Aumentan familias que buscan acoger a niños en tutela del Estado

Expertos recomiendan que los menores en situación de riesgo sean acogidos por familias, en lugar de ser institucionalizados.

Campaña para reclutar a guardadores externos terminó con 664 inscritos, el triple de 2019. Así, ya son 1.400 los hogares calificados para cuidar a menores en situación de vulnerabilidad, una alternativa que evita que los menores sean ingresados a residencias del ex Sename (hoy Mejor Niñez).




La ingeniera comercial Alejandra Catán (34) conoció por televisión el caso de Lisette Villa, la menor de 11 años que murió en 2016 en un centro del Sename. La historia la conmovió y la empujó a tomar una decisión que cambiaría sus días: recibir y cuidar en su hogar a menores en situación de vulnerabilidad. “Pensé que podría contribuir, tuve ganas de devolver las cosas buenas que me había dado la vida ayudando a un niño”, explica.

Ese mismo año postuló para ser Familia de Acogida, aunque temió no reunir las condiciones: “Pensé que me iban a decir que no, porque soy soltera y tal vez había que estar casada, tener pareja o hijos, pero les conté mi situación y me indicaron que podía postular”.

Siete meses más tarde, tras un proceso de evaluación que incluyó entrevistas y pruebas psicológicas, le avisaron que era idónea. Y antes de que terminara 2017, mientras trabajaba y cursaba la carrera de Psicología, recibió su primer acogimiento: un niño de dos años al que cuidó por 12 meses y otro de seis a quien cuidó hasta que cumplió los ocho.

Catán repitió la experiencia, y ahora lleva ocho meses a cargo de una niña de dos años. “Uno no logra darse cuenta, pero les estás cambiando la vida al darles la oportunidad para que se desarrollen en un ambiente familiar. Algunos de ellos no han tenido la posibilidad de recibir amor y cariño”, dice.

Casos como el de Alejandra van al alza. Así se desprende de la última campaña que entre agosto y septiembre realizó el Sename para enrolar a personas que deseen ser cuidadores de niños, niñas y adolescentes que, tras ver vulnerados sus derechos, son puestos bajo la tutela del Estado.

Según el balance del organismo, se recibieron 664 postulaciones al programa Familias de Acogida, tres veces más que las de 2019, cuando 206 hogares hicieron su solicitud.

“No es fácil, debes tener tiempo y también saber que al final viene un desapego que es difícil”, admite Marlene Suárez (44). La ingeniera había sido voluntaria en programas de apego, cuidando a recién nacidos en hospitales. Hasta que el año pasado, en plena pandemia, recibió una invitación para convertirse en familia de acogida a través de la Fundación San José. Aceptó inmediatamente.

Inició así un proceso virtual de evaluación, que incluyó visitas presenciales. A comienzos de año ya sabía que había quedado seleccionada y solo quedaba esperar su primer acogimiento.

En mayo, junto a su marido y sus dos hijos, recibieron una niña de nueve días a la que cuidaron por tres meses. “Fue exquisito, se fue cuando estaba empezando a reírse a carcajadas”.

Y si bien admite que la separación no es fácil, explica sus razones: “El acogimiento evita que los niños pasen por hogares del Sename, esa fue mi principal motivación. Yo podía evitar que pasaran por ahí y que fueran de familia en familia”.

Por qué acoger

En Chile, las experiencias de familias de acogida, en proyectos y programas especiales, son de larga data. Algunas experiencias, incluso, superan los 30 años.

Eduardo Ravani da cuenta de esto. En 1981 llegó, con un mes de vida, a la casa de Mario Leyva y Clorinda Morales, con quienes se quedó hasta 2014. “Yo me considero afortunado. Nunca sentí la carencia, porque mi familia de acogida me dio todo, educación, alimentación y cariño. Estuvieron conmigo en los momentos difíciles y siempre fueron transparentes en explicarme que mis papás no eran ellos, pero nunca hicieron diferencia”, detalla.

Actualmente, una vez que una niña, niño o adolescente llega a un estado de vulneración de sus derechos, los tribunales de familia -previo ingreso de un recurso de protección- resuelven condiciones de tutela para velar por su integridad.

Son tres los caminos: que quede bajo el cuidado por parientes, que sea recibido en una familia de acogida o que sea ingresado a un centro de la red del Sename. El plazo de esta tutela, en tanto, es variable.

Con las campañas que se han impulsado y en línea con las recomendaciones de los expertos, lo que se busca es desincentivar el sistema institucional. Y eso se ha logrado: desde 2018 los menores que llegan a familias de acogida superan a los que ingresan a residencias (ver infografía).

Actualmente, en el país son poco más de seis mil las familias de acogida, de las cuales el 23% (poco menos de 1.400) son externas.

La directora nacional del Sename, Rosario Martínez, dice que “es importante que haya muchas familias de acogida disponibles, porque así los tribunales tienen más opciones para dejar a un niño bajo un cuidado familiar y no en un hogar”.

A su vez, Carolina Muñoz, académica de la Escuela de Trabajo Social de la U. Católica, afirma que “las familias de acogida son una estrategia de intervención que a nivel mundial ha tenido mejor evaluación que los servicios residenciales, en relación a los resultados que obtienen en el bienestar de los niños”.

El 1 de octubre el programa quedó a cargo del Servicio de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, conocido como Mejor Niñez. María José Castro, directora de la institución, asegura que “estamos tan convencidos de que la familia es el mejor espacio para ampliar los vínculos que restituyen y reparan a un niño que ha sido vulnerado, que tenemos como uno de nuestros ejes el fortalecer y priorizar todas estas campañas y procesos para atraer más voluntarios”.

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