osorno.

—¿Le consta?

—Me consta. Y cuando fueron los obispos chilenos en febrero del año 2017, le dijeron clarito que era conflictivo poner a Barros en Osorno. No le estaban diciendo que Barros era encubridor, sino que iba a causar un conflicto, y quizás era mejor esperar un poco y ver una alternativa.

—El padre Felipe Berríos habló de la existencia de una mafia...

—Yo no sé cuán orquestado es. No creo que en los conductos regulares —conferencia episcopal y nunciatura— haya intencionalidad directa de hacer daño, esconder u ocultar. El mayor daño que le puedes hacer al Papa es que tenga una mirada errónea de lo que pasa. Es importante entender dónde está ese conflicto de información. Nuestros obispos van a quedar reivindicados en esto porque cumplieron un rol activo que a lo mejor no fue suficiente, y necesitaban ser mucho más insistentes. A partir de esto se pueden cuestionar cosas importantes, por ejemplo, los conductos de información con la Santa Sede, confiar mucho más en las conferencias episcopales, en los laicos.

—Entre los conductos se ha planteado el rol del cardenal Errázuriz. ¿Ha tenido responsabilidad en esa entrega de información?

—Yo creo que no. El cardenal Errázuriz conversa con el Papa, seguramente, en estos encuentros del G8, pero también es bastante claro en que no es apropiado que Juan Barros esté en Osorno. Se lo he escuchado desde antes de que mandara la carta a los obispos de Latinoamérica. No es que ahora cambió después de la visita al Papa. El siempre ha reconocido que (la de Barros) es una situación conflictiva. No creo que de ahí venga la información errada.

"Monseñor Barros era parte de un sistema enfermo"

—¿Qué cree que se viene para la iglesia?

—Lo que creo es que el Papa quiere decidir junto con nuestros obispos, claramente no impuso una solución. En segundo lugar, creo probable que salgan algunos obispos. Imagino que monseñor Juan Barros va a salir, tal vez otros obispos más van a salir, hay otros que ya han cumplido 75 años. Será un grupo 6 o 7 obispos, que es un movimiento importante. Algo así es una solución posible, y marca una renovación. Ahora, es cierto que una renovación no basta con cambiar a las personas, debe ir acompañada de una forma de ejercer el liderazgo distinto.

—¿El caso Karadima se ha terminado? Pareciera de nunca acabar…

—Pensábamos que bastaba con que Karadima saliera, estuviera escondido, que no tuviera vida pública. Yo creo que falta. A lo mejor el caso se va a empezar a cerrar cuando las víctimas queden conformes. Hasta ahora pensábamos que basta con sancionar a la persona involucrada, pero me doy cuenta de que en verdad esto se va a terminar cuando las víctimas queden conformes, se sientan en paz. Tienen todo el derecho del mundo a reclamar mientras no logren eso.

—¿Qué pasa con los sacerdotes que también fueron víctimas?

—Muchos sacerdotes fueron a hablar con Scicluna y contaron su experiencia más personal. Monseñor Barros también era parte de El Bosque y de un sistema enfermo, él es víctima por una parte y responsable por otra. Es difícil entender bien quiénes son los involucrados a la larga, dónde se corta esta línea. ¿Todos los sacerdotes, todos los que lo conocían, los que participaban, los que estaban cerca? Claramente es más complejo el rol de quienes tenían mayor autoridad.

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