Alfredo Moreno: “El resultado del gobierno de Boric va a depender de cómo lo haga en La Araucanía”

Foto: Andrés Pérez

Tras participar en la “cumbre por la paz” en Temuco, el exministro valora que el actual Jefe de Estado haya puesto a la zona en las prioridades de su mandato. “Son errores que se pueden superar, pero me pareció una mala señal de la ministra Siches visitar Temucuicui: ahí hay gente que nunca va a querer diálogo”, dice.




Una clave para ganarse la confianza de una comunidad, explica el exministro de Desarrollo Social Alfredo Moreno, es hacer todo bajo perfil, sin prensa y sin cámaras. Esa estrategia le estaba dando resultados cuando impulsó el Plan Araucanía, en el segundo gobierno del Presidente Sebastián Piñera, tarea que quedó trunca tras el asesinato de Camilo Catrillanca, el 14 de noviembre de 2018. El ejemplo lo da para referirse a los errores que él cree cometió la ministra del Interior, Izkia Siches, en su frustrado ingreso a Temucuicui. Pero también ve otra falla: hacer un gesto a esa comunidad.

¿Por qué cree que fue mala idea intentar ingresar a Temucuicui?

En mi opinión, creo que fue un símbolo equivocado que la primera actividad del gobierno sea ir a un lugar de una comunidad que ha sido, digamos, no solamente refractaria respecto del resto de la sociedad chilena, sino que adicionalmente es un lugar en que murió un detective, donde la justicia y la ley no pueden ingresar, donde sabemos que hay producción de droga, robos de automóviles, hay una enorme cantidad de armamentos. Son errores que se pueden superar, pero me pareció una mala señal. En Temucuicui hay gente que nunca va a querer dialogar, entonces no me parece que sea el mejor símbolo para iniciar el trabajo en La Araucanía. Lo que sí considero simbólico es la reunión con Marcelo, el padre de Camilo Catrillanca.

Le pareció bien esa actividad...

Me pareció importante, porque sin duda Marcelo es una víctima como tantos otros, que perdió un hijo y que hoy tiene que vivir una vida sin él, hacerse cargo de su nuera, su nieta, como también les pasa a tantos otros en La Araucanía, donde hay dolores enormes. Ahora, acá, todos cometemos errores y lo que hizo la ministra se puede corregir, ya que nadie, ningún gobierno, ha sabido cuál es el camino que se puede recorrer.

¿Generar el ambiente propicio?

Claro y hacerlo con precaución. Una de las principales trabas al diálogo en La Araucanía es la falta de confianza y lo que hay que hacer es construirlas. Hay que hacer estas cosas sin prensa, sin preocupación por el mundo externo, sino que hay que estar dedicado a conocer a los seres humanos, a las comunidades con quienes nos vamos a relacionar y realmente hacer todo el esfuerzo por entender qué es lo que les pasa.

Esa es la invitación que el gobernador Luciano Rivas hizo esta semana en la “cumbre por la paz”, en Temuco, donde usted podría tener un rol clave... ¿Cuál es la meta?

Mira, aún no tengo ninguna misión en particular, sino que yo considero que lo que pasa en La Araucanía y también en Biobío, Los Ríos y Los Lagos, es algo que no puede dejar indiferente a nadie, no nos podemos restar. El gobernador y otras personas de la zona me han pedido que les colabore y voy a colaborar en todo lo que esté de mi parte. La cumbre de esta semana fue un muy buen comienzo, porque juntar a todas las autoridades elegidas, más el representante del Presidente en la zona, el delegado presidencial, fue una buena señal. Los testimonios de los alcaldes que contaron lo que viven en sus comunidades o ellos mismos, que están amenazados, atacados, es realmente revelador. Este es un tema que no se aborda desde ser de izquierda o de derecha, ser mapuche o no mapuche.

¿A quiénes falta escuchar en esa instancia?

