El vínculo con Valparaíso del autor del ataque contra Cristina Kirchner

Casa de la familia paterna de Fernando Sabag, detenido en Argentina por un frustrado atentado en contra de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Foto: Dedvi Missene

En una casa amarilla y de dos pisos, ubicada en el cerro Larraín, vive María del Jesús Araya (84), madre de Fernando Montiel y abuela de Fernando Sabag, quien este jueves protagonizó un frustrado atentado contra la vida de la vicepresidenta de Argentina.


En la calle Eduardo Jenner 320, del cerro Larraín, Valparaíso, habría vivido, hasta los 18 años, Fernando Ernesto Montiel Araya (65), padre de Fernando André Sabag Montiel (35), detenido este jueves por la policía de Argentina luego de apuntar con un arma de fuego a la vicepresidenta de ese país, Cristina Fernández de Kirchner, quien resultó ilesa.

El hecho ocurrió cuando la autoridad ingresaba a su domicilio en Buenos Aires -en el barrio Recoleta- y cientos de personas la esperaban en la calle. Sus adherentes llevan un par de días brindándole apoyo, en medio de un juicio por corrupción, donde es acusada de administración fraudulenta y de haber liderado una asociación ilícita junto al exPresidente Néstor Kirchner.

En la cartola de nacimiento de Sabag, publicada por el medio argentino Infobae, se indica que su padre nació en Valparaíso. Según datos disponibles en Dicom, este último tendría residencia en el puerto, al igual que su madre, María del Jesús Araya (84), a quien sus vecinos conocen como Meri.

Meri -viuda, baja y de pelo oscuro- se mantiene activa. Sube y baja del cerro Larraín, prácticamente todos los días. Se mueve con un carrito donde porta ropa que vende en la feria -probablemente en la avenida Argentina- y desciende por una escalera que continúa cerro abajo por Jenner.

Así la ve transitar el dueño de un negocio ubicado al frente de su casa. El hombre dice que Meri nunca le ha comprado nada, pero que la ve a diario cuando regresa y se baja del colectivo, que se detiene en la calle Juan Espejo. También cuenta que siempre la ve sola. Nunca acompañada de algún hijo o nieto.

Otra vecino cuenta que a Meri se la lleva los fines de semana uno de sus hijos que vive en el interior -Quilpué o Villa Alemana-. Que a veces ha avisado que se va por los tres días. Otra moradora agrega que Meri tiene más hijos, que viven en el extranjero, pero no entrega más detalles.

“Es una muy buena vecina, siempre pregunta cómo está uno”, señala.

La casa de Meri es amarilla, de dos pisos, pareada a otras dos, de iguales características. La puerta y ventana del primer piso están enrejadas. En el segundo, luce un visillo, traslúcido, con motivos florales.

Aunque un grupo de periodistas aguarda afuera de su casa, para conocer la historia de su hijo y quizás la de su nieto, nadie responde al tocar la puerta. Un ruido se escucha desde el interior del domicilio, aunque podría provenir de la residencia contigua, donde una sobrina de Meri fue a dejar comida a mediodía.

Consultada, la mujer dijo que su tía no estaba en casa. Y ante las preguntas de los reporteros dijo que iba tarde a su trabajo, que “ni siquiera he visto las noticias”, y desapareció caminando rápido cerro abajo.

La ventana trasera de la casa de la supuesta abuela de Sabag, eso sí, estaba abierta. Pudo dejar ventilando, o simplemente no quiso hablar con la prensa. Probablemente tiene poco contacto -o nulo- con su hijo Fernando Montiel, que fue foco de una investigación por expulsión de Brasil en 2020.

El proceso ocurrió por la “existencia de una sentencia penal condenatoria dictada por la Justicia Pública en su contra”, según informó la Policía Federal de Brasil.

En Chile, según informó Carabineros, Montiel no tiene antecedentes penales.

Meri, en todo caso, vive sola. Siempre ha sido sola, cuenta otro lugareño. Nunca se la ha visto con nietos o hijos, más que el que la pasa a buscar algunos fines de semana.

Desde su casa se ve el Congreso, en dirección al poniente. Y en los edificios aledaños, condominios de la época del ‘50, hay varios murales pintados. Cerca está el mirador Barón y los domicilios posiblemente albergaron a la población que trabajó para EFE o en la exmaestranza de trenes, cuyos vestigios resisten el paso del tiempo.

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