Columna de Cristóbal Cuadrado: Morir esperando, un sistema que no da para más

Foto: Agenciauno



* Cristóbal Cuadrado es académico de la Escuela de Salud Pública de la U. de Chile

Quince mil personas en listas de espera fallecieron en Chile esperando una atención de salud el primer semestre del año 2020. La punta del iceberg de muchas personas que no alcanzaron a ser diagnosticadas, llegaron como casos avanzados a la urgencia o fallecieron en sus domicilios.

Todos los sistemas de salud requieren priorizar la atención de personas, lo que deriva en esperas. Esto puede tomar la forma de una categorización de gravedad para ser atendido en una urgencia o en la prioridad que se da a una persona esperando un trasplante. Sin embargo, es distinto esperar algunas semanas por una consulta no urgente a morir sin diagnóstico oportuno para una enfermedad grave y potencialmente tratable como un cáncer. Tampoco es lo mismo que, a igual condición de gravedad, algunas personas accedan antes que otras. Esto sucede en nuestro sistema de salud en que el acceso depende de la capacidad de pago. La línea que separa estas situaciones es lo que la ciudadanía percibe como un sistema indigno e injusto en el trato.

Un problema crónico, agudizado con una pandemia que ha obligado durante meses a suspender atenciones ambulatorias, exámenes, cirugías y procedimientos. A modo de ejemplo, según evidencia un estudio de la Escuela de Salud Pública de la U. de Chile basado en datos oficiales, en 2020 se diagnosticaron un 35% menos cánceres versus años anteriores. El impacto fue mayor entre mujeres y personas de menor nivel socioeconómico.

Abordar este grave problema requiere considerar tres ejes en relación a la espera: 1) reducir los tiempos; 2) disminuir la incertidumbre; 3) evitar injusticias. Para los dos primeros ejes se hace imprescindible implementar tiempos máximos de espera, lo cuál hoy sólo es exigible para el GES. Asimismo, se hace necesario un sistema de acompañamiento a los usuarios en espera que aclare dudas, monitoree cambios en el estado de salud de las personas esperando y asegure que al momento de la atención las personas lleguen con los antecedentes necesarios (ej. exámenes) para resolver su problema de salud.

Para abordar las injusticias en la oportunidad de la atención requerimos, además, superar el actual sistema de salud segmentado, avanzando a un sistema público universal que busque eliminar las desigualdades de acceso según capacidad de pago. Todas estas transformaciones se juegan en el actual debate constitucional y presidencial. La posibilidad de construir un nuevo sistema de salud donde nadie tenga que morir esperando resultan socialmente urgentes y técnicamente factibles.

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