A esta voz hay que sumar a la autoridad central. Entonces la idea es incorporar en las próximas actividades a las comunidades mapuches, a los empresarios de la zona, a las universidades, a los estudiantes, en fin. Hay muchos otros grupos que hay que juntar, pero me parece que aquí había gente mapuche y no mapuche, había, digamos, gente de izquierda, de centro y de derecha y todos ellos muy conectados con la gente y que quieren buscar la paz.

Pero eso se ha buscado en todos los gobiernos. ¿Qué hay ahora de distinto?

Yo lo veo como un paso inicial. Después hay que hacer muchísimo trabajo. Todos los países que han resuelto esto se han demorado muchos años. Por eso esta labor no es de un gobierno, ni de un gobernador, sino que es algo que va a trascender durante décadas, hay que ir creando ese espíritu de que hay que trabajar juntos y extender la invitación a todos. Y cuando digo todos es todos, excepto aquellos que han declarado que no lo van a hacer, aunque soy de esos que creen que no hay que perder la esperanza.

¿Qué pasa con esos que se restan, que buscan otras vías, como los atentados?

Bueno, para ellos están los mecanismos que tiene la ley, la policía, la justicia, que naturalmente tienen que perseguir y castigar a aquellas personas que siguen el camino de la violencia.

La gente que habita la Macrozona Sur es crítica de lo que han logrado las policías y el sistema penal...

Es que aquí hay una responsabilidad del Estado que es grande y es que no han podido brindar una de las funciones básicas que tiene, que es otorgar seguridad a las personas para vivir, para trabajar, para desplazarse. En la cumbre se comentaba cómo hay ciertos caminos por donde no se puede pasar, puntos donde todos sentían temor, incluida las autoridades, los propios alcaldes. ¡Esto no puede ser! Necesitamos buscar la manera de que el Estado brinde seguridad a esos habitantes, un pilar básico de la sociedad. De lo contrario, lo que va a pasar es que la sociedad se disgregue y puede llegar a extremos que ninguno quiere.

¿Hay un incremento en estos hechos de violencia?

Pero por supuesto. De hecho, se ha ido agravando y extendiendo. Y naturalmente que si no se detiene y si no se toman las medidas, puede ser mucho peor. Recordemos en todos los lugares en que el Estado comienza a estar ausente, como en Colombia, surgen grupos y el narcotráfico comienza a ingresar. Y no lo digo solo por La Araucanía. Esto sucede también en las poblaciones marginales, alrededor de las grandes ciudades en Chile y en otras partes del mundo. Esto es una experiencia más que conocida. El delincuente y el narco buscan los lugares donde pueden tener guarida y seguridad. Eso pasa en Temucuicui, donde la policía, ni ningún extraño ni una ministra pudo entrar. Los delitos que ahí se cometen no tienen que ver con la causa mapuche, están asociados a la inexistencia del Estado en determinado lugar, lo que hace al delincuente más poderoso y eso es un peligro.

¿Cómo evalúa las primeras señales de este gobierno?

Se han cometido errores, pero prefiero quedarme con lo central y eso es que el Presidente Gabriel Boric ha puesto a La Araucanía como una de sus prioridades. Eso se refleja en que ha designado a personas muy importantes de su gabinete a cargo. También el resultado de su gobierno va a depender de cómo lo haga en La Araucanía. Así que me parece que eso es lo más positivo. El problema, a veces, es el resto del país que no se da cuenta de lo grave y dramático que es la situación que ahí se vive.

¿Fue un error el terminar con el estado de excepción y la presencia de militares?

Los militares y los estados de excepción no van a resolver el problema, de eso no hay ninguna duda. Aquí hay problemas mucho más profundos. Pero, por otro lado, hoy día se requiere dar seguridad, que la gente pueda vivir, dormir, trabajar, circular en paz y con tranquilidad. De otra manera, es una vida horrorosa. En realidad no es vida. Por lo tanto, las dos cosas son necesarias: cómo se conjugan en cada momento. Bueno, ahí está el arte de lo que se debe realizar y veremos qué pasa y si es necesario volver a esta herramienta.

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